Sheinbaum no se anda con chiquitas: que hablen los que recibieron
En un giro que nadie vio venir, o sí, pero igual nos hacemos los sorprendidos, la Presidenta Claudia Sheinbaum acaba de lanzar la pelota al tejado de la justicia con una elegancia digna de una olympic mental gymnast. Resulta que Ismael “El Mayo” Zambada, el jefe del cártel que lleva más tiempo en el negocio que nosotros usando internet, confesó en una corte gringa que durante 45 años (sí, casi medio siglo, lo que nos lleva a preguntarnos qué hemos hecho nosotros con nuestras vidas) operó con total impunidad gracias a una estrategia empresarial infalible: sobornar a todo dios. Políticos, militares… básicamente, la lista de invitados a su fiesta de corrupción debía ser más larga que la de una boda real.
Ante este bombazo, que es el equivalente narco de soltar el tráiler de la temporada final de una serie, la mandataria no se limitó a poner cara de poker. No, señores. Sheinbaum, con la calma de quien pide un avocado toast extra guacamole, urgió a que alguien, por favor, ponga una denuncia formal. Porque de nada sirve que el capo suelte la sopa si luego no hay quien recoja los pedazos de la vajilla rota. “Pues tiene que haber una denuncia, ¿no? O sea, porque puede decir este tema, pero ¿a quién le daba dinero?”, cuestionó. O sea, la pregunta del millón: nombres, apellidos y RFC, por favor.
El ranking de la DEA que es más incómodo que un like accidental a una foto de tu ex
Pero ahí no acaba el drama del día. En su ya famosa mañanera, que para muchos es nuestro reemplazo de la telenovela matutina, Sheinbaum sacó a relucir otro detalle jugoso. Resulta que el director de la DEA, Terry Cole, en un momento de sinceridad que seguramente no pasó por el departamento de relaciones públicas, colocó en el mismo podio de la infamia a tres personajes: a los archiconocidos capos Ismael “El Mayo” Zambada y Joaquín “El Chapo” Guzmán, y al que fuera el secretario de seguridad del expresidente Felipe Calderón, Genaro García Luna. Sí, leyeron bien. El jefe de la agencia antidrogas de EE.UU. puso al exfuncionario mexicano al mismo nivel que a los dos narcos más buscados del planeta.
“Pone el Director de la DEA, al mismo nivel a dos conocidos capos de la droga y al que fue Secretario de Seguridad de Calderón”, recalcó Sheinbaum, con ese tono de “se los dije” que todos usamos cuando por fin tenemos la razón en una discusión de Twitter. Y remató con la pregunta retórica perfecta: “¿Está interesante no?, ¿no les parece interesante eso?”. Nos parece tan interesante como ver un tren descarrilar en cámara lenta, la verdad. Es el tipo de declaración que te deja pensando y necesitando un café bien cargado para procesarla.
Este momento es el equivalente geopolítico de cuando tu app de streaming te recomienda agrupar a un actor de Hollywood, a un cantante de reggaetón y a un influencer en la categoría “artistas que quizás te gusten”. La jugada de la DEA, lejos de ser un simple comentario, es una bomba de relojería política que confirma las sospechas más oscuras que hemos tenido durante años. Sheinbaum, en lugar de esconderlo, lo pone sobre la mesa como el elefante en la habitación que siempre ha sido, invitando a todos a analizar el surrealismo de la situación.
Mientras tanto, el resto de nosotros nos quedamos mirando la pantalla, preguntándonos si esto es un capítulo más de la guerra contra el narcotráfico o el guion de la próxima temporada de Narcos. La colaboración entre gobiernos sigue en pie, según dijo la fiscalía gringa, pero con revelaciones como estas, uno no puede evitar pensar que la realidad siempre supera a la ficción, y con un presupuesto mucho más alto.
¿La moraleja? Que cuando un capo confiesa y una agencia federal hace comparaciones incómodas, el llamado a la acción es claro: la justicia debe seguir su curso y alguien tiene que empezar a señalar con el dedo correcto. Y nosotros, como espectadores de este thriller político-narco, nos quedamos con los ojos bien abiertos, esperando el próximo episodio.
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