La obra que se convirtió en un pozo sin fondo
Héctor Saúl Téllez, vicecoordinador del PAN en Diputados, acaba de soltar una bomba sobre el Tren Interurbano Toluca-Ciudad de México. Y cuando digo bomba, hablo de números que duelen: un encarecimiento cercano al 250% y un retraso de doce largos años. Para él, la receta es clara: mala planeación, corrupción y opacidad.
“Exigió que se aclare el destino de esos recursos públicos”, señaló el legislador.
Pero esto no es solo una denuncia al aire. Téllez tiene munición pesada: las observaciones graves de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) que suman más de 5 mil 600 millones de pesos. Dinero que, según su versión, sigue sin tener una explicación clara.
Una responsabilidad que atraviesa sexenios
Aquí viene lo jugoso. El diputado no apunta a un solo gobierno. Extiende la culpa como una mancha de aceite sobre tres administraciones: Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum.
Su argumento es contundente: se trata de una obra que pasó por distintos periodos sin que nadie asumiera el costo político—ni económico—de la falta de transparencia. Por eso su llamado es directo a Hacienda y a la SICT: presenten un informe detallado. Ya basta de opacidad.
La imagen que queda es la de un proyecto fantasma, un tren que prometió conectar pero que terminó descarrilado por las malas prácticas. El teatro político tiene un nuevo acto, y el escenario está lleno de preguntas sin responder.




