El día en que la “coordinación” se volvió humo y caos
Parece que en los idílicos municipios de Jiquipilas, Cintalapa y Arriaga amanecieron con un plan de movilidad urbana un tanto… radical. Desde la madrugada de este lunes, los vecinos no necesitaron consultar Google Maps para saber que las carreteras estaban cerradas; el espectáculo pirotécnico de vehículos en llamas era una pista más que evidente. Todo, según las malas lenguas (o las versiones de los lugareños que, por cierto, son los únicos que parecen dar información veraz), porque las fuerzas de seguridad lograron la proeza de capturar a un supuesto líder criminal. Uno se pregunta si el susodicho era tan importante como para merecer semejante despliegue de ira y goma quemada.
Mientras el ciudadano de a pie intentaba entender por qué su camión de pasajeros ahora era una ofrenda al dios del caos, el gobierno estatal, en su infinita sabiduría, salió al quite con un comunicado que, para ser escueto, sonaba más a manual de autoayuda para burócratas en apuros. La Secretaría de Seguridad del Pueblo (un nombre tan bonito que casi hace olvidar la inseguridad) y la Fiscalía General del Estado anunciaron, con la solemnidad de quien descubre el agua tibia, que habían iniciado un operativo en coordinación con los tres órdenes de gobierno. Porque, claramente, cuando el crimen organizado prende fuego a medio estado, lo que se necesita es una buena dosis de… coordinación. ¿Acaso alguien ha intentado coordinar con los que queman los coches? Seguro que no, debe ser una oversigth.
La mesa de la “paz” y el arte de no decir nada
Desde la misteriosa y seguramente muy bien amueblada mesa de coordinación de paz —que uno imagina llena de cafés caros y pantallas gigantes—, se nos informó que se realiza un “seguimiento puntual al desarrollo de las operaciones implementadas“. Qué alivio, ¿verdad? No es que estén resolviendo el problema, pero al menos lo están siguiendo. Puntualmente. Muy probablemente con marcadores de colores en un pizarrón, anotando cada vehículo que se convierte en ceniza con una eficiencia envidiable.
El clímax de esta tragicomia llegó con la joya retórica del día: “Se está reforzando los tramos carreteros para garantizar la seguridad de la ciudadanía que transita por la zona”. Traducción: estamos poniendo más camionetas con hombres armados donde hace unas horas había camionetas en llamas. Es como intentar apagar un incendio forestal con un vaso de agua, pero con mejor vocabulario. La pregunta del millón que ningún comunicado responde es: ¿cómo planean garantizar la seguridad de los ciudadanos que, oh ironía, ya no pueden transitar porque la carretera está bloqueada y convertida en un escenario postapocalíptico?
El modus operandi de estos grupos delictivos es tan predecible como deprimente: capturan a uno de los suyos y la respuesta inmediata es el caos vial pirotécnico. Es su forma de decir “estamos molestos”, como un berrinche infantil, pero con neumáticos y gasolina en lugar de pataletas y llantos. Uno casi espera que la siguiente edición del manual de crimen organizado incluya un capítulo sobre protestas más creativas. ¿Quizá una coreografía? ¿Una carta formal de queja? Cualquier cosa sería preferible al olor a caucho quemado que, sin duda, perfuma la región.
Mientras tanto, la población civil, esos extras en esta película de acción que nadie pidió, se queda atrapada en el medio, preguntándose si hoy llegarán al trabajo o si su auto será el próximo en servir de leña para la fogata de la anarquía. La brecha entre el lenguaje pulcro y estéril de los boletines oficiales y la realidad violenta y absurda que se vive en el asfalto nunca había sido tan amplia, ni tan grotescamente cómica. Es el eterno teatro de la seguridad pública, donde los actores principales hablan de paz desde sus burbujas, mientras el elenco secundario huye de las llamas.
¿Servirá de algo este esfuerzo conjunto? El tiempo, y el próximo comunicado escueto, lo dirán. Mientras tanto, la ciudadanía puede consolarse pensando que, al menos, el seguimiento es puntual. Un verdadero consuelo cuando tienes la carretera cortada y el olor a quemado te recuerda que la “coordinación” es, a menudo, la antesala del esperpento.
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