Una reaparición que se nota
Visiblemente cansado y con la voz en un susurro. Así se presentó Miguel Bosé en el Teatro de los Insurgentes de la Ciudad de México. El artista acudió como padrino para celebrar las 100 funciones del musical El fantasma de la ópera, pero su estado físico acaparó toda la atención.
Los problemas de voz derivados de una sinusitis crónica son evidentes. Habló pausado, arrastrando las palabras, con un esfuerzo palpable en cada frase. La energía que lo caracterizaba parece haberse apagado.
“Por la amistad con Claudio y por la historia tan grande que este teatro tiene en mi vida, aquí estoy”,
expresó, visiblemente conmovido y al borde de las lágrimas durante su breve intervención.
Sin tiempo para más
Tras su discurso, Bosé se retiró rápidamente del escenario. No atendió a prensa ni interactuó con el público, dirigiéndose directamente a su vehículo. Una salida tan discreta como su llegada.
La pregunta ahora está en el aire: ¿estará listo para sus conciertos programados en el Auditorio Nacional los próximos 15 y 16 de mayo? Sus seguidores esperan una recuperación, pero lo visto anoche dejó más dudas que certezas sobre el estado real del intérprete de “Amante bandido”.
A veces el escenario no perdona, y anoche Miguel Bosé lo demostró sin querer.




