Cuando salvar al planeta se vuelve tendencia (y necesaria)
Parece que el Gobierno de México decidió que ya era hora de pasar del “aguita” al “agüita eficiente”. A través de la siempre mencionada pero poco comprendida Comisión Nacional del Agua (Conagua), nos enteramos de que el Programa Nacional de Tecnificación de Riego ya tiene un avance del 40%. Básicamente, es como cuando actualizas tu app favorita y esperas que no se cuelgue, pero aplicado a 17 de los 18 Distritos de Riego del país. El objetivo final es tan ambicioso como necesario: recuperar 2,800 millones de metros cúbicos de agua. Para que te hagas una idea, eso es casi como si la CDMX decidiera tomarse un año sabático de su consumo de agua. Tres veces. Nada mal.
En su ya icónica cita mañanera, “La mañanera del pueblo“, la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, con la seguridad de quien acaba de encontrar el último pan tostado en la charcutería, declaró: “Vamos muy avanzados ya en el Programa de Tecnificación“. Suena a que pronto podremos tachar ese item de la lista de “cosas por hacer para que el futuro no sea una distopía deshidratada”.
El plan maestro: Más comida, menos drama hídrico
El director de la Conagua, Efraín Morales López, nos recordó que este programa no es solo por postureo ecológico. La meta es clara: intervenir 18 Distritos de riego y tecnificar más de 200,000 hectáreas. La inversión es de esas que quitan el hipo: más de 63 mil millones de pesos entre 2025 y 2030. Todo para beneficiar a 225,000 productores que, en teoría, producirán más alimentos con menos agua. O sea, la versión agrícola de hacer rendir el aguacate hasta la última rebanada.
Este Plan Nacional Hídrico se apoya en cuatro pilares fundamentales, como si fuera el grupo de K-pop de la sustentabilidad: la tecnificación del riego (la estrella principal); proyectos de infraestructura que suenan complejos pero importantes; el saneamiento de ríos (adiós, suciedad); y el ordenamiento de concesiones (porque el desorden no es cute).
Para que no crean que son solo PowerPoints y buenas intenciones, Aarón Mastache Mondragón, el subdirector general de Infraestructura Hidroagrícola, soltó la data concreta de las acciones de este año. Prepárense para un despliegue que incluye: 500 km de entubamiento (un roadtrip hidráulico), rehabilitación y revestimiento de canales; 6,084 hectáreas de tecnificación parcelaria; 139 pozos rehabilitados y modernizados con sistemas fotovoltaicos (energía solar, porque lo vintage no siempre es mejor); la instalación de 11 plantas de bombeo; 41 estructuras de medición; ocho presas derivadoras y 1,936 compuertas. Básicamente, el upgrade que el campo mexicano necesitaba.
El ranking de los distritos: ¿Quién va ganando?
Para los amantes de los datos duros y las tablas de posiciones, aquí tienen el avance en los Distritos de Riego. Spoiler alert: no todos van a la misma velocidad.
001 Pabellón, Aguascalientes: 76%. Líder indiscutible, el estudiante aplicado del grupo.
017 Región Lagunera, Coahuila y Durango: 67%. Bien, pero podría esforzarse un poco más.
029 Río Mayo, Sonora: 56%. Pasando la materia sin muchos problemas.
041 Río Yaqui, Sonora: 55%. Casi empata con su vecino.
010 Culiacán-Humaya, Sinaloa: 47%. En la media, ni fu ni fa.
009 Valle de Juárez, Chihuahua: 39%. Aprobado, pero por los pelos.
011 Alto Río Lerma, Guanajuato: 39%. Compartiendo el puesto con Chihuahua.
005 Delicias, Chihuahua: 35%. Necesita repasar un poco.
016 Estado de Morelos, Morelos: 35%. Igual que Delicias, en la lucha.
020 Morelia-Queréndaro, Michoacán: 33%. Vamos, Michoacán, se puede.
026 Bajo Río San Juan, Tamaulipas: 33%. Mismo porcentaje, misma vibra.
075 Río Fuerte, Sinaloa: 30%. Rozando el terreno del “apenas y”.
003 Tula, 100 Alfajayucan y 112 Ajacuba, Hidalgo: 24%. Definitivamente en la zona de peligro.
014 Río Colorado, Baja California: 20%. Urge ponerle turbo.
025 Bajo Río Bravo, Tamaulipas: 15%. En el farolito rojo, esperemos que acelere.
Este esfuerzo colectivo es una de esas noticias que, entre tanto caos, nos da un poco de esperanza. Representa un cambio de mindset crucial hacia una gestión hídrica inteligente y una agricultura resiliente. Al final, se trata de asegurar que tengamos comida en la mesa sin tener que pedirle un deseo a una estrella fugaz.
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