Un presidente ante la justicia ajena
Nicolás Maduro pisó este jueves un tribunal de Nueva York. No como jefe de Estado, sino como acusado. Su equipo legal busca que se desestimen los cargos por narcotráfico, pero la batalla va más allá de lo penal: es geopolítica con toga y martillo.
Su abogado lanzó una bomba procesal. Alega que Estados Unidos viola derechos constitucionales al impedir que Maduro use fondos del gobierno venezolano para pagar su defensa. Sin recursos, sin defensa justa—esa es la tesis.
“Soy inocente”, declaró ante el juez
Fue en enero, durante la lectura de cargos. Maduro protestó por su captura por fuerzas militares estadounidenses y soltó la frase que repetirán sus seguidores:
“Soy inocente. No soy culpable. Soy un hombre decente, el presidente constitucional de mi país”.
Su esposa, Cilia Flores, también se declaró inocente. Ambos permanecen detenidos en Brooklyn—ninguno ha pedido fianza. El juez Alvin Hellerstein aún no fija fecha de juicio.
Pero las acusaciones son brutales. La fiscalía los señala de ordenar secuestros, golpizas y asesinatos relacionados con el negocio de la droga. Incluyen el homicidio de un capo en Caracas. Si son declarados culpables, enfrentan cadena perpetua.
Mientras tanto, Donald Trump habló claro durante una reunión de gabinete. Llamó a Maduro “importante proveedor de drogas” y prometió:
“Un juicio justo. Pero me imagino que vienen otros juicios”.
Trump sugirió que los cargos actuales podrían ser “una fracción” de lo realmente cometido.
La acusación formal tiene 25 páginas que detallan una operación masiva: trabajar con cárteles y militares para enviar miles de toneladas de cocaína a Estados Unidos.
Y mientras esto ocurre en tribunales neoyorquinos, en Venezuela la vida sigue igual para la mayoría. Salarios públicos rondan los 160 dólares mensuales—237 en el sector privado—con una inflación anual del 475% según el Banco Central.
La comida y lo esencial están fuera del alcance para muchos. Mientras su ex presidente enfrenta a la justicia estadounidense.




