Dos microsismos en Iztapalapa: ¿Rutina o señal?
La madrugada del miércoles tuvo su propio despertador telúrico en la Ciudad de México. Según el siempre confiable Servicio Sismológico Nacional (SSN), la tierra tembló dos veces en Iztapalapa.
El primer movimiento llegó a las 2:02 horas. Magnitud 2.3, epicentro en la misma alcaldía, a solo 6 kilómetros de profundidad. Lo suficientemente superficial como para que algunos lo sintieran, lo suficientemente débil como para que las autoridades lo cataloguen como ‘sin riesgo’.
El segundo, a las 4:38. Un poquito más fuerte (2.5), un poquito más profundo (7 km). Mismas coordenadas, misma narrativa oficial.
“El Servicio Sismológico Nacional continúa monitoreando la actividad sísmica en la región, asegurando que estos movimientos telúricos son de baja magnitud y no representan un riesgo significativo para la población.”
Ahí está el comunicado de siempre. La fórmula magistral para la tranquilidad pública. Baja magnitud, sin riesgo, sigan con su día.
Y hasta ahora, funciona. No hay reportes de daños materiales ni personales en Iztapalapa. La recomendación oficial es la de cajón: estar atentos.
Pero aquí va mi pregunta cínica de periodista que ha cubierto demasiados desastres naturales: ¿Cuántos ‘microsismos’ sin riesgo hacen falta antes de que alguien pregunte por qué tiembla tanto en un mismo punto? Los datos están ahí: coordenadas casi idénticas (19.37, -99.10 y 19.37, -99.09). Profundidades casi gemelas.
El SSN hace su trabajo técnico impecable: miden, localizan, informan. Lo que no hacen es contextualizar históricamente ni especular sobre patrones. Eso nos toca a nosotros.
Mientras tanto, Iztapalapa amaneció intacta. La memoria colectiva registra dos sacudidas nocturnas y poco más. La versión oficial se impone una vez más sobre cualquier inquietud geológica incómoda.




