Cuando la devoción se convierte en una sala de emergencias móvil
Ah, las festividades mexicanas: donde el fervor religioso, el alcohol y la pirotecnia se mezclan en un cóctel tan explosivo como los propios toritos de fuego. En el barrio de La Piedad, mientras algunos elevan plegarias a San Juan de Dios, otros elevan… bueno, sus extremidades quemadas hacia el cielo, rogando por un milagro médico. ¿Tradición o temeridad? Usted decida.
Gasas, gritos y glorias efímeras
Las ambulancias hacen viajes redondos como si fueran Uber en hora pico, mientras las gasas escasean más que el sentido común en esta Feria Internacional de la Pirotecnia. Entre restos de fuegos artificiales que caen como granizo tóxico, los paramédicos raspan pieles chamuscadas bajo la tenue luz de un celular—porque, claro, ¿para qué invertir en iluminación cuando puedes improvisar como en un set de película de terror?
Norma Deziga, paramédico y candidata a santa por su paciencia, resume el ambiente: “Uno lo hace por pasión, pero ver niños lastimados es traumático”. Vaya, qué sorpresa: mezclar multitudes, alcohol y explosivos podría salir mal. ¿Quién lo diría?
Entre empujones, quemaduras de tercer grado y adultos que se comportan como niños (y niños que, por desgracia, están ahí), los equipos de emergencia atienden a unos 400 “aventureros” de los 2000 asistentes. Porque nada dice “fiesta” como una fila de heridos esperando su turno para ser raspados como una olla con comida pegada.
Y aunque algunos creen que el verdadero peligro son los toros de fuego, la realidad es más absurda: el caos surge cuando tres estructuras se encienden al mismo tiempo y la gente corre como hormigas en un microondas. “Ya no tenía sentido para dónde correr”, confiesa algún valiente anónimo. Spoiler: tampoco tenía sentido estar ahí.
La cereza del pastel (o más bien, la chispa del cohete) es que algunos deciden ignorar las zonas designadas y prefieren prender sus toritos en medio de la calle. Porque, ¿qué mejor lugar para una explosión que junto a espectadores, verdad?
Mientras tanto, en los tráilers convertidos en salas de emergencia, los paramédicos atienden a oscuras, con pacientes inconscientes y la esperanza de que nadie necesite un milagro mayor que sus habilidades. “Guardar la calma es clave”, dice Norma. Claro, porque cuando tienes a alguien desmayado en una mesa y solo la linterna de tu iPhone, ¿qué más puedes hacer sino respirar hondo?
¿Te gustaría vivir esta “aventura” en carne propia? Comparte esta nota para advertir a los amantes del riesgo (o para reírte de quienes creen que la pirotecnia y el sentido común son compatibles). Y si quieres más historias de tradiciones que desafían a la lógica, ¡explora nuestro contenido!




