El pulso diplomático se rompe otra vez
Irán respondió el domingo a la última oferta de Washington para poner fin a la guerra, pero Trump no perdió tiempo: la calificó en redes como “totalmente inaceptable”. La propuesta, canalizada por mediadores paquistaníes, buscaba reabrir el estrecho de Ormuz y frenar el programa nuclear iraní. Pero Teherán exige condiciones que suenan a rendición para la otra parte: reparaciones de guerra, fin de sanciones y liberación de activos congelados. Un nuevo round de un juego que ya lleva décadas.
“La presencia de buques franceses y británicos… recibirá una respuesta decisiva e inmediata”, advirtió el viceministro iraní Kazem Gharibabadi, mientras Francia intentaba vender una misión internacional de seguridad marítima.
Drones y fuego en el Golfo
Mientras tanto, el frágil alto el fuego se tambalea. Un dron provocó un pequeño incendio en un barco frente a Qatar, y Emiratos Árabes y Kuwait reportaron drones en su espacio aéreo. Los EAU derribaron dos y apuntan a Irán, aunque nadie reclamó autoría. Qatar lo llamó “peligrosa agudización”. El mensaje es claro: nadie confía en nadie.
Trump amenaza con reanudar bombardeos si no hay acuerdo. Irán, por su parte, ha bloqueado el estrecho desde que empezó la guerra el 28 de febrero, sacudiendo los mercados energéticos. Estados Unidos ya bloquea puertos iraníes desde abril, y el viernes atacaron dos petroleros que intentaban violar el cerco. La Guardia Revolucionaria promete “fuerte ataque” contra bases estadounidenses si tocan sus barcos.
Uranio, el hueso de la discordia
El verdadero temor no es solo el petróleo. Irán tiene más de 440 kg de uranio enriquecido al 60%, a un paso técnico del nivel armamentista. Un general iraní admitió que temen un robo del material mediante operaciones de infiltración o helicópteros. Netanyahu, en entrevista con CBS, dijo que la guerra no terminará hasta que ese uranio salga de Irán, y afirmó que Trump le dijo: “Quiero entrar ahí”. Putin, por su lado, ofrece sacar el uranio a Rusia como mediador.
“No alego tener una previsión perfecta”, dijo Netanyahu, negando que hubiera presionado por un cambio de régimen. Pero también soltó que quiere reducir a cero la ayuda militar de EE.UU. a Israel en una década, algo que suena más a gesto que a plan real.
¿Qué sigue?
Por ahora, la diplomacia cojea, los drones vuelan y el uranio sigue en Isfahán. Trump insiste en darle “todas las oportunidades” a la negociación, pero su paciencia tiene fecha de vencimiento. La pregunta que ronda es si esto es un juego de ajedrez o simplemente un callejón sin salida.




