El “despertador” que nadie pidió
Imagina despertarte a la una de la mañana no con el suave arrullo de un gallo, sino con el estruendo de un ducto de combustible decidido a imitar un cohete espacial. Así empezó el día en Ulapa, Hidalgo, donde una explosión —presuntamente obra de los siempre “innovadores” ladrones de combustible— dejó dos personas literalmente calcinadas y a una docena más con ganas de borrar esa madrugada de su memoria. ¿El detonante? Una toma clandestina, porque ¿qué mejor idea que perforar un tubo lleno de líquido inflamable bajo la oscuridad de la noche?
El espectáculo pirotécnico no autorizado
Cuando llegaron las autoridades (bienvenidos al party, señores), encontraron un incendio que hacía honor a su nombre, cuatro camionetas reducidas a cenizas —con su preciosa carga de bidones de 1,000 litros de gasolina, porque nada dice “plan bien pensado” como transportar explosivos en vehículos no aptos—, y un paisaje digno de película apocalíptica. Los vecinos, entre el terror y la incredulidad, debieron pensar: “Vaya, esto no estaba en el contrato de vivir aquí”.
Por supuesto, los cuerpos de emergencia de medio Hidalgo (Atitalaquia, Tlahuelilpan, Tlaxcoapan…) tuvieron que unirse para evitar que las llamas decidieran hacer turismo por las casas aledañas. Mientras, la Guardia Nacional, el Ejército y hasta el equipo de Seguridad Física de Pemex jugaban a “¿quién apaga el fuego más rápido?”. Eso sí, alguien tuvo el buen sentido de cerrar las válvulas para que el combustible dejara de alimentar el circo.
Hidalgo: La capital no oficial de las malas ideas
Aquí llega lo irónico: aunque Hidalgo presume una disminución en tomas clandestinas, sigue liderando el ranking nacional de “¿Dónde perforamos hoy?”. Con una estadística que haría llorar a cualquier analista: una toma cada 3 horas y 35 minutos. Sí, el estado aporta el 25% de las perforaciones ilegales del país. ¿Premio? Un diploma imaginario en “Autosabotaje energético”.
Y por si alguien dudaba del compromiso hidalguense con el tema, este año ya suman 610 casos repartidos en 20 municipios. Vamos, que si esto fuera un negocio legítimo, hasta tendrían franquicias. Eso sí, con beneficios bastante cuestionables: muertes, heridos y un paisaje que parece salido de Mad Max.
¿Moraleja? Robar combustible no solo es ilegal, sino terriblemente peligroso. Pero hey, al menos nos deja titulares dramáticos y una pregunta existencial: ¿valió la pena ese litro de gasolina barata?
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