Un casco cargado de memoria y una regla que lo silencia
Vladyslav Heraskevych llegó a Milán-Cortina con más que su skeleton. Llegó con un casco que era un memorial portátil. En él, los rostros de compañeros atletas ucranianos, todos ellos fallecidos en ataques rusos.
Su intención era clara: rendir homenaje. Pero el Comité Olímpico Internacional le dijo que no.
El esquiador, cuarto en el mundial pasado, entrenó este lunes con el casco esperando una luz verde del COI. La respuesta llegó por la noche. Una negativa.
“No violamos ninguna regla, y debería permitirse que compita con este casco”, dijo Heraskevych a The Associated Press antes de conocer la decisión final. “No puedo entender cómo este casco puede herir a alguien”.
Entre las figuras representadas están el patinador Dmytro Sharpar, su compañero en unos Juegos Olímpicos Juveniles, y el boxeador Pavlo Ishchenko. Algunos cayeron en el frente; otros murieron repartiendo ayuda humanitaria.
“Eran parte de esta familia olímpica”, insistió Heraskevych sobre sus compatriotas caídos. “Así que no puedo entender que encuentren una razón para no permitirlo”.
La justificación del COI fue la Regla 50 de su Carta, que prohíbe manifestaciones políticas, religiosas o raciales en instalaciones olímpicas. Curiosamente, primero argumentaron que la federación ucraniana no había pedido permiso. Luego cambiaron al artículo regulatorio.
Esto no es nuevo para Heraskevych. En Beijing 2022, justo después de su última carrera, mostró un cartel con un mensaje claro: “No a la guerra en Ucrania”. Su voz contra el conflicto ha sido constante.
Ahora, un simple casco se ha convertido en otro campo de batalla. Uno donde la memoria choca contra el reglamento, y donde un atleta busca honrar a sus amigos mientras compite por su país.




