El telón no cae
Dicen que Nemesio Oseguera Cervantes, ‘El Mencho’, murió en un enfrentamiento. Pero en el teatro del crimen organizado, los protagonistas cambian, la obra continúa. Y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) escribió su guión para perdurar más allá de cualquier líder.
Su estrategia fue brillante y aterradora. No se conformaron con ser un cártel más.
Se convirtieron en una marca.
“La organización funciona ‘como una franquicia’, donde mientras se cumpla con las recaudaciones pactadas, cada ‘franquiciatario’ puede introducir tantos negocios como ellos deseen”, detalló la DEA en un informe de 2024.
Imagínalo: pagas por usar el nombre o recibir protección. Operas con impunidad. Es el modelo de negocio criminal del siglo XXI.
Un imperio construido con tres pilares
Su poder se diversificó por tres vías claras: alianzas tóxicas con grupos locales, eliminación brutal de rivales y el sometimiento sistemático de gobiernos municipales. No conquistan territorios solo con balas; los compran con complicidad.
Armando Rodríguez Luna, investigador del Casede, lo explica con precisión:
“Que tenga presencia en alrededor de 30 entidades federativas no implica que en todas ejerza un dominio… Lo que se sabe es que sí ejerce un control mayoritario o total en Jalisco y Michoacán, donde no tiene que disputar o negociar con ningún grupo”.
Control total. Esa es la clave. En esos estados, no hay debate. Hay un solo dueño.
Sus tentáculos son globales. La DEA confirma presencia en América, Europa, Asia y Australia. Pero EL UNIVERSAL documentó que también llegaron a África: Sudáfrica, Nigeria, Mozambique.
En España prendieron las alarmas el año pasado al descubrir una oficina del CJNG. No escondites. Una oficina.
Su catálogo delictivo es un monstruo de varias cabezas. Según la UIF y el Tesoro estadounidense, son los reyes del robo de combustible, la extorsión y el ‘cobro de piso’. Dominan el tráfico interno de drogas y la exportación a EE.UU., especialmente metanfetaminas y ese veneno llamado fentanilo.
Pero no se detienen ahí.
A través de aliados, incursionaron en cigarros pirata, tráfico de personas con fines de explotación sexual —aprovechándose principalmente de migrantes— y fraudes a turistas, como la venta fraudulenta de tiempos compartidos en Puerto Vallarta, zona bajo su control absoluto.
Sus alianzas son un mapa del crimen continental: Guerreros Unidos en Oaxaca, Guerrero y Morelos; el Cártel de Santa Rosa de Lima en Guanajuato; incluso pactaron con el Tren de Aragua venezolano para controlar rutas de migrantes en Chiapas y Chihuahua.
Por esto, en febrero de 2025, el gobierno de Donald Trump los designó Organización Terrorista Transnacional. No es retórica. Es una etiqueta que refleja su alcance letal.
La muerte de un capo hace titulares. Pero la estructura que construyó ‘El Mencho’ está diseñada para sobrevivirlo. Es una hidra corporativa cuyas cabezas están repartidas por medio mundo. El show debe continuar. Y todo indica que lo hará.




