Cuando la búsqueda de personas se convierte en un juego de “¿qué más encontrará hoy la fiscalía?”
Ah, Jalisco, tierra de mariachis, tequila y… ¿tomás clandestinas de huachicol? Porque eso fue exactamente lo que encontró el colectivo Luz de Esperanza cuando, armados de esperanza (y seguramente de mucho coraje), se adentraron en un rancho de Cuisillos, Tala, buscando a sus seres queridos desaparecidos. Spoiler: no los encontraron. Pero ¡sorpresa! Descubrieron que el lugar era un pequeño emprendimiento ilegal de hidrocarburos. Qué bonito detalle, ¿no?
El día en que la fiscalía se topó con un “negocio” que no estaba en sus planes
Imaginen la escena: familiares desesperados, autoridades con cara de “esto no estaba en el guión”, y al menos tres emprendedores del crimen saliendo corriendo como si les hubieran ofrecido un trabajo honesto. Los detuvieron, claro, porque en este país huir de la ley todavía da más problemas que obedecerla (a veces).
Y aquí viene lo mejor: mientras revisaban el lugar, alguien debió decir: “¡Ajá! ¡Aquí hay hidrocarburo robado!”. Porque nada dice “justicia” como encontrar combustible ilegal donde deberían estar los desaparecidos. Eso sí, la Fiscalía del Estado, en su eterna eficiencia, aún no sabe qué delito imputarles a los detenidos. ¿Robo? ¿Posesión ilegal? ¿Mal gusto al elegir escondites?
Lo más irónico es que, aunque el huachicol es un delito federal, la Fiscalía General de la República dijo: “No, gracias, este caso no nos lo apuntamos”. Vaya, qué sorpresa que nadie quiera responsabilizarse. Mientras tanto, la búsqueda de los desaparecidos quedó en pausa, porque, al parecer, encontrar gasolina robada es más urgente que encontrar personas. Prioridades, señores.
¿Moraleja? En México, hasta cuando buscas a tus seres queridos, puedes terminar descubriendo un mini imperio del crimen. Y las autoridades, como siempre, improvisando.
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