La violencia persiste mientras se habla de paz
Al menos doce palestinos murieron este domingo tras varios ataques aéreos israelíes en la Franja de Gaza. Entre las víctimas hay dos niños y una mujer embarazada, según las autoridades hospitalarias del enclave.
Uno de los bombardeos impactó directamente una vivienda en el campamento de refugiados de Nuseirat. Allí fallecieron cuatro personas: una pareja de unos treinta años, su hijo de diez y un vecino adolescente de quince.
“La mujer estaba embarazada de gemelos”, confirmaron médicos del Hospital de los Mártires de Al-Aqsa.
Horas más tarde, otro ataque alcanzó un vehículo policial en la carretera Salah al-Din, cerca de Zawaida. El resultado: ocho agentes muertos, incluido un alto funcionario de seguridad, y varios heridos.
El contexto que nadie menciona
El ejército israelí justificó la operación en Nuseirat afirmando que iba dirigida contra un miliciano de Hamas. Según su versión, este individuo había abierto fuego previamente contra sus tropas. No ofrecieron más detalles.
Lo preocupante es que estas muertes ocurren a pesar del alto el fuego alcanzado en octubre entre Israel y Hamas. Aquel acuerdo redujo los combates más intensos, pero claramente no detuvo la violencia por completo.
Las cifras hablan por sí solas: autoridades sanitarias en Gaza indican que más de 650 palestinos han muerto desde entonces en incidentes relacionados con acciones militares israelíes.
La promesa de calma se rompe cada vez que un misil impacta un hogar. Y mientras los discursos oficiales hablan de procesos diplomáticos, en el suelo la realidad es muy diferente. Familias enteras siguen pagando el precio.




