La violencia alcanza la puerta del Congreso en Sinaloa
Jorge Álvarez Máynez, el coordinador nacional de Movimiento Ciudadano, no se anda con rodeos. Condenó el ataque a balazos contra los diputados Sergio Torres y Elizabeth Montoya en Culiacán. Pero su declaración va más allá del comunicado de rigor.
“Estaremos atentos a la información del caso y a que no haya impunidad”, escribió en X.
Esa frase, en el contexto mexicano, es un misil. Porque sabemos cómo terminan estos casos: archivados, olvidados, o con un chivo expiatorio que no toca a los verdaderos responsables.
¿Qué pasó exactamente?
Este miércoles, minutos después de abandonar el Congreso del Estado, los dos legisladores viajaban por el boulevard Niños Héroes. Hombres armados les dispararon por ambos lados del vehículo. Ambos resultaron heridos y fueron hospitalizados.
Lo escalofriante es la ubicación: a escasas cuadras de sus oficinas, en una zona céntrica. No fue una emboscada en carretera oscura. Fue un mensaje enviado donde todo el mundo podría verlo.
Torres Félix acababa de cuestionar al Secretario de Administración y Finanzas sobre endeudamientos públicos. Coincidencia incómoda, ¿no? Salen del recinto donde interpelan a un funcionario y minutos después reciben plomo.
La crisis de impunidad en Sinaloa, dice Máynez, “ha rebasado todos los límites”. Y tiene razón. Cuando los disparos llegan hasta las puertas del poder legislativo estatal, estamos hablando de otra categoría de desafío al Estado.
La comunidad política está, obviamente, alarmada. Pero la verdadera prueba será lo que pase después de las primeras 72 horas. ¿Habrá detenciones reales o solo el ritual de los “investigamos exhaustivamente”?
México tiene memoria corta para estos episodios. Por eso la advertencia contra la impunidad no es retórica—es un recordatorio público para que esta vez no se repita el guion.




