El guión cambia: cooperación en lugar de castigo
Desde Irapuato, la presidenta Claudia Sheinbaum dio un giro a la narrativa habitual frente a la contaminación industrial. Ante las graves denuncias sobre una curtidora en León que sigue ensuciando los ríos a pesar de las multas de la Profepa, su respuesta no fue la del garrote.
Fue la de la negociación.
“Muchas veces la clausura no necesariamente es la mejor opción, sino más bien poner de acuerdo a las empresas para que conjuntamente puedan hacerse plantas de tratamiento”, declaró durante su conferencia matutina.
Su argumento es puro cálculo político. Sabe que cerrar una fábrica significa desempleo y conflicto social inmediato. En cambio, presionar para construir infraestructura verde parece una solución más estable, aunque de resultados más lentos.
¿Avance real o teatro ambiental?
Sheinbaum insistió en que “se ha avanzado mucho en León” y destacó la existencia de “muchísimas plantas de tratamiento” comparado con años atrás. Pero el meollo está en la ejecución. La coordinación entre federación, estado y municipio que promete será la prueba de fuego.
¿Puede este enfoque colaborativo detener realmente el veneno que va a los ríos Lerma-Santiago, Atoyac y Tula? O es solo un acto para ganar tiempo. La presión ciudadana y el ojo de la Profepa serán los jueces finales de esta obra.




