El acto que cambió el guion
Lo que pasó ayer en Teotihuacán no es solo una noticia. Es un punto de inflexión. Por primera vez, la violencia irrumpió en uno de nuestros santuarios históricos más sagrados. Y ahora, el gobierno se apresura a reescribir los protocolos de seguridad para todo el país.
En la mañanera de hoy, el tono era de contención, pero la alarma era palpable. El general Guillermo Briseño Lobera, comandante de la Guardia Nacional, detalló la presencia actual: un destacamento de 30 elementos protegiendo la zona.
“Tenemos un destacamento de seguridad compuesto por 30 elementos que se encargan de la protección del patrimonio cultural… apoyando al personal en los cinco accesos”, afirmó.
Pero la pregunta que quedó flotando en el aire, planteada por la propia presidenta Claudia Sheinbaum, es más profunda: ¿cómo pudo ocurrir?
La pregunta incómoda y la respuesta urgente
Sheinbaum lo admitió con una franqueza inusual. No hay arcos detectores en estos sitios. Nunca los hubo porque nunca se pensó que fueran necesarios. El mundo cambió ayer.
“No hay arcos de seguridad en los sitios arqueológicos, nunca ha habido… Evidentemente ahora tenemos que decir: debe haber más controles”, declaró la mandataria.
La orden ya está dada. Coordinación entre Gobernación y Cultura para instalar esos controles. Refuerzo inmediato de la vigilancia no solo en Teotihuacán, sino en todos los sitios arqueológicos y turísticos del país.
Omar García Harfuch, secretario de Seguridad, fue el encargado de dar los detalles operativos. El mensaje es claro: esto no puede volver a pasar.
“Se ha ordenado el inmediato fortalecimiento de la seguridad… se incrementará la presencia de Guardia Nacional, se reforzarán las revisiones preventivas”, anunció Harfuch.
Subrayó lo excepcional del hecho. Millones de visitantes al año y cero incidentes… hasta ahora. Con el Mundial en el horizonte, la presión por garantizar entornos seguros se multiplica por mil.
El telón cayó sobre una era de inocencia para nuestro patrimonio cultural. A partir de hoy, la visita a nuestras pirámides y zonas ancestrales tendrá un nuevo elemento: los controles que jamás imaginamos necesitar.




