El circo portuario: cuando la realidad y el discurso oficial son universos paralelos
Ah, el Puerto de Manzanillo, ese lugar donde según las autoridades todo funciona como un reloj suizo, pero según los empresarios, parece más bien un reloj descompuesto en manos de un mono con un martillo. Miguel Ángel Landeros, presidente de la COMCE, decidió arruinar la fiesta de la ASIPONA desmintiendo su cuento de hadas sobre la “normalización de operaciones”. Porque, claro, ¿qué mejor momento para declarar que todo está bajo control que cuando el sistema colapsa, los contenedores se amontonan y las empresas lloran pérdidas millonarias?
“Todo está bien” (mientras el puerto arde)
Según Landeros, no solo no hay normalización, sino que el caos se ha intensificado. “Hoy, por ejemplo, falló el sistema”, declaró, como si fuera una sorpresa. Porque, ¿qué sería de un día normal en el puerto sin un buen colapso tecnológico? “Se juntaron varios problemas y cuando no es una cosa, es otra”, añadió, describiendo lo que parece el guión de una tragicomedia burocrática. ¿Personal insuficiente? Check. ¿Sistema obsoleto? Check. ¿Falta de coordinación? ¡Bingo! Parece que el puerto está jugando al “¿qué saldrá mal hoy?” con entusiasmo digno de mejor causa.
Y mientras las empresas se desesperan, la ASIPONA sigue empeñada en su narrativa de que todo marcha sobre ruedas. “Operando de manera normal, segura y eficiente”, dicen, mientras los camiones hacen filas kilométricas y los contenedores acumulan polvo. ¿Normal para quién? ¿Para un sloth en cámara lenta? Porque los tiempos de espera, según Landeros, ya superan las tres a cinco semanas. Vamos, hasta los glaciares se derriten más rápido.
La crisis que nadie vio venir (o sí, pero prefirieron ignorar)
El origen de este desastre se remonta al paro de labores del 12 de mayo, cuando 300 trabajadores de aduana protestaron por acoso laboral y falta de personal. ¿Solución? Cambiar al jefe y esperar que la magia ocurra. Spoiler: no ocurrió. Ahora, el puerto es un rompecabezas sin piezas, donde cada día surge un nuevo problema. “Nos piden que no enviemos camiones porque no se reciben contenedores”, confesó Landeros. O sea, el equivalente logístico de “no vengas a mi fiesta porque no hay fiesta”.
Y mientras tanto, las pérdidas siguen creciendo: 150 millones de dólares y contando. ¿Alguien en el gobierno está tomando notas? Porque esto ya no es un problema portuario, es un tsunami económico para Jalisco y el país. Pero tranquilos, la ASIPONA ya movió 4 mil contenedores y 14 mil toneladas de carga… aunque omiten mencionar cuántos siguen varados. Detalles, ¿no?
¿Moraleja? Cuando las autoridades insistan en que todo está bien, revisen si no hay humo de fondo. Y si trabajas en logística, considera terapia. Pronto.
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