La vacuna que llegó tarde
Las autoridades sanitarias de Durango confirmaron lo que muchos temían: el sarampión ya cobró su primera víctima fatal en el estado. Se trata de un menor de ocho años, originario de El Mezquital, que falleció en el Hospital Materno Infantil tras complicaciones graves.
La tragedia tiene un mapa de contagio claro. El niño adquirió el virus durante un viaje familiar con motivos laborales a Sinaloa. Una ruta común que se convirtió en una trampa mortal por falta de protección.
“El paciente presentó varios días de fiebre antes de ser llevado al Hospital 450”, explicó el secretario de Salud, Moisés Nájera Torres.
Ese detalle es clave. Muestra la velocidad brutal con la que este virus actúa cuando encuentra un organismo sin defensas. No da tiempo a reaccionar.
Cifras que no mienten (y una muerte que duele)
El panorama epidemiológico pinta feo. Al 10 de febrero, Durango acumula 22 casos confirmados en 2026. A eso súmale los 40 documentados en 2025. La tendencia es ascendente y ahora, con un fallecimiento, la alarma salta a otro nivel.
La respuesta oficial, previsiblemente, se centra en la vacunación. Nájera Torres, a nombre del gobernador Esteban Villegas, expresó condolencias a la familia y recitó el mantra sanitario:
“La mejor manera de evitar más casos es vacunarse oportunamente”.
Subrayó que las personas de 6 meses a 49 años deben tener su esquema completo, especialmente quienes se mueven entre municipios o estados. La movilidad, reconoció, es el gran multiplicador del riesgo.
Pero aquí está el punto ciego. El discurso oficial habla de módulos permanentes con abasto suficiente de vacuna doble y triple viral. Ofrece refuerzos para mayores de 50 años expuestos y para personal sanitario.
Sin embargo, ninguna declaración explica cómo se le escapó este niño. Por qué una familia en tránsito laboral –justo el perfil de riesgo señalado– no estaba protegida. La prevención, al parecer, llegó tarde.
La memoria es corta y los sistemas sanitarios, a veces más. Este primer fallecimiento debería ser un campanazo que despierte a todos. No basta con tener vacunas en los centros de salud; hay que llevarlas hasta donde están las personas que más las necesitan.
Mientras las condolencias se expresan y las cifras se actualizan, una familia en El Mezquital entierra a un niño de ocho años. Y una pregunta queda flotando: ¿cuántas dosis faltan por aplicar antes del próximo parte triste?




