Porque Cumplir la Ley es un Detalle Opcional, al Parecer
Resulta que, en un giro argumental que nadie vio venir, atender las demandas de propiedad intelectual del vecino del norte podría ser la llave maestra para resolver un problemita comercial que México arrastra desde hace… ¿una década? Qué detalle tan insignificante, ¿verdad? Es como si de pronto descubrieras que el secreto para arreglar la gotera en el techo era, oh, no sé, poner un balde. Revolucionario.
El iluminado que nos trae esta perla de sabiduría es Sergio Legorreta, abogado de la firma FisherBroyles, quien con una paciencia digna de un santo explica lo obvio: no se necesitan cambios legales. ¡Sorpresa! Las normas ya existen, son perfectamente funcionales y contemplan todos los mecanismos necesarios para asegurar mercancías irregulares. El pequeño, minúsculo, casi imperceptible detalle es que el Gobierno tendría que… ¿aplicarlas? Con decisión, nada menos. Qué concepto tan radical y novedoso. Aplicar la ley. Quién lo hubiera pensado.
El Glorioso Pasado y el Patético Presente
Legorreta, en un arranque de nostalgia, nos lleva de la mano a los felices años de 2009, una época dorada en la que México era una potencia en incautación de productos falsificados. ¡40 millones de piezas detenidas! Una cifra que sugiere que alguien, en algún lugar, estaba haciendo su maldito trabajo. ¿El secreto? El trabajo conjunto entre la extinta PGR, el IMPI, aduanas y autoridades locales. Una colaboración interinstitucional. Otro concepto revolucionario.
Pero claro, todo lo bueno se acaba. Llegó una interpretación legal (porque ¿para qué hacer las cosas bien cuando puedes enredarlas con interpretaciones?) que decidió que detener productos en tránsito era de mala educación. Y así, como por arte de magia, las incautaciones se desplomaron a menos de un mísero millón de piezas al año. Un descenso del 97.5%. No es un tropiezo, es un espectacular salto de pértiga hacia la incompetencia. Bravo.
Operativos de Pantomima y el Problema Real
Hoy en día, para aparentar que se hace algo, tenemos operativos en mercados como Izazaga 89 en la Ciudad de México. Es muy bonito para las fotos y los titulares, ¿no? Policías incautando unos cientos de playeras piratas o audífonos falsos. Se ve muy bien en televisión. Mientras tanto, el verdadero problema de raíz – las aduanas por donde entra a gran escala toda esa basura – sigue tan campante, sin que nadie lo moleste demasiado. Es como tratar de secar el océano con una toalla de playa, pero posando para la prensa.
El abogado, con una delicadeza encomiable, señala que ya no hay cifras oficiales porque, aparentemente, publicarlas era demasiado vergonzoso. Pero sus cálculos estiman que ahora no se llega ni a los 4 millones de piezas falsificadas detenidas anualmente. Pasamos de 40 millones a menos de 4. Un éxito rotundo en la agenda de “déjennos trabajar en paz, señores”.
Y he aquí lo más divertido de toda esta tragicomedia: este tema, aunque grave, no pondría en riesgo el T-MEC. Oh, qué alivio. No es que vayamos a desmoronar todo el tratado comercial por esto. Solo es una espina clavada, una molestia constante, un recordatorio perpetuo de que aquí las cosas se hacen a medias. Atenderlo sería simplemente un gesto positivo, un guiño de “sí, sabemos que existe el problema y no nos importa lo suficiente como para arreglarlo de verdad, pero aquí tienen una migaja de esfuerzo”. Un gesto para aliviar la presión de cara a las negociaciones de 2026. Política exterior en su máxima expresión: arreglar las cosas justo lo mínimo indispensable para salir del paso.
En resumen, tenemos las herramientas, tenemos el precedente de que se puede hacer, y tenemos una demanda clara de uno de nuestros socios comerciales más importantes. Lo único que falta es, ejem, la voluntad política. Ese pequeño, insignificante detalle. Mientras tanto, el espectáculo de los operativos mediáticos debe continuar. El circo está en town.
¿La moraleja? A veces la solución no está en reinventar la rueda, sino simplemente en dejar de ponérsela de adorno al carro y usarla para lo que sirve. Pero, ¿qué divertido sería eso? Mejor seguimos especulando con interpretaciones legales y organizando raids fotogénicos. Es mucho más entretenido.
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