México le sube el impuesto a lo dulce (y no es un meme)
Parece que el gobierno federal se cansó de que le pasaran azúcar ilegal por debajo de la mesa y decidió que, si la fiesta de las importaciones no se puede controlar, al menos va a cobrar una entrada carísima. En una jugada que ha dejado a todos más sorprendidos que cuando cancelaron tu serie favorita en Netflix, anunció un cambio radical en el esquema de impuestos para la importación del endulzante. A partir de hoy, la movida es simple: si quieres meter azúcar en grano, de remolacha o jarabe a México, te va a tocar soltar un 156% de arancel. Pero si tu gusto es lo líquido, refinado o invertido, prepárate para el verdadero shock azucarero: un arancel del 210.44%. Sí, leíste bien. Básicamente, el mensaje es “si lo quieres traer, te va a doler”.
La justificación, publicada en la edición vespertina del Diario Oficial de la Federación con toda la pompa gubernamental, es que el arancel anterior de 360 dólares por tonelada, vigente desde que todos escuchábamos cassettes en 1994, ya no daba para más. Según las autoridades, este cobro anticuado “no ofrece la protección suficiente a la agroindustria nacional” en un mundo donde los precios internacionales del producto se han desplomado. O sea, era como llegar a una batalla campal con una resortera.
El arte de importar azúcar sin pagar (o cómo ser creativo con la ley)
Fuentes del sector azucarero, que deben estar entre la euforia y el escepticismo, aseguran que este nuevo gravamen, que se aplicará sobre el precio del endulzante, debería inhibir significativamente las importaciones. ¿La razón de fondo? Resulta que se habían detectado aumentos considerables en la entrada de este dulce bajo prácticas ilegales bastante creativas, provenientes de países como Brasil, Guatemala e India.
Por ejemplo, las autoridades ya habían descubierto que se importaba azúcar de Guatemala declarándola como “mezclas alimenticias”, una artimaña digna de un guion de narcos, pero de contrabandistas de glucosa. Y por si fuera poco, también existe el sofisticado contrabando técnico desde India, un gigante productor mundial. Básicamente, es el lado menos glamoroso del comercio internacional, donde la imaginación para evadir impuestos no tiene límites.
Los expertos opinan: “Bien, pero no se emocionen”
Mientras tanto, los que realmente entienden del cotorreo, como el Grupo Consultor en Mercados Agrícolas (GCMA), dieron su veredicto con la frialdad de un juez de reality show. Calificaron el aumento del arancel al azúcar como “una medida correcta pero insuficiente para equilibrar el mercado”. En cristiano: “Buen intento, pero no es suficiente”.
Los consultores señalaron que es crucial proteger a los productores nacionales con medidas adicionales. Esto incluiría, atención, que Estados Unidos amplíe su cuota de importación de endulzante mexicano, y que la Secretaría de Economía negocie un esquema equivalente al volumen de jarabe de alta fructosa que cruza la frontera. Básicamente, piden un trueque justo en esta relación tan complicada como cualquier situationship.
Pero el punto más crítico es el llamado urgente a combatir el contrabando y la subvaluación, incluyendo esa práctica turbia de usar fracciones arancelarias distintas para colar el producto. Y, muy importante, que este incremento no se traslade al consumidor final, manteniendo los precios estables para no terminar pagando todos el patrón. El GCMA fue claro: “el ajuste arancelario es un paso en la dirección correcta, pero sin control al contrabando, equidad en el comercio con Estados Unidos y disciplina en precios internos, el impacto será limitado”. O sea, es como ponerle un curita a una herida que necesita puntos.
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