La CIRT, o el club de los buenos muchachos, pide reglas del juego
En un giro de eventos que nadie vio venir, el presidente de la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y Televisión (CIRT), José Antonio García Herrera, ha alzado su voz para pedirle a la presidenta Claudia Sheinbaum algo tan sencillo como… ¡garantizar reglas parejas! Por supuesto, no se refería a un partido de fútbol, sino a la despiadada competencia que libran los medios tradicionales contra ese salvaje oeste digital conocido como redes sociales. Con una seriedad digna de un noticiero estelar, García Herrera acusó a estas plataformas de ser el paraíso de las noticias falsas. Porque, claramente, la radio y la televisión son faros de pureza informativa que jamás han sido acusados de nada remotamente similar. ¿Verdad?
El escenario fue la Convención Anual de la CIRT 2025, un evento donde, al parecer, la radio y la televisión renovaron sus votos de compromiso con la información responsable y se autoproclamaron, una vez más, como la pieza clave de la democracia mexicana. Uno casi puede imaginar una lágrima rodando por la mejilla de un micrófono vintage mientras se pronunciaban estas palabras. La narrativa fue tan conmovedora que casi hace olvidar que el ecosistema mediático actual es un poco más complejo que una simple lucha entre el bien y el mal.
La adaptación digital y la invitación a la mesa (de los que ya están en la mesa)
En un alarde de modernidad, García destacó que el sector se ha adaptado valientemente a los avances digitales. ¡Bravo! Seguro ha sido un viaje tan tranquilo como migrar de una máquina de escribir a un ordenador. Su súplica al gobierno fue una regulación equitativa que permita fortalecer el servicio público gratuito que, según él, ofrecen los medios. Un servicio tan gratuito que, por supuesto, se financia con publicidad y concesiones del mismo gobierno al que ahora le pide favores. La ironía es tan deliciosa que debería servirse como postre.
Y he aquí la cereza del pastel: la respuesta de Sheinbaum. En lugar de prometer una cruzada regulatoria, la presidenta, con la calma de quien invita a un café, simplemente les tendió la mano para que participen en las mesas de consulta de la reforma electoral. Ahí, entre canapés y discursos, se abordarán temas cruciales como los tiempos oficiales en las campañas. Porque nada dice “reglas parejas” como discutir cómo repartir el tiempo en la televisión y la radio, los medios que, casualmente, están representados por la CIRT. Es como pedirle a los lobos que opinen sobre el diseño del redil.
En resumen, asistimos a un capítulo más de la eterna pugna por el narrativa y los recursos. Los medios consolidados claman por un salvavidas regulatorio frente a la marea digital, mientras el gobierno los invita amablemente a una conversación donde, seguramente, todos se entenderán a la perfección. Un baile de poder e intereses donde, como siempre, el espectador es el invitado de piedra.
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