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Los privilegiados de la Ley 73 del IMSS y su jubilación dorada

Un oasis en el desierto previsional que solo unos pocos afortunados podrán disfrutar. Descubre los privilegios de un sistema que ya es historia.

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El Oasis Previsional para una Generación con Suerte

Ah, la Ley 73 del Instituto Mexicano del Seguro Social. Suena casi como un código secreto, un pase dorado a un club exclusivo del que las nuevas generaciones están eternamente excluidas. Para los trabajadores que iniciaron su martirio laboral antes de que el mundo supiera de Spice Girls y Tamagotchis (es decir, antes del 1 de julio de 1997), este régimen es como encontrar un billete de lotería ganador en un pantalón viejo. Les permite acceder a una jubilación que, en los tiempos que corren, parece un cuento de hadas, calculada en base a sus semanas cotizadas y su salario promedio. Qué encanto, ¿verdad?

Mientras tanto, los millennials y la generación Z, bajo la modernísima Ley 97, pueden ir practicando su sonrisa para la foto del perfil mientras reparten comida a domicilio a los 80 años. Su “estrategia de ahorro a largo plazo” suena más a un eufemismo para “sálvese quien pueda”. La brecha generacional nunca fue tan… financieramente dolorosa.

Los Beneficios: O Por Qué Esto Parece un All-Inclusive en la Tercera Edad

¿Qué beneficios tiene este régimen dorado? Pongámonos nostálgicos y enumeremos los privilegios de los que jamás gozaremos.

Pensión vitalicia garantizada:

Imagínense: una pensión mensual que no se agota. ¡Qué concepto tan revolucionario! El IMSS se compromete a depositar un monto cada mes hasta el día en que decidas partir de este mundo hacia un lugar presumiblemente con menos trámites burocráticos. La gran ventaja es que no depende del saldo de tu AFORE, ese pozo sin fondo que parece evaporarse cada vez que la bolilla estornuda. Básicamente, es un cheque que llega puntual, llueva, truene o haya otra crisis global.

Cálculo favorable y ajustes frecuentes

El cálculo es tan generoso que duele. Para este 2025, se toma el promedio de tu salario base de los últimos cinco años (o las últimas 250 semanas cotizadas, para los que prefieren contar en tiempo y no en años) y se multiplica por la cantidad total de semanas que sudaste la gota gorda. Pero eso no es todo, amigos. La pensión se ajusta anualmente según el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC). O sea, tiene incorporado un mecanismo anti-inflación, algo así como el control crucero de un auto de lujo, pero para tu bolsillo. ¿Sube el precio del huevo? Tu pensión también sube. Una fantasía.

Menos requisitos (o cómo jugar en modo fácil)

Los requisitos son tan laxos que casi dan vergüenza ajena. Necesitas un mínimo de 500 semanas cotizadas. Quinientas. Bajo la nueva ley, los modernitos necesitan 850 semanas en 2025, una hazaña que requiere la resistencia de un ultramaratonista y la suerte de un ganador de ruleta. Además, puedes solicitar la pensión por cesantía en edad avanzada desde los 60 años (¡qué joven!) o por vejez a partir de los 65. El único requisito es que te hayas dado de baja en el IMSS y ya no recibas un sueldo. Básicamente, debes estar oficialmente fuera del sistema productivo para que el sistema previsional te premie. La ironía es deliciosa.

Acceso a servicios médicos y la mítica Modalidad 40

Como si la pensión vitalicia no fuera suficiente, el paquete incluye atención médica, hospitalaria y derecho a medicamentos. No solo para ti, ¡sino también para tus dependientes económicos! Es como un todo incluido en la vejez. Y luego está la joya de la corona: la Modalidad 40. Este nombre suena a un experimento científico, pero en realidad es la “Continuación Voluntaria en el Régimen Obligatorio”. Traducción: si te quedaste corto de semanas o quieres inflar artificialmente tu salario base para obtener una pensión más sustanciosa, puedes seguir cotizando voluntariamente. Es como hacer trampa en el juego de la jubilación, pero totalmente legal. Una oportunidad para que los beneficiados pulan su ya envidiable situación hasta el brillo.

Un Análisis Cínico de la Situación

En resumen, la Ley 73 es un monumento a un pacto social que ya no existe. Es el último suspiro de una época en la que se creía que el Estado te cuidaría después de una vida de trabajo. Hoy, suena a reliquia arqueológica, un sistema paralelo que beneficia a una cohorte específica mientras el resto navega aguas previsionales mucho más turbulentas e inciertas. La desigualdad entre generaciones nunca tuvo un ejemplo más claro y, hay que admitirlo, grotescamente bien definido.

¿Es justo? Probablemente no. ¿Es envidiable? Absolutamente. Los afortunados que califican para este programa no solo aseguran su vejez; aseguran una versión dorada de la misma, con ajustes por inflación y médico incluido. Para el resto, el mensaje es claro: ahorren, inviertan, y recen para que el sistema de afores no colapse antes de que ustedes lo hagan.

¿Conoces a alguien que se esté beneficiando de esta ley? ¡Comparte esta joya de información en tus redes sociales y espanta la envidia generacional entre tus contactos. Y si quieres seguir llorando por comparación, explora más contenido sobre cómo sobrevivir a la jubilación en el siglo XXI en nuestra sección de finanzas personales.

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Trump dice que seguirá en contacto con Machado

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este viernes que planea mantener el contacto con la líder opositora venezolana, María Corina Machado.

Tras su encuentro del jueves en la Casa Blanca, Trump declaró que se trata de una mujer a la que “respeta mucho”. En esa reunión, Machado señaló que le transmitió al mandatario estadounidense que “hoy más del 90% de los venezolanos queremos lo mismo: vivir con libertad, dignidad y justicia”.

Los detalles del encuentro entre Trump y Machado

“Fue un gran honor para mí conocer a María Corina Machado, de Venezuela”, escribió Trump en una publicación en Truth Social. “María me presentó su Premio Nobel de la Paz por el trabajo que he realizado. Un gesto maravilloso de respeto mutuo”.

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Un triste hallazgo en la colonia que duerme entre calles con nombres festivos

El hallazgo de un cuerpo en la calle 23 de diciembre desató el protocolo habitual: cinta amarilla, curiosos y muchas preguntas sin respuesta.

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La muerte llama a la puerta en la calle 23 de diciembre

Ah, la colonia 15 de enero. Un lugar tan festivo que incluso sus calles llevan nombres de fechas célebres. Pero ayer, en la calle 23 de diciembre, el regalo anticipado fue bastante más macabro: el cuerpo sin vida de un hombre. Porque nada dice “espíritu navideño” como encontrar a alguien que ya no respira sobre un colchón en la vía pública.

Los vecinos, esos héroes anónimos del cotilleo barrial, fueron los primeros en notar que algo andaba mal. Su radar de chismes se activó cuando vieron que el individuo en situación de calle que usualmente dormía allí llevaba demasiado tiempo quieto. ¿Estará profundamente dormido o profundamente muerto?, debieron preguntarse. Ante la duda, y demostrando una eficacia envidiable, optaron por lo más sensato: marcar al 911. Más vale prevenir que lamentar, ¿no?

Vecinos del lugar refieren que el hoy occiso es un individuo en situación de calle que comúnmente dormía en esta calle, por lo que se les hizo extraño ver que no se movía.

Así comenzó el circo. Llegaron los paramédicos de la Cruz Roja, confirmaron lo obvio —que efectivamente, estaba muerto— y dieron parte a las autoridades. Porque ese es el protocolo: tú encuentras el cuerpo, nosotros constatamos que es un cuerpo, y luego llamamos a los que se encargarán del cuerpo. Una cadena de mando perfectamente aceitada para gestionar la tragedia.

El despliegue oficial ante lo inevitable

No podían faltar. Los elementos de la Guardia Estatal y la Fiscalía General arribaron al sitio con esa mezcla de solemnidad y rutina que caracteriza estos eventos. Su misión: acordonar el área con esa cinta amarilla que tanto nos fascina y realizar las “indagatorias pertinentes”. ¿Pertinentes para qué? Para determinar, supongo, que un hombre sin hogar fue encontrado muerto en la calle donde solía dormir. Un misterio digno de Sherlock Holmes.

La calle fue cerrada. El tráfico, desviado. Todo debe detenerse mientras se realiza el levantamiento del cadáver y la necropsia de ley. Porque la burocracia de la muerte es implacable: formularios, procedimientos, esperas. Se estima que el cierre durará “un par de horas”, aunque todos sabemos que ese “par” puede estirarse más que un chicle pegado en el pavimento.

Y mientras tanto, ¿qué sabemos? Poco. Que era un hombre. Que aparentemente tenía lesiones en su cuerpo. ¿De qué tipo? No se especifica. Podrían ser desde moretones hasta señales de algo más siniestro. El comunicado oficial es tan vago que da pie a toda clase de especulaciones innecesarias y morbosas. ¿Se cayó? ¿Lo empujaron? ¿Le dio un patatús después de una cena cuestionable recuperada de un contenedor? El silencio oficial es el mejor aliado de la imaginación popular.

Lo más irónico del asunto es el escenario: una colonia llamada 15 de enero, una calle llamada 23 de diciembre. La muerte no respeta calendarios ni nomenclaturas festivas. Se instala donde quiere, incluso entre calles cuyo nombre evoca regalos y propósitos de año nuevo.

Al final del día, queda una pregunta flotando en el aire cargado de indiferencia urbana: ¿cuántas personas deben morir en el anonimato antes de que su paseo sea algo más que una nota policial breve? Hoy fue un hombre sin nombre en la calle 23 de diciembre. Mañana podría ser cualquiera.

¿Esta nota te hizo reflexionar (o por lo menos arquear una ceja)? Compártela con ese amigo al que le gusta comentar las noticias con un tono igualmente cáustico. Y si te interesa estar al tanto del pulso real –y a menudo absurdo– de la ciudad, explora más contenido como este.

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Diplomacia vaticana: reunión clave mientras la visita papal flota en el aire

El embajador en El Vaticano se reúne con Segob mientras la invitación al papa sigue en el limbo. ¿Visita papal o eterna espera?

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La diplomacia mexicana con el Vaticano: mucho protocolo, poca confirmación y un papa en standby

Ahí va la cosa. Este martes, Alberto Barranco Chavarría, nuestro embajador ante la Santa Sede –sí, ese puesto existe y alguien lo tiene–, se sentó con Rosa Icela Rodríguez de Gobernación y Clara Luz Flores de Asuntos Religiosos. La agenda: revisar los asuntos bilaterales. O sea, la relación México-Vaticano, que suena a trama secundaria de una serie política pero aparentemente es importante.

“Siempre respetuosa y constructiva”, dijo Rodríguez sobre la reunión.

Traducción millennial: “Nos llevamos bien, no hubo drama, pero tampoco anunciamos nada espectacular”. Es el equivalente diplomático a poner “✨” en una historia de Instagram.

Pero hablemos de lo que todos queremos saber: ¿Y el papa? ¿Cuándo viene? Porque resulta que la presidenta Claudia Sheinbaum ya le extendió la invitación a León XIV –no confundir con los reyes franceses del pasado– durante una llamada por el Día de la Virgen de Guadalupe. Un movimiento clásico. El problema es que, desde entonces, la confirmación brilla por su ausencia.

El eterno ‘tal vez’ de la visita papal

La semana pasada, Barranco Chavarría estuvo por México para una reunión de embajadores y dejó caer esta perla:

“No hay todavía una respuesta”, dijo el embajador sobre la posible visita.

O sea, ni sí ni no, sino todo lo contrario. El Vaticano tiene a México en “visto”, como ese mensaje importante que nunca contestas. Sheinbaum misma comentó el 15 de diciembre que aún no había fecha. Así que seguimos en modo espera, con la incertidumbre como único plan confirmado.

El contexto importa: Una visita papal no es cualquier cosa. Requiere logística monumental, seguridad extrema y una agenda que equilibre lo espiritual con lo político. Además, León XIV lleva poco tiempo en el cargo –sí, es un nombre curioso para un papa moderno– y probablemente está priorizando otros frentes. Pero para México, especialmente con la devoción guadalupana, sería un evento de primer orden.

Mientras tanto, las reuniones como la de hoy sirven para mantener los canales abiertos. Para asegurar que, cuando (o si) llegue el del Vaticano, todo esté listo. Es diplomacia en su estado más puro: mucha preparación para un evento que puede o no ocurrir.

¿Qué sigue? Seguir esperando. La bola está en la cancha del Vaticano. Mientras tanto, México sigue haciendo su tarea: reuniones formales, declaraciones cuidadosas y ese optimismo cauteloso que caracteriza a las relaciones internacionales cuando hay mucho en juego pero pocas certezas.

¿Te intriga este baile diplomático? Comparte esta nota y hablemos de las relaciones internacionales más inesperadas.

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