La cosecha amarga
Los números cantan, y la melodía es preocupante para nuestros productores. La producción mundial de maíz, trigo y soya rompió récords. Traducción: habrá tanta oferta que los precios se van al suelo.
Los inventarios de maíz en Estados Unidos se ubicaron en 56.8 millones de toneladas, mientras que los de trigo aumentaron a 25.52 millones.
Esa es la fría radiografía del Departamento de Agricultura de EE.UU. Un mercado global inundado de granos.
México entre la espada y la pared
Aquí viene lo bueno. Aunque el precio del maíz es más alto en México que al norte, es un espejismo. Somos dependientes de las importaciones, así que terminamos bailando al ritmo que marcan los precios internacionales. Nuestra competitividad se desvanece.
Para colmo, los costos se disparan. Fertilizantes y otros insumos suben por factores geopolíticos ajenos a nosotros. El resultado: la rentabilidad del campo se evapora.
Los expertos ya lanzan la alerta roja. Si esto sigue así, veremos menos tierra sembrada y menos inversión en los próximos ciclos. Se pone en jaque la producción nacional y, lo más grave, nuestra seguridad alimentaria.
La solución que plantean es clara: hacen falta apoyos urgentes para impulsar la productividad antes de que el campo mexicano quede sepultado bajo una montaña de granos baratos.




