Porque Nada Dice ‘Paz’ Como Una Buena Reunión Virtual
En un giro que nadie vio venir (o quizá todos), la titular de la Secretaría de Gobernación, la siempre presente Rosa Icela Rodríguez, decidió que la mejor manera de honrar la memoria de un alcalde asesinado era… conectarse a otra videollamada. Así es, en un despliegue de acción contundente, las pantallas volvieron a encenderse para “continuar” con los trabajos del Plan Michoacán por la Paz, una estrategia que, hasta ahora, parece consistir principalmente en agendar reuniones para planificar más reuniones. El detonante, por si alguien lo había olvidado, fue el incómodo y trágico asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, un evento que aparentemente requiere de muchas horas de conversación virtual para ser abordado.
En esta emocionante sesión de Zoom, la secretaria se reunió con el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla y un elenco de alcaldes y alcaldesas de la región. ¿El objetivo? “Conocer sus demandas y prioridades”. Porque, claramente, después de años de violencia estructural, lo que necesitan los ediles es que un funcionario federal les pregunte, formalmente, qué es lo que necesitan. Para no quedarse cortos en burocracia, también hicieron acto de presencia los subsecretarios Arturo Medina Padilla, Clara Luz Flores y Rocío Bárcena, porque cuando se trata de salvar vidas y restaurar el orden, la regla de oro es: a más jefes, más progreso.
La Retórica de la Coordinación: Un Deporte Extremo
El gobernador Ramírez Bedolla, posiblemente con una conexión a internet estable, declaró con entusiasmo: “Tuvimos reuniones de trabajo para construir juntas y juntos el Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, una estrategia impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum para fortalecer la coordinación entre los tres niveles de gobierno”. Qué alivio saber que la “coordinación” es la prioridad. Uno casi podría pensar que, después de tanto tiempo y tantos planes, los diferentes niveles de gobierno ya estarían coordinados por arte de magia, o al menos por un instinto básico de supervivencia. Agradeció, por supuesto, la “presencia” virtual de la secretaria, un detalle conmovedor en un mundo donde la presencia física a veces puede ser un poco… peligrosa.
Pero el giro argumental más inesperado no fue la reunión en sí, sino la inclusión de refuerzos celestiales. En un movimiento que mezcla lo divino y lo terrenal, la titular de la Segob informó que la Conferencia del Episcopado Mexicano, varios obispos de Michoacán y el monseñor Héctor Mario Pérez se sumaron al diálogo. Porque cuando las balas vuelan y la inseguridad campa a sus anchas, ¿quién mejor para presentar propuestas que un obispo auxiliar? No se sabe si las propuestas incluían oraciones, exorcismos o simplemente una buena dosis de fe en que, esta vez, el plan sí va a funcionar. Es una estrategia audaz: si la coordinación humana falla, siempre podemos probar con la intervención divina.
Al final del día, uno no puede evitar maravillarse ante este ballet burocrático. Un crimen atroz sirve de catalizador para otra ronda de conversaciones, donde todos coinciden en que hay que coordinarse mejor, mientras la situación en el terreno sigue su propio y sangriento guion. Es el eterno ciclo de la política mexicana ante la violencia: hablar de planes, agradecer presencias y esperar que, tal vez, las palabras sean lo suficientemente poderosas como para detener a quienes no las escuchan.
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