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La promesa final en medio de la tragedia de Iztapalapa

La solidaridad emerge entre las cenizas de una tragedia que ha conmocionado a la capital. Un acto de honor en medio del caos.

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Un último ruego en medio del infierno

Ciudad de México.- Porque, claro, en medio de un mar de llamas y con la certeza de que la parca llama a tu puerta, lo realmente importante es que no te confundan con un John Doe cualquiera. Juan Antonio Hernández Betancourt, de 51 años y repartidor de tés (sí, esa bebida caliente que ahora suena a cruel ironía), tuvo el temple –o la desesperación– de suplicarle al policía Alberto Paredes que, por favor, fuera tan amable de guardar su celular y su cartera. “¡No quiero morir como un desconocido!”, le imploraba. Porque en esta vida de likes y identidad digital, hasta el tránsito al más allá necesita una verificación de perfil.

Su viuda, Rosa María, con esa entereza que solo te da el haber planificado un funeral en 72 horas, narró la última conversación que sostuvo con su esposo. Quince minutos después de decirle que estaba atorado en el tráfico cerca del Puente de la Concordia (el eufemismo del año), le volvió a llamar. “Me dice ‘señora, señora, me estoy quemando ya me llevó la chingada despídeme de todos'”. Y uno pensaría que el protocolo de despedida en estas situaciones incluiría un “te amo” o un “cuida a los niños”, pero no, el pánico es un guionista muy malo. Rosa, desde luego, le respondió “Toño, Toño, ¿qué está sucediendo?”. La línea se cortó. Fin de la transmisión.

La carrera contra un reloj de cenizas

¿Qué hace una esposa ante semejante llamada? Llama a un Uber, obviamente. Rosa pidió ayuda a su familia y la llevaron en un vehículo hasta la zona, pero el tráfico post-apocalíptico no cooperó. Así que, en un giro de acción hollywoodense, se bajó del coche en Ermita y se encontró con un chavo en moto. “Acércame lo más que puedas”, le dijo. El anónimo buen samaritano, que probablemente esperaba un viaje a Oxxo y se encontró con una escena de Mad Max, accedió. Al llegar, Rosa vio las botas de su esposo y la puerta abierta del camión. Un detalle macabro para confirmar lo que ya sabía.

Los policías en la zona, esos seres sobrehumanos que deciden arriesgar el pellejo por el salario de un empleado de Starbucks, le informaron que Juan Antonio estaba en el Hospital General 53. Ella, con una energía que solo el desespero provee, corrió el kilómetro de distancia. Y oh, sorpresa, la dejaron entrar inmediatamente a verlo. Porque en las tragedias, a veces el protocolo hospitalario sí hace excepciones para los dramas personales.

Juan Antonio, el hombre que repartía tés y sonrisas, siempre vivió en Santa María Aztahuacán. La noticia de su fallecimiento fue, cómo no, “devastadora para la comunidad”. Rosa lo recuerda como un esposo ejemplar y un hombre solidario. Claro, porque los maridos menos ejemplares suelen sobrevivir a estos eventos por pura mala leche.

El héroe de opereta (pero con final honesto)

Y he aquí el plot twist: el policía Alberto Paredes, en quien el difunto depositó su última esperanza (y sus pertenencias), sí cumplió su palabra. En un mundo donde hasta los políticos prometen y no cumplen, este uniformado hizo lo impensable: les llamó desde el celular de Toño para entregarles sus pertenencias. Les contó que él y otra persona sacaron al esposo de Rosa del camión en llamas. Toño le pidió que sacara sus cosas de la guantera: “no quiero morir como desconocido”. Una solicitud tan vanidosa como profundamente humana.

“El oficial arriesgando su vida le hizo favor de guardar su documentación y estoy sumamente agradecida”, exaltó la viuda. Porque nada dice “gracias” como reconocer que alguien jugó a la ruleta rusa con una pipa explotando para rescatar una cartera y un iPhone.

El balance macabro: cuando los números sí importan

Mientras tanto, en el frío mundo de las estadísticas, la Secretaría de Salud de la Ciudad de México (Sedesa) reportó que el número de fallecidos ascendió a 13. Porque las tragedias necesitan un conteo oficial, para que los titulares sean más impactantes. Hasta la mañana de este sábado se registró el deceso de dos personas más que estaban hospitalizadas. Entre las víctimas, está Alicia Matías, la abuelita que protegió a su nieta de la explosión. Porque incluso en el caos, los instintos maternales (o abuelentes) sobreviven a todo.

“Al corte de las 10:00 horas, lamentamos el fallecimiento de dos personas, con lo que suman 13 en total; se reportan 40 hospitalizadas y 30 dadas de alta”, señaló la Sedesa en su cuenta oficial de X. Porque las redes sociales son el lugar ideal para informar sobre la muerte, entre memes y debates políticos.

La juventud, truncada

Y como si el universo necesitara añadir más dramatismo, el Instituto Politécnico Nacional (IPN) confirmó que José Gabriel Hernández, estudiante del CECyT 7 “Cuauhtémoc”, de apenas 17 años, fue una de las víctimas. Con él, suman ya dos los estudiantes del IPN que han perdido la vida en esta tragedia. Porque el destino a veces elige a sus víctimas con una saña particularmente cruel.

El IPN, en un mensaje en X que mezcla el duelo con la marca institucional, expresó: “Lamentamos profundamente el fallecimiento de nuestro querido alumno José Gabriel Hernández Méndez, del #CECyT7. Acompañamos con respeto y solidaridad a su familia, amistades y comunidad en este doloroso momento. Descanse en paz”. Porque hasta la pena debe ser hashtagueable.

Así, entre actos heroicos, pérdidas absurdas y burocracia, la ciudad intenta recomponerse. Porque la vida, con su humor negro y sus giros inesperados, sigue su curso. Y nosotros, los espectadores, nos quedamos con una pregunta: ¿realmente importa cómo mueres, o solo cómo te recuerdan?

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Trump dice que seguirá en contacto con Machado

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este viernes que planea mantener el contacto con la líder opositora venezolana, María Corina Machado.

Tras su encuentro del jueves en la Casa Blanca, Trump declaró que se trata de una mujer a la que “respeta mucho”. En esa reunión, Machado señaló que le transmitió al mandatario estadounidense que “hoy más del 90% de los venezolanos queremos lo mismo: vivir con libertad, dignidad y justicia”.

Los detalles del encuentro entre Trump y Machado

“Fue un gran honor para mí conocer a María Corina Machado, de Venezuela”, escribió Trump en una publicación en Truth Social. “María me presentó su Premio Nobel de la Paz por el trabajo que he realizado. Un gesto maravilloso de respeto mutuo”.

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Un triste hallazgo en la colonia que duerme entre calles con nombres festivos

El hallazgo de un cuerpo en la calle 23 de diciembre desató el protocolo habitual: cinta amarilla, curiosos y muchas preguntas sin respuesta.

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La muerte llama a la puerta en la calle 23 de diciembre

Ah, la colonia 15 de enero. Un lugar tan festivo que incluso sus calles llevan nombres de fechas célebres. Pero ayer, en la calle 23 de diciembre, el regalo anticipado fue bastante más macabro: el cuerpo sin vida de un hombre. Porque nada dice “espíritu navideño” como encontrar a alguien que ya no respira sobre un colchón en la vía pública.

Los vecinos, esos héroes anónimos del cotilleo barrial, fueron los primeros en notar que algo andaba mal. Su radar de chismes se activó cuando vieron que el individuo en situación de calle que usualmente dormía allí llevaba demasiado tiempo quieto. ¿Estará profundamente dormido o profundamente muerto?, debieron preguntarse. Ante la duda, y demostrando una eficacia envidiable, optaron por lo más sensato: marcar al 911. Más vale prevenir que lamentar, ¿no?

Vecinos del lugar refieren que el hoy occiso es un individuo en situación de calle que comúnmente dormía en esta calle, por lo que se les hizo extraño ver que no se movía.

Así comenzó el circo. Llegaron los paramédicos de la Cruz Roja, confirmaron lo obvio —que efectivamente, estaba muerto— y dieron parte a las autoridades. Porque ese es el protocolo: tú encuentras el cuerpo, nosotros constatamos que es un cuerpo, y luego llamamos a los que se encargarán del cuerpo. Una cadena de mando perfectamente aceitada para gestionar la tragedia.

El despliegue oficial ante lo inevitable

No podían faltar. Los elementos de la Guardia Estatal y la Fiscalía General arribaron al sitio con esa mezcla de solemnidad y rutina que caracteriza estos eventos. Su misión: acordonar el área con esa cinta amarilla que tanto nos fascina y realizar las “indagatorias pertinentes”. ¿Pertinentes para qué? Para determinar, supongo, que un hombre sin hogar fue encontrado muerto en la calle donde solía dormir. Un misterio digno de Sherlock Holmes.

La calle fue cerrada. El tráfico, desviado. Todo debe detenerse mientras se realiza el levantamiento del cadáver y la necropsia de ley. Porque la burocracia de la muerte es implacable: formularios, procedimientos, esperas. Se estima que el cierre durará “un par de horas”, aunque todos sabemos que ese “par” puede estirarse más que un chicle pegado en el pavimento.

Y mientras tanto, ¿qué sabemos? Poco. Que era un hombre. Que aparentemente tenía lesiones en su cuerpo. ¿De qué tipo? No se especifica. Podrían ser desde moretones hasta señales de algo más siniestro. El comunicado oficial es tan vago que da pie a toda clase de especulaciones innecesarias y morbosas. ¿Se cayó? ¿Lo empujaron? ¿Le dio un patatús después de una cena cuestionable recuperada de un contenedor? El silencio oficial es el mejor aliado de la imaginación popular.

Lo más irónico del asunto es el escenario: una colonia llamada 15 de enero, una calle llamada 23 de diciembre. La muerte no respeta calendarios ni nomenclaturas festivas. Se instala donde quiere, incluso entre calles cuyo nombre evoca regalos y propósitos de año nuevo.

Al final del día, queda una pregunta flotando en el aire cargado de indiferencia urbana: ¿cuántas personas deben morir en el anonimato antes de que su paseo sea algo más que una nota policial breve? Hoy fue un hombre sin nombre en la calle 23 de diciembre. Mañana podría ser cualquiera.

¿Esta nota te hizo reflexionar (o por lo menos arquear una ceja)? Compártela con ese amigo al que le gusta comentar las noticias con un tono igualmente cáustico. Y si te interesa estar al tanto del pulso real –y a menudo absurdo– de la ciudad, explora más contenido como este.

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Diplomacia vaticana: reunión clave mientras la visita papal flota en el aire

El embajador en El Vaticano se reúne con Segob mientras la invitación al papa sigue en el limbo. ¿Visita papal o eterna espera?

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La diplomacia mexicana con el Vaticano: mucho protocolo, poca confirmación y un papa en standby

Ahí va la cosa. Este martes, Alberto Barranco Chavarría, nuestro embajador ante la Santa Sede –sí, ese puesto existe y alguien lo tiene–, se sentó con Rosa Icela Rodríguez de Gobernación y Clara Luz Flores de Asuntos Religiosos. La agenda: revisar los asuntos bilaterales. O sea, la relación México-Vaticano, que suena a trama secundaria de una serie política pero aparentemente es importante.

“Siempre respetuosa y constructiva”, dijo Rodríguez sobre la reunión.

Traducción millennial: “Nos llevamos bien, no hubo drama, pero tampoco anunciamos nada espectacular”. Es el equivalente diplomático a poner “✨” en una historia de Instagram.

Pero hablemos de lo que todos queremos saber: ¿Y el papa? ¿Cuándo viene? Porque resulta que la presidenta Claudia Sheinbaum ya le extendió la invitación a León XIV –no confundir con los reyes franceses del pasado– durante una llamada por el Día de la Virgen de Guadalupe. Un movimiento clásico. El problema es que, desde entonces, la confirmación brilla por su ausencia.

El eterno ‘tal vez’ de la visita papal

La semana pasada, Barranco Chavarría estuvo por México para una reunión de embajadores y dejó caer esta perla:

“No hay todavía una respuesta”, dijo el embajador sobre la posible visita.

O sea, ni sí ni no, sino todo lo contrario. El Vaticano tiene a México en “visto”, como ese mensaje importante que nunca contestas. Sheinbaum misma comentó el 15 de diciembre que aún no había fecha. Así que seguimos en modo espera, con la incertidumbre como único plan confirmado.

El contexto importa: Una visita papal no es cualquier cosa. Requiere logística monumental, seguridad extrema y una agenda que equilibre lo espiritual con lo político. Además, León XIV lleva poco tiempo en el cargo –sí, es un nombre curioso para un papa moderno– y probablemente está priorizando otros frentes. Pero para México, especialmente con la devoción guadalupana, sería un evento de primer orden.

Mientras tanto, las reuniones como la de hoy sirven para mantener los canales abiertos. Para asegurar que, cuando (o si) llegue el del Vaticano, todo esté listo. Es diplomacia en su estado más puro: mucha preparación para un evento que puede o no ocurrir.

¿Qué sigue? Seguir esperando. La bola está en la cancha del Vaticano. Mientras tanto, México sigue haciendo su tarea: reuniones formales, declaraciones cuidadosas y ese optimismo cauteloso que caracteriza a las relaciones internacionales cuando hay mucho en juego pero pocas certezas.

¿Te intriga este baile diplomático? Comparte esta nota y hablemos de las relaciones internacionales más inesperadas.

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