La tragedia que las estadísticas no alcanzan a contar
La cifra es un golpe bajo: 168 vidas de mujeres arrancadas en la región de la Montaña de Guerrero entre 2014 y lo que va del año. Pero el número, ya de por sí brutal, es solo la punta del iceberg. El informe “Mujeres de la Montaña, Renacer entre los Filos del Olvido”, del Centro Tlachinollan, expone una verdad aún más cruda: muchos casos nunca se registran como lo que son.
“Los testimonios recabados evidencian niveles extremos de violencia”, denunció Abel Barrera, director del centro, durante la presentación en el Senado. Habló de métodos brutales y un patrón sistemático que pinta un cuadro de horror.
Un Estado ausente cuando más se le necesita
Aquí el drama se multiplica por la desidia. Imagina municipios enteros donde solo tres asesoras jurídicas intentan cubrir las necesidades de justicia de 21 localidades. Es una broma macabra. En lugares como Tlapa de Comonfort, el acceso a la justicia es un espejismo. ¿El resultado? Las mujeres callan, no denuncian, o se endeudan para pagar abogados privados.
Y el guion de esta tragedia tiene más capítulos oscuros. El informe documenta prácticas como el matrimonio forzado infantil y roles de género que encadenan a niñas y jóvenes desde temprana edad. Para muchas, la única salida es migrar o formar familias cuando aún deberían estar en la escuela.
Frente a este panorama desolador, hay un coro que crece: organismos internacionales y legisladores piden a gritos fortalecer la presencia del Estado. No con discursos, sino con acciones concretas en salud, educación y justicia real. Políticas con enfoque diferenciado para proteger los derechos de las mujeres indígenas.
Porque detrás del número 168 hay historias, nombres y familias destrozadas. Y un sistema que, al no verlas, se hace cómplice.




