El “impuesto” no oficial que nadie pidió pero todos pagan
Parece que la delincuencia en México ha decidido diversificar su portafolio de inversiones, y su nueva apuesta estrella es convertirse en el socio silencioso (pero muy, muy caro) de absolutamente todos los negocios. Según el siempre oportuno Banco de México en su Reporte sobre Economías Regionales, los empresarios del país están teniendo que lidiar con un aumento espectacular en robos, extorsiones y asaltos. ¡Qué sorpresa! ¿Acaso alguien pensó que los criminales estaban de vacaciones?
Este auge del sector ilegal no solo está generando pérdidas directas, sino que ha implementado con éxito su propia política inflacionaria: eleva los costos de transporte, encarece los bienes finales y, de yapa, se dedica a ahuyentar al turismo. Porque nada dice “¡Bienvenidos!” como un cartel de “Zona de Alto Riesgo”.
Logística nacional: cuando llegar a destino es una odisea épica
En todas las regiones del país, los empresarios señalan con perplejidad –y seguramente con varias maldiciones– que los asaltos a transportistas han incrementado los gastos hasta niveles absurdos y complican la movilización de carga terrestre hasta el punto de que un viaje de mercancías parece más una misión de comando que una simple ruta de distribución. ¿Quién necesita seguros costosos cuando puedes rezar y llevar un santito en el tablero?
La ironía más exquisita es que este costo operativo extra, este sobreprecio por el “derecho de piso” que impone la delincuencia, termina siendo absorbido maravillosamente por… ¡el consumidor final! Sí, usted, querido lector, está pagando voluntariamente (bueno, sin mucha alternativa) un sobrecosto en cada producto para financiar indirectamente las actividades de quienes le roban al que se lo vende. Es el ciclo virtuoso de la economía criminal.
Mazatlán: el paraíso playero con sabor a riesgo
Pero el caso más pintoresco –si se puede usar ese término para describir un desastre– lo aporta la región centro-norte. Resulta que la inseguridad en Sinaloa ha logrado lo impensable: impactar la comercialización de vivienda turística en Mazatlán. ¿A quién se le ocurre que la fama de una región por su vibrante vida nocturna (y no, no hablamos de los bares) podría disuadir a los turistas de comprar una casita frente al mar? Es un misterio.
Es como si los potenciales compradores extranjeros prefirieran no tener que calcular el tipo de cambio entre dólares y balas. Exagerados. Ahora los desarrolladores inmobiliarios no venden “vistas al océano” sino “ubicaciones estratégicas con protocolos de seguridad incluidos”. Un verdadero valor agregado.
En resumen, el informe de Banxico nos regala esta perla de sabiduría: la actividad criminal es un lastre para la economía. ¡Vaya revelación! Es como descubrir que un elefante en una cacharrería podría causar algunos daños. Lo verdaderamente genial es que todos sabemos lo que está pasando, todos lo sufrimos en el precio del aguacate y todos… seguimos esperando a que la solución sea algo más compleja que “que dejen de robarnos”.
La próxima vez que pague de más por una cerveza, recuerde: una parte de ese dinero es un pequeño tributo a la creatividad empresarial de la delincuencia organizada. ¡Salud!
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