La Sener despliega la alfombra roja (burocrática) para los inversionistas
Parece que el sector eléctrico mexicano está a punto de vivir su propio ‘Black Friday’, pero en lugar de descuentos en televisores, lo que se ofrece son permisos de generación eléctrica con descuento en tiempo de espera. En una jugada que ha dejado a más de uno con la ceja arqueada, la titular de la Secretaría de Energía (Sener), la señora Luz Elena González, se reunió con un grupo de empresarios. ¿El motivo? Promover inversiones en el sector. Porque, claro, ¿qué mejor manera de demostrar que el negocio va en serio que organizando una sesión informativa? No era una fiesta de gala, pero la promesa de “agilizar trámites” debe de ser la nueva banda sonora para seducir al capital.
El plato fuerte del evento fue la presentación de una convocatoria que, según sus palabras, “establece con claridad el mecanismo de atención prioritaria” para los permisos. O sea, han descubierto la sopa de ajo: que la claridad y la rapidez atraen inversión. ¡Quién lo diría! González, con un entusiasmo que casi se puede palpar, invitó a los inversionistas a realizar un “trabajo histórico” con el gobierno. Porque nada dice “historia” como una montaña de formularios y el dulce sonido de los megawatts aprobados.
Los números mágicos y la carroza de las energías renovables
Para que no pensemos que todo son sonrisas y apretones de manos, la funcionaria sacó su varita mágica y reveló los números del espectáculo: los proyectos en cuestión aportarán una capacidad de seis mil megawatts, lo que se traduce en una inversión de aproximadamente siete mil 140 millones de dólares. Una bagatela, vamos. Y, en un giro que no ha sorprendido a absolutamente nadie, la estrella del show es la energía fotovoltaica con 3,790 megawatts, seguida de su prima la energía eólica con 2,100 megawatts. Parece que el sol y el viento son los nuevos influencers de la transición energética.
¿Y cuál es el gran objetivo detrás de este despliegue de cifras? Nada más y nada menos que cumplir con la meta de transición energética de que, al menos, el 38 por ciento de la generación eléctrica provenga de energías renovables para el 2030. Una meta loable, sin duda, que requiere, oh sorpresa, del “apoyo del sector privado“. Porque, al parecer, el gobierno ha decidido que la mejor manera de lograr la transformación profunda del sector es… dejando que otros pongan el dinero. Eso sí, con la promesa de que las resoluciones llegarán en “tiempo récord”. ¿Será que han contratado a Usain Bolt para que lleve los expedientes de una oficina a otra?
González se encargó de subrayar que todo esto se hará con transparencia y con el “interés de la Nación en el centro”. Una frase tan grandilocuente que casi esperas que suene un himno de fondo cada vez que la pronuncia. Priorizarán, nos cuenta, proyectos que aporten confiabilidad y seguridad al Sistema Eléctrico Nacional. O lo que es lo mismo: quieren energía que no se tome vacaciones inesperadas, un concepto revolucionario.
Pero hablemos de los beneficios reales, esos que hacen llorar de emoción a cualquier trámito-adicto. La joya de la corona es la reducción de plazos. Lo que antes tomaba entre seis y ocho meses de peregrinación burocrática, ahora se resolverá, supuestamente, en tres. Desde que la solicitud entra al Cenace hasta el contrato de interconexión. También prometen una sola ventanilla de entrada. Imagínense, ¡una única ventanilla! Es el equivalente burocrático de encontrar una aguja en un pajar… y que la aguja te sonría.
Eso sí, no todo el mundo está invitado a esta fiesta de los permisos. La convocatoria excluye expresamente a los permisos de generación distribuida y autoconsumo. Nada de que cada quien ponga sus paneles solares en el tejado y se declare independiente energéticamente. Aquí se trata de proyectos grandes, para el mercado eléctrico nacional. Los pequeños que se organicen su propia kermés.
Al final de su discurso, González, probablemente con una sonrisa de oreja a oreja, afirmó que toda esta revolución institucional le dará un “horizonte de seguridad de largo plazo a las inversiones”. O, en otras palabras, “señores inversionistas, no tengan miedo, que esta vez sí sabemos lo que hacemos”. Una afirmación que, sin duda, ha sido coreada por todos los gobiernos del mundo desde el inicio de los tiempos.
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