Un guion diplomático escrito a varias manos
Lo que pareció un comentario improvisado del rey Felipe VI en un museo fue, en realidad, el primer acto de una obra cuidadosamente ensayada. Una “operación de Estado” para sanar heridas históricas con México y asegurar su presencia en la próxima Cumbre Iberoamericana en Madrid.
El discurso que no fue casual
Durante una visita a una exposición sobre el México indígena, el monarca conversó con el embajador Quirino Ordaz. Allí, Felipe VI lanzó la línea más esperada y a la vez más polémica:
Subrayó la necesidad de analizar el pasado con rigor histórico, evitando juicios simplistas, aunque admitiendo que en el proceso colonizador existieron excesos que hoy no pueden considerarse motivo de orgullo.
La palabra “abusos” quedó flotando en el aire del Museo Arqueológico Nacional. Pero lejos de ser un desliz real, era un guion aprobado. Fuentes cercanas confirman que existía un conocimiento previo y una coordinación con el Gobierno y el Partido Popular.
El objetivo es claro: recomponer los vínculos institucionales rotos en los últimos años y traer de vuelta a México, ahora bajo el mando de Claudia Sheinbaum, al redil diplomático iberoamericano.
La función divide al reparto político
Como en todo buen drama, las reacciones no se hicieron esperar y mostraron las grietas del elenco gobernante. Mientras Alberto Núñez Feijóo (PP) respaldó sin fisuras al rey, Isabel Díaz Ayuso se salió del libreto.
La presidenta madrileña cargó contra la narrativa, defendiendo a capa y espada el legado español y señalando a las civilizaciones prehispánicas como las principales responsables de abusos. Un golpe de efecto que demostró que, incluso en una obra de Estado, hay actores que prefieren improvisar.
Pese a los rifirrafes internos, tanto La Zarzuela como Génova cerraron filas rápidamente. La comunicación fue fluida porque todos leen del mismo script final: revitalizar una cumbre que ha perdido fuelle y reposicionar a España en Latinoamérica.
Al final, más que un gesto histórico espontáneo, fue una jugada calculada. Un movimiento de ajedrez diplomático donde reconocer sombras del pasado es el precio para ganar influencia en el futuro inmediato. El telón se levantará definitivamente en noviembre en Madrid.




