Análisis de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2025
El doctor David Kershenobich, al frente de la Secretaría de Salud (Ssa), presentó los resultados de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2025 (ENCODAT). Este instrumento estadístico, eje central de la Estrategia por la Paz y Contra las Adicciones, ofrece una radiografía detallada y actualizada de los patrones de consumo de sustancias psicoactivas en la población mexicana. La presentación oficial se llevó a cabo en Palacio Nacional, proporcionando datos cruciales para la formulación de políticas públicas en materia de salud y prevención.
Los hallazgos más significativos apuntan a que la cannabis se mantiene como la sustancia ilícita de mayor prevalencia. Su consumo registró un incremento considerable, pasando de un 9.3% en 2016 a un 13.3% en 2025. Paralelamente, se observa una evolución preocupante en el consumo de otras drogas: los alucinógenos aumentaron del 0.8% al 1.5% en adultos, y los estimulantes de tipo anfetamínico crecieron del 0.9% al 1.6% en el mismo periodo. La vigilancia epidemiológica sobre los opioides es particularmente relevante, dado el contexto de crisis en otras regiones.
En este sentido, Kershenobich destacó una medida regulatoria específica: el Tramadol, un opioide sintético, deberá ser estrictamente recetado, ya que se identifica como un posible factor de inicio en el consumo de este tipo de sustancias. No obstante, ofreció un dato contextual alentador: “A pesar del aumento, sigue siendo un consumo bajo y la prevalencia de fentanilo que también se investigó fue muy baja, 0.2% alguna vez y 0.1% en el último año”.
Tendencias divergentes y el enfoque en poblaciones vulnerables
El informe revela tendencias divergentes según el grupo de edad y la sustancia. Por un lado, el consumo experimental de drogas ilegales en la población general disminuyó del 20.6% al 14.6%, y en adolescentes se redujo significativamente del 6.2% al 4.1%. Por otro lado, el uso indebido de medicamentos de prescripción prácticamente se duplicó, del 1.3% al 2.5%, y el consumo de opioides mostró un aumento notable, del 0.1% al 1.4%.
Entre las conclusiones positivas, se destaca la reducción del consumo de alcohol en adolescentes, un objetivo clave de las políticas sanitarias. Asimismo, se refuerzan las iniciativas para disminuir el consumo en general, con especial atención en las mujeres adultas, un grupo donde las estrategias preventivas requieren enfoques diferenciados.
Un capítulo de especial preocupación es la transición al vapeo en adolescentes. El titular de Salud señaló que este fenómeno se atiende con una combinación de nuevas regulaciones recién aprobadas y campañas educativas continuas. “Seguiremos insistiendo en el riesgo que tiene el cigarro electrónico en la salud mental“, afirmó Kershenobich, vinculando directamente el consumo de nicotina con el bienestar psicológico de los jóvenes.
La ENCODAT 2025 no se limita a cuantificar el consumo; identifica y analiza patrones complejos como la frecuencia, la dependencia, la percepción de riesgo, el acceso a las sustancias y, de manera crítica, su relación con la salud mental y los detonantes sociales. La encuesta, aplicada a una muestra representativa de 19,200 personas de entre 12 y 65 años, subraya que la salud mental es una prioridad, especialmente en la adolescencia, etapa que concentra las mayores vulnerabilidades psicosociales.
Estos datos constituyen una herramienta fundamental para los profesionales de la salud pública, los legisladores y la sociedad en general, permitiendo una comprensión analítica y basada en evidencia de un fenómeno multifacético que impacta directamente la seguridad y el bienestar colectivo.
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