Un nuevo récord para enmarcar (y para pagar)
Parece que el Servicio de Administración Tributaria (SAT) ha encontrado la fórmula mágica que todos buscamos: cómo hacer que el dinero aparezca. Y vaya si ha aparecido. En un despliegue de eficiencia que nos deja a todos boquiabiertos (y un poco más ligeros de cartera), la recaudación fiscal de enero a noviembre de 2025 alcanzó la astronómica cifra de 4 billones 905 mil 415 millones de pesos. Un aumento real del 4.6% comparado con el mismo periodo del año anterior. ¿La clave? Simplemente cobrar más. Brillante estrategia.
Este hito histórico, que seguramente merecerá una placa conmemorativa en alguna oficina gubernamental, contribuyó a que los ingresos totales del erario superaran en un escandaloso (o admirable, depende de qué lado del formulario estés) 102.3% lo autorizado por el Congreso de la Unión. Porque, claro, para qué seguir los presupuestos cuando se puede duplicarlos. La meta para todo el año era captar 5.2 billones de pesos. A este ritmo, podrían terminar financiando una misión a Marte… o quizá solo pagar más subsidios.
El podio de los tributos: ¿Quién aporta más a la fiesta?
En el emocionante ranking de “¿Qué impuesto nos sangra más este año?”, el oro se lo lleva, como un campeón olímpico de la extracción financiera, el Impuesto Sobre la Renta (ISR). Con un crecimiento del 5.1%, acumuló la bonita suma de 2 billones 652 mil 597 millones de pesos. En cristiano, eso son 222 mil 532 millones de pesos más que el año pasado. Una diferencia que seguramente las empresas y contribuyentes notaron con un ligero escalofrío al revisar sus estados de cuenta.
La medalla de plata es para el siempre polémico Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), ese impuesto furtivo que pagas en la gasolina, los cigarrillos y los refrescos, casi sin darte cuenta. Este creció un 4.4%, aportando 617 mil 787 millones de pesos a las arcas públicas. Es decir, 47 mil 775 millones más que en 2024. Uno casi puede escuchar el sonido de las máquinas registradoras del gobierno sonando sin parar.
Y en el tercer puesto, quizá decepcionando a los entusiastas de la fiscalidad agresiva, llegó el Impuesto al Valor Agregado (IVA). Con un modesto (para sus estándares) crecimiento del 1.4%, “solo” logró recaudar 1 billón 369 mil 885 millones de pesos. Una lástima, apenas 68 mil 540 millones de pesos extras por ese concepto. Habrá que esforzarse más el próximo año, querido IVA. Con un poco de empeño, podrías subir más ese porcentaje y hacer que el pan y la leche sean una aventura aún más emocionante en la caja del supermercado.
El cómputo final de esta épica hazaña recaudatoria, bajo el mandato de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, fue de 5 billones 529 mil 814 millones de pesos en ingresos totales para el Gobierno Federal. Un incremento real del 5.9%. En otras palabras, hubo 500 mil 591 millones de pesos más dando vueltas por las tesorerías públicas que el año anterior. Dinero que, sin duda, será utilizado con la máxima pulcritud y sin ningún tipo de controversia, como es tradición en la administración pública.
En resumen, mientras el SAT se frota las manos con un nuevo récord, el contribuyente promedio se frota los ojos, incrédulo, y luego el bolsillo, confirmando que efectivamente está más vacío. Es el ciclo de la vida fiscal: ellos recaudan, nosotros recalculamos. Una simbiosis perfecta, si lo piensas… aunque mejor no pienses mucho, que eso puede generar plusvalía intelectual y no sabemos si está gravada.
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