México se hace viejo, pero con estilo (y comparaciones incómodas)
Parece que en los próximos treinta años, México va a duplicar su colección de adultos en edad de merecer una pensión. ¡Qué emoción! Sin embargo, en el gran concurso de la vejez global, nuestro país va a llegar a la final, pero sin ganar el trofeo. Según los sabios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), mientras en naciones como Bélgica o Grecia la fiesta será de uno a uno (un trabajador por cada jubilado), aquí tendremos una ratio mucho más… ¿tranquila? Para 2054, la economía nacional contará con 31 adultos en edad de percibir una prestación por cada 100 ciudadanos en edad de sudar la gota gorda. Vamos, que no estaremos tan mal… si ignoramos que en España serán 76, en Italia 77 y en Japón alcanzarán la friolera de 80. Al menos no somos los que llevamos la peor parte en este apocalipsis geriátrico.
El Panorama de las Pensiones 2025 del organismo nos pinta un futuro donde, aunque envejecemos, lo hacemos con la calma de quien no tiene prisa. Mientras Japón lidera el ranking actual con 54.9 abuelitos por cada 100 trabajadores, nosotros, junto con Colombia y Turquía, somos los chavos rudos del barrio, con proporciones por debajo de 20. Claro que, para la segunda mitad del siglo, se espera que también nos pongamos nuestras canas. Es como si la vejez fuera un virus de lenta propagación y nosotros tuviéramos un sistema inmunológico peculiarmente resistente.
La jubilación no es lo mismo para todos, sorpresa
Y aquí llega la parte verdaderamente hilarante del asunto: la brecha de género. Porque, ¿qué sería de un sistema de pensiones sin un toque de inequidad bien arraigada? En México, la prestación promedio para un caballero es un 35% mayor que la de una dama, colocándonos en el top five de la desigualdad en la OCDE. Solo nos gana Japón con un espectacular 47%. ¿Las razones? Oh, las de siempre: ellas duran trabajando casi 20 años menos y, por si fuera poco, ganan un 5% menos por el mismo trabajo. Porque aparentemente, en pleno siglo XXI, sigue siendo más costoso ser mujer. Una comedia de enredos, pero sin la parte graciosa.
El Secretario General de la OCDE, Mathias Cormann, con la seriedad que caracteriza a estos profetas de la economía, declaró que el envejecimiento es un “desafío estructural clave”. Vamos, que se nos viene un tsunami plateado que podría reducir el PIB per cápita en un 14% para 2060. Su brillante solución: que trabajemos más años. Porque, claro, vivimos más y con mejor salud, así que ¿por qué no alargar la dicha de la vida laboral? Una idea fantástica, sobre todo para aquellos que sueñan con soplar las velas de su pastel de jubilación en su propio escritorio.
Así las cosas, el futuro nos depara un país con más abuelos, un sistema de pensiones que se tambalea y una desigualdad que se resiste a desaparecer. Un panorama tan esperanzador como un café sin azúcar. Pero hey, al menos no somos Corea del Sur, que pasará de ser el décimo país más joven de la OCDE al más anciano en 2084, con una proporción de edad avanzada que alcanzará el delirante 122%. Eso sí que es envejecer con ganas.
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