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Día Internacional de la Lengua de Señas impulsa la inclusión
Una mirada profunda a las barreras de comunicación y la lucha por los derechos fundamentales de la comunidad sorda a nivel global.
Conmemoración Global por la Inclusión y los Derechos Lingüísticos
Cada 23 de septiembre, la comunidad internacional dirige su mirada hacia la celebración del Día Internacional de la Lengua de Señas, una efeméride crucial que trasciende el simple reconocimiento para posicionarse como un pilar fundamental en la construcción de sociedades genuinamente inclusivas. Esta fecha no solo busca la preservación de estas lenguas, sino que actúa como un recordatorio poderoso de la necesidad imperante de abrir espacios donde la diversidad comunicativa sea valorada y facilitada. Según datos proporcionados por el gobierno de México, la población sorda se enfrenta a una barrera primordial que condiciona toda su existencia: el derecho fundamental a comunicarse en su lengua natural. Esta limitación, aparentemente simple, tiene un efecto cascada que obstaculiza severamente el acceso a derechos humanos básicos, como una educación de calidad, servicios de salud adecuados, oportunidades de empleo dignas y un acceso efectivo a la justicia, restringiendo de forma dramática su participación activa y en igualdad de condiciones en la vida social, económica y política.
La garantía de la comunicación y el acceso a la información a través de la Lengua de Señas se erige, por tanto, no como un lujo o una concesión, sino como una obligación ética y legal para cualquier estado que se precie de ser democrático y respetuoso con los derechos de todos sus ciudadanos. La ausencia de esta garantía perpetúa un ciclo de exclusión y vulnerabilidad que es necesario romper con políticas públicas decididas y una transformación cultural profunda.
Origen, Significado y la Diversidad Lingüística Global
La instauración de este día por parte de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en el año 2018 no fue un acto arbitrario. La fecha conmemora específicamente la fundación de la Federación Mundial de Sordos (WFD) en 1951, una organización que por décadas ha liderado la defensa de los derechos de esta comunidad a nivel global. El establecimiento de esta efeméride subraya el compromiso internacional con la preservación de la rica diversidad lingüística representada en los más de 300 lenguajes de señas documentados en el mundo, cada uno de ellos un sistema lingüístico completo y complejo, con su propia gramática, sintaxis y vocabulario únicos, inseparable de la cultura sorda que le da vida.
El objetivo central de esta conmemoración es concientizar a la ciudadanía, a los gobiernos y a las instituciones sobre la importancia crítica de estas lenguas para la materialización plena de los derechos humanos de las personas sordas. Las estadísticas de la Federación Mundial de Sordos pintan un panorama claro de la magnitud del desafío: se estima que existen aproximadamente 72 millones de personas sordas en todo el planeta, y más del 80% reside en países en desarrollo, donde el acceso a intérpretes calificados, educación bilingüe y tecnologías de apoyo suele ser más limitado. Esta cifra evidencia la urgencia de acciones coordinadas a escala internacional.
La Lengua de Señas Mexicana: Un Puente hacia la Equidad
En el contexto específico de México, el conocimiento y la promoción de la Lengua de Señas Mexicana (LSM) se convierte en un acto de justicia social y un sinónimo de construcción de ciudadanía. Dominar la LSM, o al menos familiarizarse con sus bases, equivale a dotarse de las herramientas necesarias para comunicarse con una parte valiosa de la comunidad, contribuyendo directamente a erradicar la discriminación estructural que afecta a las personas con discapacidad auditiva o del habla. La LSM no es una simple mímica o un código sustituto del español; es una lengua visogestual natural, con una estructura gramatical independiente y una profundidad expresiva que permite transmitir desde conceptos concretos hasta abstracciones complejas.
La apropiación social de la LSM fortalece la interacción y fomenta la creación de entornos verdaderamente accesibles. Pequeños gestos, como aprender a deletrear el nombre propio o dominar señas para palabras cotidianas como “hola”, “gracias”, “por favor” o “¿cómo estás?”, pueden tener un impacto transformador, rompiendo el hielo de la incomunicación y enviando un mensaje claro de respeto y reconocimiento hacia la identidad lingüística de las personas sordas. Este aprendizaje es el primer paso para derribar los muros de la indiferencia y construir puentes de comprensión mutua.
En un análisis más profundo, la lucha por el reconocimiento de las lenguas de señas es paralela a la lucha por los derechos lingüísticos de cualquier comunidad minoritaria. La negación de una lengua es, en esencia, la negación de una forma de ver el mundo. La plena inclusión de la comunidad sorda exige, por un lado, el fortalecimiento de la identidad cultural sorda a través de la valoración de su lengua y, por otro, la implementación de medidas concretas como la educación bilingüe (lengua de señas y lengua escrita del país), la certificación de intérpretes profesionales, la subtitulación y interpretación en medios de comunicación y la accesibilidad en trámites y servicios públicos. El 23 de septiembre sirve como un termómetro para medir nuestros avances y recordarnos que el camino hacia la inclusión total aún requiere de un compromiso colectivo sostenido.
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Trump dice que seguirá en contacto con Machado
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este viernes que planea mantener el contacto con la líder opositora venezolana, María Corina Machado.
Tras su encuentro del jueves en la Casa Blanca, Trump declaró que se trata de una mujer a la que “respeta mucho”. En esa reunión, Machado señaló que le transmitió al mandatario estadounidense que “hoy más del 90% de los venezolanos queremos lo mismo: vivir con libertad, dignidad y justicia”.
Los detalles del encuentro entre Trump y Machado
“Fue un gran honor para mí conocer a María Corina Machado, de Venezuela”, escribió Trump en una publicación en Truth Social. “María me presentó su Premio Nobel de la Paz por el trabajo que he realizado. Un gesto maravilloso de respeto mutuo”.
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Un triste hallazgo en la colonia que duerme entre calles con nombres festivos
El hallazgo de un cuerpo en la calle 23 de diciembre desató el protocolo habitual: cinta amarilla, curiosos y muchas preguntas sin respuesta.
La muerte llama a la puerta en la calle 23 de diciembre
Ah, la colonia 15 de enero. Un lugar tan festivo que incluso sus calles llevan nombres de fechas célebres. Pero ayer, en la calle 23 de diciembre, el regalo anticipado fue bastante más macabro: el cuerpo sin vida de un hombre. Porque nada dice “espíritu navideño” como encontrar a alguien que ya no respira sobre un colchón en la vía pública.
Los vecinos, esos héroes anónimos del cotilleo barrial, fueron los primeros en notar que algo andaba mal. Su radar de chismes se activó cuando vieron que el individuo en situación de calle que usualmente dormía allí llevaba demasiado tiempo quieto. ¿Estará profundamente dormido o profundamente muerto?, debieron preguntarse. Ante la duda, y demostrando una eficacia envidiable, optaron por lo más sensato: marcar al 911. Más vale prevenir que lamentar, ¿no?
Vecinos del lugar refieren que el hoy occiso es un individuo en situación de calle que comúnmente dormía en esta calle, por lo que se les hizo extraño ver que no se movía.
Así comenzó el circo. Llegaron los paramédicos de la Cruz Roja, confirmaron lo obvio —que efectivamente, estaba muerto— y dieron parte a las autoridades. Porque ese es el protocolo: tú encuentras el cuerpo, nosotros constatamos que es un cuerpo, y luego llamamos a los que se encargarán del cuerpo. Una cadena de mando perfectamente aceitada para gestionar la tragedia.
El despliegue oficial ante lo inevitable
No podían faltar. Los elementos de la Guardia Estatal y la Fiscalía General arribaron al sitio con esa mezcla de solemnidad y rutina que caracteriza estos eventos. Su misión: acordonar el área con esa cinta amarilla que tanto nos fascina y realizar las “indagatorias pertinentes”. ¿Pertinentes para qué? Para determinar, supongo, que un hombre sin hogar fue encontrado muerto en la calle donde solía dormir. Un misterio digno de Sherlock Holmes.
La calle fue cerrada. El tráfico, desviado. Todo debe detenerse mientras se realiza el levantamiento del cadáver y la necropsia de ley. Porque la burocracia de la muerte es implacable: formularios, procedimientos, esperas. Se estima que el cierre durará “un par de horas”, aunque todos sabemos que ese “par” puede estirarse más que un chicle pegado en el pavimento.
Y mientras tanto, ¿qué sabemos? Poco. Que era un hombre. Que aparentemente tenía lesiones en su cuerpo. ¿De qué tipo? No se especifica. Podrían ser desde moretones hasta señales de algo más siniestro. El comunicado oficial es tan vago que da pie a toda clase de especulaciones innecesarias y morbosas. ¿Se cayó? ¿Lo empujaron? ¿Le dio un patatús después de una cena cuestionable recuperada de un contenedor? El silencio oficial es el mejor aliado de la imaginación popular.
Lo más irónico del asunto es el escenario: una colonia llamada 15 de enero, una calle llamada 23 de diciembre. La muerte no respeta calendarios ni nomenclaturas festivas. Se instala donde quiere, incluso entre calles cuyo nombre evoca regalos y propósitos de año nuevo.
Al final del día, queda una pregunta flotando en el aire cargado de indiferencia urbana: ¿cuántas personas deben morir en el anonimato antes de que su paseo sea algo más que una nota policial breve? Hoy fue un hombre sin nombre en la calle 23 de diciembre. Mañana podría ser cualquiera.
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Diplomacia vaticana: reunión clave mientras la visita papal flota en el aire
El embajador en El Vaticano se reúne con Segob mientras la invitación al papa sigue en el limbo. ¿Visita papal o eterna espera?
La diplomacia mexicana con el Vaticano: mucho protocolo, poca confirmación y un papa en standby
Ahí va la cosa. Este martes, Alberto Barranco Chavarría, nuestro embajador ante la Santa Sede –sí, ese puesto existe y alguien lo tiene–, se sentó con Rosa Icela Rodríguez de Gobernación y Clara Luz Flores de Asuntos Religiosos. La agenda: revisar los asuntos bilaterales. O sea, la relación México-Vaticano, que suena a trama secundaria de una serie política pero aparentemente es importante.
“Siempre respetuosa y constructiva”, dijo Rodríguez sobre la reunión.
Traducción millennial: “Nos llevamos bien, no hubo drama, pero tampoco anunciamos nada espectacular”. Es el equivalente diplomático a poner “✨” en una historia de Instagram.
Pero hablemos de lo que todos queremos saber: ¿Y el papa? ¿Cuándo viene? Porque resulta que la presidenta Claudia Sheinbaum ya le extendió la invitación a León XIV –no confundir con los reyes franceses del pasado– durante una llamada por el Día de la Virgen de Guadalupe. Un movimiento clásico. El problema es que, desde entonces, la confirmación brilla por su ausencia.
El eterno ‘tal vez’ de la visita papal
La semana pasada, Barranco Chavarría estuvo por México para una reunión de embajadores y dejó caer esta perla:
“No hay todavía una respuesta”, dijo el embajador sobre la posible visita.
O sea, ni sí ni no, sino todo lo contrario. El Vaticano tiene a México en “visto”, como ese mensaje importante que nunca contestas. Sheinbaum misma comentó el 15 de diciembre que aún no había fecha. Así que seguimos en modo espera, con la incertidumbre como único plan confirmado.
El contexto importa: Una visita papal no es cualquier cosa. Requiere logística monumental, seguridad extrema y una agenda que equilibre lo espiritual con lo político. Además, León XIV lleva poco tiempo en el cargo –sí, es un nombre curioso para un papa moderno– y probablemente está priorizando otros frentes. Pero para México, especialmente con la devoción guadalupana, sería un evento de primer orden.
Mientras tanto, las reuniones como la de hoy sirven para mantener los canales abiertos. Para asegurar que, cuando (o si) llegue el sí del Vaticano, todo esté listo. Es diplomacia en su estado más puro: mucha preparación para un evento que puede o no ocurrir.
¿Qué sigue? Seguir esperando. La bola está en la cancha del Vaticano. Mientras tanto, México sigue haciendo su tarea: reuniones formales, declaraciones cuidadosas y ese optimismo cauteloso que caracteriza a las relaciones internacionales cuando hay mucho en juego pero pocas certezas.
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