El narcolaboratorio que olía a problema (y a químicos tóxicos)
Imagínense esto: estás en tu pueblo tranquilo en Hidalgo, disfrutando del aire fresco de la montaña, cuando de repente… ¡BAM! Un olor que parece mezcla de química de secundaria y fracaso existencial invade tu nariz. Así fue como empezó todo. Los vecinos de San Pedro Tlachichilco, hartos de respirar lo que parecía el perfume de Walter White, decidieron avisar a las autoridades. Y, oh sorpresa, no era una fábrica de jabones artesanales.
En un operativo que combinó fuerzas federales, estatales y municipales (sí, hasta el policía que normalmente duerme en su patrulla se animó), lograron dar con un narcolaboratorio escondido en lo más intrincado del bosque. Para llegar, tuvieron que sortear un terreno tan complicado que hasta los guías de Google Maps se rindieron. Dos días les tomó llegar, lo que nos hace preguntar: ¿no había un atajo o es que los narcos también son fans del senderismo extremo?
El botín: de químicos a vehículos robados (porque el crimen no descansa)
Cuando finalmente llegaron, encontraron un set de filmación digno de Breaking Bad: nueve casas de campaña (porque nada dice “laboratorio clandestino” como acampar en el monte), tres ollas de peltre de 50 litros (para cocinar la metanfetamina y, de paso, un pozole gigante), 600 metros de manguera (¿estaban irrigando droga?) y 16 tinacos de plástico. Vamos, que hasta los narcos reciclan.
Pero lo mejor fue el producto terminado: 6.6 kilos de metanfetamina granulada (suficiente para una fiesta… o para arruinar varias vidas) y 120 litros de la versión líquida (por si alguien quería drogarse y hidratarse al mismo tiempo). Además, decomisaron cinco vehículos robados (porque el crimen organizado también necesita transporte), un fusil de asalto (para esos días particularmente estresantes) y dos chalecos tácticos (que, seamos honestos, probablemente eran de AliExpress).
Y como en toda buena redada, hubo detenidos: dos sujetos, uno alias “El Pochongo” (sí, como el refresco) y otro con antecedentes penales (porque la originalidad no es el fuerte del crimen organizado). Aunque eran de Hidalgo, el modus operandi y los químicos tenían sello Sinaloa, porque hasta en el narcotráfico hay franquicias.
¿Moraleja? Si hueles algo raro en el bosque, no es un nuevo perfume de Calvin Klein. Mejor llama a las autoridades antes de que tu barrio se convierta en el nuevo Albuquerque.
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