El Gran Plan: 80 Eventos para una Nación que Prefiere el Fútbol en la Tele
Parece que la Conade, en un arrebato de ambición olímpica, ha decidido que la mejor manera de prepararse para el Mundial de Fútbol 2026 no es, digamos, arreglar canchas públicas o fomentar ligas locales de manera constante, sino organizar la cantidad bíblica de setenta y cuatro mundialitos y seis copas nacionales. Sí, leyó bien. Setenta y cuatro. Una cifra tan específica que uno se pregunta si no incluirá un “Mundialito de la Tía que Mejor Cocina” y otro de “Fútbol con Chanclas”. Al mando de esta hazaña logística está Rommel Pacheco, quien, en la ya tradicional conferencia matutina, desgranó este plan que promete abarcar todas las etapas de formación. Porque, claramente, lo que le faltaba al deporte mexicano era más burocracia involucrada.
Las seis copas suenan como el elenco de una película de superhéroes deportivos: la Copa Conade (la obvia), la Copa Paralímpica (loable y necesaria), la Copa de Barrio (para los que juegan con el perro de portero), la Copa de las y los Trabajadores (para desestresarse después del jale), la Copa Edad Media (¿para quienes ya sienten los estirones?) y la Copa Edad de Oro (donde el único sprint es para alcanzar el Metamucil). Según Pacheco, esta red se convertirá en un legado para millones de mexicanos. Uno casi puede escuchar el suspiro colectivo de esperanza… mezclado con el crujido de papeles de un trámite infinito.
Las Matemáticas de la Gloria: 6.2 Millones de Futuros Crack
La estructura completa, nos cuentan con una precisión que haría llorar a un contador, tendrá un alcance estimado de 6.2 millones de participantes. ¿Cómo llegaron a ese decimal tan exacto? ¿Usaron una bola de cristal o simplemente multiplicaron el número de mexicanos por la probabilidad de que a alguien le guste patear un balón? La fiesta comenzará y terminará en el Estadio Olímpico Universitario, porque qué mejor lugar para un legado que un estadio que ya es un legado en sí mismo. La convocatoria se abrirá en conade.gob.mx entre finales de diciembre y principios de enero, justo para que “apuntarse a un mundialito” sea tu propósito de Año Nuevo.
Pero la Conade no está sola en esta cruzada. En un movimiento de solidaridad interinstitucional, el IMSS, dirigido por Zoé Robledo</strong, se subió al carro de los mundialitos. Por supuesto, con un toque único: se enfocarán en disciplinas y poblaciones que el fútbol convencional ignora. Porque nada dice "aprovechar el impulso del Mundial" como organizar eventos donde, literalmente, está prohibido correr.
Un Menú de Mundialitos para Todos los Gustos (y Capacidades)
El Mundialito IMSS Mujeres de Futsal busca impulsar el talento femenil en una modalidad que, irónicamente, nació por la falta de espacios grandes. Participarán 181 equipos Sub-21, lo que significa más de 1,200 jugadoras demostrando que el futuro del fútbol no es solo cosa de hombres. Se jugará del 1 de febrero al 29 de marzo en 124 Centros de Seguridad Social. Perfecto para que, después del partido, una pueda checarse la presión arterial.
Luego está la joya de la corona: el Mundialito de Fútbol Sin Correr. Enfocado en personas mayores de 50 años o con movilidad reducida, donde la regla principal es, gloriosamente, no correr. Tampoco hay choques, entradas fuertes ni remates de cabeza. Básicamente, es el anti-fútbol. O como lo llamaríamos coloquialmente: “la pachanga del domingo”. Se disputará del 5 de abril al 3 de mayo. El sueño de todo aquel que cree que el fútbol es un deporte de contacto.
Para no dejar a nadie fuera, el Mundialito IMSS 21 para niñas y niños con síndrome de Down promueve la seguridad e integración con 58 equipos. Un evento tan commendable que hasta el sarcasmo se toma un descanso para aplaudir.
Y como todo gran plan necesita un toque de drama internacional, llega la Street Child World Cup 2026, dedicada a niñas y niños en situación de vulnerabilidad extrema. Participarán 30 equipos de 24 países en el Centro Vacacional Oaxtepec. Un recordatorio poderoso de que el fútbol puede ser un refugio, una esperanza y una herramienta de transformación social real, que trasciende por completo la retórica burocrática.
Así que ya lo sabe, México se prepara para una invasión de balones, convocatorias y promesas de un legado eterno. ¿Lograrán que este torrente de actividad se convierta en una verdadera cultura deportiva de alto rendimiento y acceso universal, o simplemente será el más épico de los fuegos artificiales institucionales? El tiempo, y los resultados en las canchas de todo el país, lo dirán.
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