Nacional
Café y cacao en Chiapas sucumben al clima
Los productores del sur enfrentan un panorama desolador con lluvias extremas y plagas que amenazan su sustento y tradiciones.
El drama del campo chiapaneco: cuando el clima se volvió el peor enemigo
Imaginen esta escena digna de una película apocalíptica de Netflix, pero sin presupuesto para efectos especiales: en la neblina de los bosques del sur de Chiapas, al límite con Guatemala, dos de los protagonistas de nuestros antojos mañaneros –el café y el cacao– están en terapia intensiva. Los agricultores, esos héroes anónimos que mantienen nuestra adicción a la cafeína, ya no pueden predecir si va a llover o hacer sol. Su vida se ha convertido en un TikTok del caos climático, donde las lluvias torrenciales, el granizo y las plagas son los trendings topics no deseados.
Y mientras nosotros pagamos un ojo de la cara por un flat white con leche de avena, los que cultivan el preciado grano no ven el fruto de su trabajo literalmente. Los que se resisten a emigrar a la ciudad –porque, seamos honestos, cambiar el campo por un call center no es exactamente un upgrade– asisten a lo que podríamos llamar “clases de supervivencia agrícola”, donde aprenden a adaptarse a un planeta que parece haberse vuelto loco.
Un futuro amargo para tus antojos dulces
La situación es tan grave que un estudio de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Zurich –sí, los suizos también están preocupados por nuestro café– pronostica que las regiones aptas para cultivar cafetales podrían reducirse hasta un 50% a nivel global en los próximos 30 años. Para el cacao, el panorama es igual de desolador. Estos frutos son como ese amigo sensible que no aguanta ni un grado de más: cualquier aumento de temperatura disminuye drásticamente su rendimiento.
La ironía suprema es que en Chiapas no les preocupa la falta de agua, sino el exceso. La temporada de lluvias se ha vuelto tan impredecible como los algoritmos de Instagram, haciendo casi imposible saber cuándo sembrar para que las gotas no arruinen las flores antes de que sean polinizadas. La humedad no solo impide secar los frutos, sino que atrae hongos que desatan plagas dignas de una película de terror. Para completar el drama, los deslaves aíslan a las comunidades y las dejan a merced de los “coyotes”, esos intermediarios usureros que aprovechan la vulnerabilidad ajena como si fuera una oportunidad de negocio en Shark Tank.
Escuelas de campo: el último recurso contra el apocalipsis cafetalero
Frente a este escenario distópico, la Organización Internacional de Migraciones de la ONU ha desarrollado un programa de escuelas de campo para asesorar a los productores. Adriana Rodríguez, bióloga y coordinadora del proyecto, lo explica con la crudeza de quien ve el problema de cerca: “El cambio climático es un factor confuso y abstracto más entre los problemas que enfrentan las comunidades”. Los pueblos del sur lidian con realidades más tangibles: la pobreza, la pérdida generacional de trabajadores del campo, la inseguridad en zonas disputadas por grupos armados y, por si fuera poco, los desastres naturales.
Rodríguez detalla: “Hace tres semanas tuvimos una lluvia muy intensa. Hubo mucho lodo y quedaron comunidades incomunicadas. Las zonas más altas, donde crece el café, tienen más riesgo porque son terrenos muy pronunciados y degradados por la deforestación”. El círculo vicioso se completa cuando, ante el aumento de temperatura, los productores deben buscar el frío en zonas más altas para sembrar, lo que eleva el costo de transportar las cajas montaña abajo. “Con todos los riesgos climáticos que enfrentan, ya no les rinde”, lamenta.
En el ejido de La Trinidad, en las faldas del volcán Tacaná, el proyecto ha reunido a varios agricultores. Las calles están repletas de árboles de café que crecen silvestres, mostrando esas cerezas rojas que tanto anhelamos en forma de latte. Aquí aprenden a preparar mesas de secado, una tecnología simple pero revolucionaria que evita que el café se llene de hongos o fermente al dejarlo al sol en el suelo. Esta técnica les permite vender el café seco, mucho más redituable que venderlo con la pulpa.
A pocos metros, las manos curtidas de Edna Morales González, una agricultora de 63 años, prepara alimentos para la actividad. Su historia es el reflejo de la adaptación forzada: desde que la plaga de la broca arrasó su cultivo de Arábica, decidió plantar solo Robusta, más resistente pero menos demandado y, por lo tanto, peor pagado. “Le invertimos todo lo que tenemos al cultivo, a sembrar, a podar, a limpiar el terreno y a los insumos. Pero muchas veces apenas vemos ganancias”, asegura. En estos talleres ha aprendido a fabricar sus propios fertilizantes y fumigadores, un pequeño acto de rebelión contra las grandes empresas que dominan el mercado.
Esta crisis nos recuerda que detrás de cada taza de café o tableta de chocolate hay una batalla contra elementos cada vez más hostiles. La próxima vez que disfrutes tu dosis mañanera, recuerda que su existencia pende de un hilo, sostenida por las manos de quienes resisten en primera línea del cambio climático.
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Nacional
Un triste hallazgo en la colonia que duerme entre calles con nombres festivos
El hallazgo de un cuerpo en la calle 23 de diciembre desató el protocolo habitual: cinta amarilla, curiosos y muchas preguntas sin respuesta.
La muerte llama a la puerta en la calle 23 de diciembre
Ah, la colonia 15 de enero. Un lugar tan festivo que incluso sus calles llevan nombres de fechas célebres. Pero ayer, en la calle 23 de diciembre, el regalo anticipado fue bastante más macabro: el cuerpo sin vida de un hombre. Porque nada dice “espíritu navideño” como encontrar a alguien que ya no respira sobre un colchón en la vía pública.
Los vecinos, esos héroes anónimos del cotilleo barrial, fueron los primeros en notar que algo andaba mal. Su radar de chismes se activó cuando vieron que el individuo en situación de calle que usualmente dormía allí llevaba demasiado tiempo quieto. ¿Estará profundamente dormido o profundamente muerto?, debieron preguntarse. Ante la duda, y demostrando una eficacia envidiable, optaron por lo más sensato: marcar al 911. Más vale prevenir que lamentar, ¿no?
Vecinos del lugar refieren que el hoy occiso es un individuo en situación de calle que comúnmente dormía en esta calle, por lo que se les hizo extraño ver que no se movía.
Así comenzó el circo. Llegaron los paramédicos de la Cruz Roja, confirmaron lo obvio —que efectivamente, estaba muerto— y dieron parte a las autoridades. Porque ese es el protocolo: tú encuentras el cuerpo, nosotros constatamos que es un cuerpo, y luego llamamos a los que se encargarán del cuerpo. Una cadena de mando perfectamente aceitada para gestionar la tragedia.
El despliegue oficial ante lo inevitable
No podían faltar. Los elementos de la Guardia Estatal y la Fiscalía General arribaron al sitio con esa mezcla de solemnidad y rutina que caracteriza estos eventos. Su misión: acordonar el área con esa cinta amarilla que tanto nos fascina y realizar las “indagatorias pertinentes”. ¿Pertinentes para qué? Para determinar, supongo, que un hombre sin hogar fue encontrado muerto en la calle donde solía dormir. Un misterio digno de Sherlock Holmes.
La calle fue cerrada. El tráfico, desviado. Todo debe detenerse mientras se realiza el levantamiento del cadáver y la necropsia de ley. Porque la burocracia de la muerte es implacable: formularios, procedimientos, esperas. Se estima que el cierre durará “un par de horas”, aunque todos sabemos que ese “par” puede estirarse más que un chicle pegado en el pavimento.
Y mientras tanto, ¿qué sabemos? Poco. Que era un hombre. Que aparentemente tenía lesiones en su cuerpo. ¿De qué tipo? No se especifica. Podrían ser desde moretones hasta señales de algo más siniestro. El comunicado oficial es tan vago que da pie a toda clase de especulaciones innecesarias y morbosas. ¿Se cayó? ¿Lo empujaron? ¿Le dio un patatús después de una cena cuestionable recuperada de un contenedor? El silencio oficial es el mejor aliado de la imaginación popular.
Lo más irónico del asunto es el escenario: una colonia llamada 15 de enero, una calle llamada 23 de diciembre. La muerte no respeta calendarios ni nomenclaturas festivas. Se instala donde quiere, incluso entre calles cuyo nombre evoca regalos y propósitos de año nuevo.
Al final del día, queda una pregunta flotando en el aire cargado de indiferencia urbana: ¿cuántas personas deben morir en el anonimato antes de que su paseo sea algo más que una nota policial breve? Hoy fue un hombre sin nombre en la calle 23 de diciembre. Mañana podría ser cualquiera.
¿Esta nota te hizo reflexionar (o por lo menos arquear una ceja)? Compártela con ese amigo al que le gusta comentar las noticias con un tono igualmente cáustico. Y si te interesa estar al tanto del pulso real –y a menudo absurdo– de la ciudad, explora más contenido como este.
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Diplomacia vaticana: reunión clave mientras la visita papal flota en el aire
El embajador en El Vaticano se reúne con Segob mientras la invitación al papa sigue en el limbo. ¿Visita papal o eterna espera?
La diplomacia mexicana con el Vaticano: mucho protocolo, poca confirmación y un papa en standby
Ahí va la cosa. Este martes, Alberto Barranco Chavarría, nuestro embajador ante la Santa Sede –sí, ese puesto existe y alguien lo tiene–, se sentó con Rosa Icela Rodríguez de Gobernación y Clara Luz Flores de Asuntos Religiosos. La agenda: revisar los asuntos bilaterales. O sea, la relación México-Vaticano, que suena a trama secundaria de una serie política pero aparentemente es importante.
“Siempre respetuosa y constructiva”, dijo Rodríguez sobre la reunión.
Traducción millennial: “Nos llevamos bien, no hubo drama, pero tampoco anunciamos nada espectacular”. Es el equivalente diplomático a poner “✨” en una historia de Instagram.
Pero hablemos de lo que todos queremos saber: ¿Y el papa? ¿Cuándo viene? Porque resulta que la presidenta Claudia Sheinbaum ya le extendió la invitación a León XIV –no confundir con los reyes franceses del pasado– durante una llamada por el Día de la Virgen de Guadalupe. Un movimiento clásico. El problema es que, desde entonces, la confirmación brilla por su ausencia.
El eterno ‘tal vez’ de la visita papal
La semana pasada, Barranco Chavarría estuvo por México para una reunión de embajadores y dejó caer esta perla:
“No hay todavía una respuesta”, dijo el embajador sobre la posible visita.
O sea, ni sí ni no, sino todo lo contrario. El Vaticano tiene a México en “visto”, como ese mensaje importante que nunca contestas. Sheinbaum misma comentó el 15 de diciembre que aún no había fecha. Así que seguimos en modo espera, con la incertidumbre como único plan confirmado.
El contexto importa: Una visita papal no es cualquier cosa. Requiere logística monumental, seguridad extrema y una agenda que equilibre lo espiritual con lo político. Además, León XIV lleva poco tiempo en el cargo –sí, es un nombre curioso para un papa moderno– y probablemente está priorizando otros frentes. Pero para México, especialmente con la devoción guadalupana, sería un evento de primer orden.
Mientras tanto, las reuniones como la de hoy sirven para mantener los canales abiertos. Para asegurar que, cuando (o si) llegue el sí del Vaticano, todo esté listo. Es diplomacia en su estado más puro: mucha preparación para un evento que puede o no ocurrir.
¿Qué sigue? Seguir esperando. La bola está en la cancha del Vaticano. Mientras tanto, México sigue haciendo su tarea: reuniones formales, declaraciones cuidadosas y ese optimismo cauteloso que caracteriza a las relaciones internacionales cuando hay mucho en juego pero pocas certezas.
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Banca mexicana registra desaceleración en sus utilidades
Las ganancias del sector bancario muestran una ligera contracción real, en línea con el enfriamiento de la economía nacional.
Los números están sobre la mesa y pintan un panorama claro: el dinamismo del sector bancario mexicano está perdiendo fuelle. De enero a noviembre del año pasado, las utilidades de la banca que opera en el país sumaron 278 mil 106 millones de pesos. La cifra, aunque monumental, esconde un detalle crucial: una ligera reducción del 0.7% en términos reales comparada con el mismo periodo del año anterior, según los datos más recientes de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV).
Lo que más preocupa a los analistas no es solo esa caída marginal, sino la tendencia. El sector encadena tres meses consecutivos de desaceleración, una señal de enfriamiento que va perfectamente acompasada con el ritmo más lento de la economía mexicana en su conjunto. Parece que, por fin, el ciclo económico está alcanzando a los gigantes financieros.
El impacto del contexto económico en el crédito
Las principales instituciones ya lo venían advirtiendo. A lo largo del año, ejecutivos del sector comentaron que un menor desempeño de la economía se traduciría, inevitablemente, en un menor dinamismo para la banca. La pregunta clave era: ¿hasta qué punto? Los datos de cartera vigente ofrecen una primera respuesta. Al cierre de noviembre, el total de créditos vigentes alcanzó los 8 billones 59 mil 422 millones de pesos, lo que representa un crecimiento real anual del 2.42%. Un avance, sí, pero modesto.
A pesar de este entorno, las autoridades mantienen un tono cautelosamente optimista. Como señaló Emilio Romano, presidente de la Asociación de Bancos de México (ABM):
“Estamos esperando que a cierre de 2025, crezca el crédito a niveles de 4.3% real, 8.3% nominal, y esto con un crecimiento económico del PIB del 0.3% es una gran noticia”.
Esta declaración subraya un esfuerzo por resaltar la resiliencia del sector y su compromiso continuo de financiar tanto al sector productivo como al consumo familiar. Sin embargo, otra métrica crucial emite una señal amarilla: el Índice de Morosidad del sistema se ubicó en noviembre en 2.25%, un aumento de 0.20 puntos porcentuales respecto al mismo periodo del año anterior. Este repunte sugiere que las tensiones económicas comienzan a reflejarse en la capacidad de pago de algunos clientes.
Detrás del agregado: un mosaico de resultados dispares
Al desglosar las cifras por institución, se aprecia que no todos los bancos navegan las mismas aguas. El liderazgo absoluto lo mantiene BBVA México, cuyas utilidades sumaron 90 mil 467 millones de pesos, con un sólido crecimiento real anual del 3.11%. Este resultado le permite acaparar por sí solo el 32.5% del resultado neto total del sistema, consolidando una posición dominante.
La segunda plaza es para Banorte, con ganancias por 42 mil 595 millones, aunque aquí el viento es contrario: registró una caída real del 2.41%. Aún así, conserva una participación robusta del 15.3%.
El podio lo completa Santander, con un desempeño positivo notable: utilidades por 28 mil 866 millones y una variación real anual positiva del 5.12%.
Más abajo en la lista, los movimientos son más bruscos:
- Inbursa reportó una contracción real severa del 11.76% en sus utilidades (20 mil 436 millones).
- Banamex, con 15 mil 238 millones, presenta un caso especial sin comparación anual debido a su reciente desincorporación de Citi.
- Entre los mayores decrecimientos destacan Scotiabank (-12.62%) y especialmente Banco del Bajío, cuya utilidad cayó un significativo 17.16%.
- En el lado opuesto sobresale HSBC, que logró uno de los crecimientos más vigorosos: sus ganancias aumentaron un 17.53% real anual, alcanzando los 7 mil 896 millones.
- Cierra el ‘top ten’ Banregio, con una ligera disminución real del 1.48% (5 mil 898 millones).
Este mosaico revela que la desaceleración no es uniforme. Mientras algunos actores logran capear el temporal e incluso crecer con fuerza—como HSBC—otros enfrentan desafíos mayores para mantener su rentabilidad en un entorno macroeconómico más complejo y con una morosidad al alza.
El mensaje final es claro: después de años de bonanza excepcional, la banca mexicana entra en una fase de normalización y ajuste fino a la realidad económica nacional.
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