La “perla del Pacífico” brilla… entre cadáveres
Evelyn Salgado, gobernadora de Guerrero, decidió inaugurar la Semana Santa con un optimismo digno de un meme de “esto está bien” mientras su ciudad ardía. Mientras ella tuitaba a las 7:00 AM sobre la llegada del crucero Norwegian Jade —porque nada dice “vacaciones paradisíacas” como un barco lleno de turistas que ignoran el caos—, en la colonia Rubén Jaramillo, a solo 10 minutos del puerto, unos amables vecinos regalaban a la comunidad un cuerpo desmembrado desde un auto en movimiento. ¿Detalles macabros? Disparos al aire de cortesía incluidos. Clásico.
Turismo de alto riesgo (literal)
Mientras los pasajeros del crucero bajaban a tomar fotos para Instagram, Acapulco sumaba seis ejecuciones en un solo día. Dos días después, la cifra subía a 12. Entre las víctimas: taxistas, un anciano que se negó a pagar “derecho de piso” (spoiler: el precio fue su vida) y un padre asesinado frente a sus hijos. Pero hey, ¡al menos el mercado Miguel Alemán reabrió! La alcaldesa Abelina López, en modo “esto no está pasando”, celebró la rehabilitación como si fuera un logro comparable a detener el crimen. Prioridades, ¿no?
El miércoles, las autoridades organizaron una mesa de “construcción de paz” (léase: reunión para fotos oficiales). Mientras tanto, los taxistas —cansados de ser blancos móviles— bloquearon la carretera con ataúdes y un mensaje para Salgado: “Narcogobernadora, estás acabando con el Estado”. La respuesta del universo: asesinar a otro taxista horas después. ¿Conclusión? Acapulco no es un destination wedding, es un destination funeral.
¿Te indigna? Comparte esta realidad que no sale en los folletos turísticos. O mejor aún, explora más historias sobre cómo el crimen está cambiando el rostro de México. #AcapulcoNoEsBroma




