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Internacional

Un vistazo dramático a la Gaza devastada bajo estricta supervisión militar

Un recorrido militar revela la devastación absoluta y los secretos ocultos bajo los escombros de una ciudad que lucha por sobrevivir.

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El Eco de una Ciudad que se Desmorona

En el corazón de una pesadilla urbana donde el silencio solo es interrumpido por el crujir de la destrucción, un vehículo blindado israelí avanza con una determinación feroz por las calles desoladas de un vecindario convertido en polvo y memoria. La cámara de video de un soldado, un ojo electrónico e implacable, escudriña entre las sombras de un edificio cercano, reducido a un esqueleto de concreto, y detecta figuras inmóviles. Es un momento cargado de una tensión eléctrica; el motor del blindado ruge como una bestia herida antes de continuar su travesía por un paisaje apocalíptico. Este no es un simple recorrido; es una inmersión forzada en el epicentro de una tragedia que ha conmocionado al mundo, un vistazo limitado y controlado a un territorio donde la vida se aferra con desesperación entre las ruinas.

Más adelante, la caravana militar se detiene frente a un hospital fantasma, una institución que en otro tiempo simbolizó la esperanza y que ahora yace vacía bajo la sombra de la desconfianza. Un funcionario de alto rango, cuya identidad se oculta tras el velo del anonimato que imponen las estrictas reglas castrenses, susurra una acusación que resuena como un trueno: los soldados han descubierto un túnel clandestino utilizado por Hamás, una serpiente de cemento que se enroscaba adyacente a las salas de curación. Este viernes, el ejército israelí transformó a un grupo de periodistas internacionales en testigos involuntarios de su nueva y contundente ofensiva en la Ciudad de Gaza, el objetivo central de una campaña destinada a erradicar a la milicia. Fue una visión inusual, un vistazo coreografiado a un territorio devastado por casi dos años de un conflicto implacable que ha segado las vidas de decenas de miles de palestinos.

La narrativa de la catástrofe se intensificó en agosto, cuando un coro de expertos internacionales declaró, con voces cargadas de alarma, que la ciudad había caído en las garras de una hambruna devastadora. Sus advertencias pintaban un futuro sombrío, pronosticando que la ofensiva de Israel y el desplazamiento masivo de la población no harían más que avivar las llamas de una crisis humanitaria ya de dimensiones dantescas. Los soldados que escoltaban a los enviados de la prensa describen sus operaciones con un vocabulario de precisión quirúrgica, argumentando que cada movimiento es calculado para minimizar el daño a los no combatientes. Sin embargo, justifican cada acción como un mal necesario para desarraigar a un grupo miliciano que, aunque severamente debilitado, permanece atrincherado, capaz de lanzar ataques letales y de mantener en cautiverio a 48 almas, 48 rehenes cuyo destino pende de un hilo.

Durante dos largos años, Israel ha mantenido una prohibición casi absoluta sobre la entrada de corresponsales extranjeros a Gaza, permitiendo solo estas raras y breves visitas supervisadas por el ejército. Cada imagen, cada palabra que sale de este infierno, está filtrada por el prisma de un estricto control, haciendo de este recorrido no solo un reportaje, sino un testimonio cuidadosamente orquestado de una guerra sin fin.

Los Secretos Bajo los Escombros

El acceso a esta ciudad moribunda se realiza a través del corredor de Netzarim, una cicatriz en la tierra que separa el norte del sur de Gaza y que funciona como una zona militar impenetrable. La ruta es un desfile de horror: edificios destruidos se alzan como tumbas gigantescas, montañas de concreto retorcido y hierros que se enredan en un abrazo mortal. Durante las varias horas que duró el trayecto, los signos de vida fueron escasos y fantasmaless, como si la tierra misma hubiera exhalado su último aliento. Al adentrarse en el vecindario de Sabra, el ejército condujo a los periodistas a un punto de observación a escasos cientos de metros del hospital jordano, ahora abandonado a su suerte.

Las fuerzas israelíes presentaron su acusación más grave: afirmaron que Hamás había estado fabricando armas en una sala oculta bajo el hospital, justo mientras los trabajadores jordanos, en la superficie, luchaban por salvar vidas en una de las muchas instalaciones sanitarias que colapsan bajo la presión de los intensos ataques. Rodeado por un mar de destrucción y estructuras colapsadas, el centro médico cerró sus puertas hace apenas dos semanas. Desde uno de sus edificios, lo que parecía ser un tubo sospechoso se extendía hacia un montículo de tierra, que los soldados identificaron como la entrada al túnel subterráneo. A poca distancia, las excavadoras movían montañas de arena mientras el estruendo de los disparos y la artillería componía una sinfonía macabra de fondo.

De los 36 hospitales que alguna vez funcionaron en Gaza, 22 han sido silenciados para siempre y los 14 restantes operan de manera parcial y precaria, según los informes desgarradores de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Israel mantiene su acusación: Hamás utiliza instalaciones de salud como centros de mando y para fines militares, una estrategia que, aseguran, pone en peligro a la población civil. Aunque las pruebas presentadas han sido escasas, se ha documentado la presencia de personal de seguridad de Hamás en los recintos hospitalarios, manteniendo áreas inaccesibles y alimentando la sospecha internacional.

En un momento de dramatismo escalofriante, un soldado mostró a los periodistas videos grabados desde un dron que se aventuró a través del túnel de 1,5 kilómetros de longitud. Las imágenes revelaban pasadizos angostos y claustrofóbicos que conducían a habitaciones secretas; en una de ellas, se podían ver explosivos alineados contra la pared, un arsenal listo para desatar más dolor. Sin embargo, desde el anonimato que otorga la sensibilidad del tema, un funcionario jordano negó con vehemencia que su hospital hubiera sido utilizado por la milicia. The Associated Press, por su parte, admitió que no pudo verificar de manera independiente las afirmaciones del ejército israelí, dejando la verdad flotando en un limbo de incertidumbre y propaganda.

A solo unos cientos de metros del hospital jordano, los soldados de la 36ta división habían establecido su posición en una casa que, según ellos, había sido previamente un bastión de Hamás. El lugar era un caos de fragmentos de vidrio y concreto, con cables colgando del techo como serpientes eléctricas y con instrucciones escritas a mano en hebreo adornando los muros. La advertencia fue clara y aterradora: no acercarse a las ventanas. Los francotiradores enemigos acechaban. Un día antes, el edificio contiguo había recibido el impacto de disparos de francotiradores, un recordatorio sangriento de que la muerte merodea en cada esquina.

Un Futuro Incierto y un Llamado a la Acción

En los días previos al estallido de la guerra, la Ciudad de Gaza era un hogar vibrante para aproximadamente un millón de personas. Hoy, es el blanco de bombardeos regulares israelíes y de operaciones terrestres que han convertido barrios enteros en paisajes lunares. Cientos de miles huyeron, obedientes a las órdenes de evacuación israelíes al inicio del conflicto, pero muchos, desafiando el peligro, regresaron durante un efímero alto al fuego a principios de este año.

Antes de lanzar su última campaña en la ciudad el mes pasado, Israel volvió a advertir a los palestinos que evacuaran hacia el sur. Esta semana, el ministro de Defensa, Israel Katz, lanzó un ultimátum escalofriante: la población tenía una última oportunidad para partir. Quien se quedara, sería considerado un partidario de Hamás. No obstante, el alto funcionario castrense que guiaba a los periodistas el viernes adoptó un tono más mesurado, aunque no menos determinante: “Estamos tratando todos los días de explicar cuán más seguro es ir hacia el sur. Y cuando nos acercamos a áreas con mucha población, nos detenemos y tratamos con otros medios de sacarlos de esta área”.

A pesar de las advertencias, muchos se han negado a abandonar sus hogares. Algunos están financieramente quebrados, incapaces de costear el traslado. Otros están demasiado débiles, física y emocionalmente, para emprender otro éxodo. Y están aquellos que, habiendo sido desplazados una y otra vez, se niegan a ser desarraigados una vez más, aferrándose a los escombros que una vez fueron su vida.

El conflicto se enciende con un origen marcado por la tragedia. Tras el ataque de Hamás a Israel el 7 de octubre de 2023, que dejó aproximadamente 1,200 muertos y 251 secuestrados, Israel lanzó una ofensiva de represalia de una escala colosal. La cifra de víctimas palestinas, según el Ministerio de Salud de Gaza —una entidad parte del gobierno dirigido por Hamás—, supera los 67,000 muertos. Este organismo no distingue entre civiles y combatientes, pero afirma que las mujeres y los niños constituyen alrededor de la mitad de los fallecidos. A pesar de su afiliación, la ONU y una multitud de expertos independientes consideran sus cifras como la estimación más confiable en medio del caos bélico.

En un giro que podría cambiar el curso de los eventos, el ejército de Israel informó el sábado que avanzaría con los preparativos para la primera fase del plan del presidente estadounidense Donald Trump para poner fin a la guerra y lograr la liberación de todos los rehenes restantes. Esto, después de que Hamás anunciara que aceptaba partes del acuerdo, dejando otras pendientes de negociación. El ejército pasaría a una posición defensiva, según un funcionario anónimo. Sin embargo, la incertidumbre reina. El sábado, el mismo ejército advirtió a los palestinos en el resto de Gaza que no regresaran a la ciudad, calificándola de una <

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La UE prioriza el gasto militar en su paquete de ayuda a Ucrania

La UE destina 60.000 millones de euros a defensa ucraniana, condicionando el apoyo a reformas democráticas y lucha anticorrupción.

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La UE prioriza el gasto militar en su paquete de ayuda a Ucrania

Bruselas ha desvelado los detalles de un plan financiero masivo para sostener a Ucrania durante los próximos años. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, confirmó este miércoles que la mayor parte de un nuevo programa de préstamos por valor de 90.000 millones de euros se destinará directamente a necesidades militares y defensivas.

El desglose es claro: 60.000 millones de euros (unos 70.000 millones de dólares) irán a apoyo militar, mientras que los 30.000 millones restantes se dedicarán a ayuda presupuestaria para estabilizar la economía ucraniana. Esto no es casualidad.

“Todos queremos la paz para Ucrania, y para eso Ucrania debe estar en una posición de fuerza”, declaró Von der Leyen al explicar la lógica detrás del gasto.

La estrategia europea se basa en una premisa simple pero costosa: la paz negociada solo llega desde una posición de fortaleza. Y construir esa fortaleza requiere armamento, equipamiento y una base industrial defensiva integrada con Europa.

Un paquete condicionado por reformas y contexto financiero

Pero el dinero no llega sin condiciones. Von der Leyen fue tajante:

“Estas condiciones no son negociables para ningún apoyo financiero”.

Ucrania debe emprender reformas democráticas profundas, con especial énfasis en el estado de derecho y la lucha contra la corrupción. Este punto es especialmente delicado dado el historial del país y las recientes tensiones internas, incluida la dimisión del jefe de gabinete presidencial Andrii Yermak tras una investigación anticorrupción.

El contexto financiero es apremiante. El Fondo Monetario Internacional estima que Ucrania necesitará unos 137.000 millones de euros entre 2026 y 2027. El paquete europeo cubre gran parte, pero no todo. La UE espera que otros aliados como Reino Unido, Canadá, Japón y Noruega ayuden a cerrar esa brecha, mientras el FMI prepara su propio préstamo multimillonario para el próximo mes.

El calendario es ajustado. La Comisión quiere que los fondos empiecen a fluir en abril, pero antes necesita el visto bueno de los países miembros y del Parlamento Europeo. Una vez aprobado, el dinero militar se usará principalmente para comprar equipos dentro del área económica europea (UE y países como Noruega), aunque se dejará una puerta abierta a adquisiciones fuera si resultan más efectivas.

Hay otro mecanismo interesante: en algunos casos, parte del dinero podría canalizarse a través de un esquema de la OTAN para que aliados europeos y Canadá compren armamento estadounidense y lo donen directamente a Kiev. Es un guiño a la interoperabilidad transatlántica.

La conclusión es clara: Europa está haciendo una apuesta estratégica a largo plazo. No se trata solo de mantener a Ucrania a flote económicamente, sino de fortalecer su capacidad defensiva mientras la ancla institucionalmente al bloque mediante reformas y una integración más profunda en su base industrial militar.
El mensaje subyacente para Moscú es tan económico como político: la UE está dispuesta a sostener este esfuerzo durante años, vinculando la reconstrucción futura al pago de reparaciones por parte de Rusia una vez finalice el conflicto.


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Trump ordena a somalíes con TPS abandonar EE.UU. en marzo

La administración Trump cancela la protección a cientos de somalíes, en una medida que intensifica su agenda de deportación y genera protestas.

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¡Temporal significa temporal! (Excepto cuando no)

Ah, la poesía burocrática. “La temporalidad significa temporalidad”, declaró con la solemnidad de un oráculo la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem. Qué frase tan profunda, tan filosófica. Casi tan profunda como el compromiso de esta administración con la coherencia. Porque, claro, cuando se trata de poner “a los estadounidenses primero”, ¿qué mejor manera que darle un ultimátum a 705 personas en un país de 330 millones? Una verdadera operación de seguridad nacional.

El gobierno del presidente Donald Trump anunció que pondrá fin al Estatus de Protección Temporal (TPS) para inmigrantes de Somalia. Sí, otra joya más en la corona de su agenda de deportación masiva. Porque nada dice “América First” como desestabilizar las vidas de cientos de personas que son, atención al dato, un “pequeño subconjunto” entre casi 1.3 millones de inmigrantes con TPS. Prioridades, ¿verdad?

Los somalíes afectados deben abandonar Estados Unidos antes del 17 de marzo, cuando expiren las protecciones existentes, extendidas por última vez por el expresidente Joe Biden.

Marzo. Una fecha límite perfecta. No muy lejana para causar pánico inmediato, pero lo suficientemente próxima para que planificar tu vida o tu huida sea un deporte extremo. Y todo esto ocurre mientras Minneapolis —hogar de una gran comunidad somalí— hierve por el asesinato de una manifestante a manos de un agente del ICE. Pura casualidad, sin duda.

La “mejoría” somalí y otras ficciones legales

El Departamento de Seguridad Nacional justifica la medida con un argumento que haría sonrojar a un novelista barato: las circunstancias en Somalia “han mejorado hasta el punto” de que ya no cumple los requisitos para el TPS. Me pregunto qué métricas usan para medir esa “mejoría”. ¿Menos balas por metro cuadrado? ¿Sequías ligeramente más cortas? Porque el pequeño detalle es que Somalia sigue siendo una de las naciones más pobres del mundo, asediada por décadas de conflicto crónico y desastres naturales.

Pero no me crean a mí. Crean al propio informe del Congreso de 2025, que señala que los somalíes habían recibido más de dos docenas de extensiones debido a la perpetua “inseguridad y el conflicto armado en curso que presentan serias amenazas para la seguridad”. ¿Serias amenazas? Bah, minucias. Probablemente solo sean exageraciones de quienes no entienden que “temporal” es un concepto flexible… hasta que a alguien se le antoja que ya no lo es.

Y aquí entra el toque personal del expresidente. Trump ha dirigido una retórica particularmente creativa contra los inmigrantes somalíes. Los ha acusado de defraudar programas federales y, en diciembre, soltó esta perla:

Dijo que no quería somalíes en Estados Unidos, afirmando que “vienen del infierno” y “no contribuyen en nada”.

Vienen del infierno. Una descripción geopolítica impecable. Sin distinciones entre ciudadanos y no ciudadanos, porque ¿para qué complicarse con detalles legales cuando tienes un buen eslogan?

La obsesión personal convertida en política pública

El capricho no termina ahí. Trump ha tenido palabras especialmente cariñosas para la representante Ilhan Omar, demócrata de Minnesota que emigró de Somalia siendo niña y es, oh sorpresa, ciudadana estadounidense. El mandatario ha sugerido repetidamente su deportación (genial idea, deportar a una congresista electa) y en un arrebato otoñal la llamó “basura”. Clase y elegancia desde la Oficina Oval.

Omar, quien ha criticado abiertamente el despliegue del ICE en Minneapolis, ha calificado esta fijación como “espeluznante e malsana”. Y uno piensa: ¿será que toda esta movida contra el TPS somalí es política pública meticulosa o simplemente el rencor personal escalado a nivel federal? Nunca lo sabremos… aunque las pistas apuntan fuerte a lo segundo.

El Congreso estableció el programa TPS en 1990 para ayudar a personas huyendo de condiciones inestables y amenazantes. Somalia recibió la designación en 1991 bajo George H.W. Bush debido a una guerra civil. Se ha extendido durante décadas porque —sorpresa— las condiciones inestables y amenazantes persistían. Hasta ahora, aparentemente.

Así que ahí están: cientos de personas atrapadas entre la retórica incendiaria de un expresidente obsesionado, una secretaria que repite eslóganes como mantras y un país de origen al que, según los papeles oficiales, ya no le pasa nada suficientemente malo como para merecer compasión.

Todo muy temporal. Todo muy absurdo.


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Protestas y demanda judicial contra redadas de ICE en Minnesota

Estudiantes y activistas enfrentan redadas migratorias en Minneapolis, mientras autoridades estatales presentan demandas para detener las operaciones federales.

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Tensión en Minneapolis por despliegue masivo de agentes migratorios

Las calles de Minneapolis se llenaron de tensión y gas lacrimógeno este martes. Agentes federales lanzaron gases y rociaron irritante contra activistas que protestaban cerca del lugar donde Renee Good fue fatalmente baleada la semana pasada por un agente de inmigración. Escenas caóticas se vivieron mientras un hombre se frotaba los ojos con nieve, gritando pidiendo ayuda, y agentes en un Jeep sin identificación rociaban el irritante naranja antes de alejarse.

“¿Quién no tiene silbato?”, gritó un hombre con una bolsa de ellos.

La protesta no fue aislada. En Brooklyn Park, estudiantes abandonaron sus aulas en solidaridad con el movimiento contra las operaciones migratorias, siguiendo el ejemplo de alumnos en otras partes del país. Este despliegue ocurre mientras Minnesota se convierte en el epicentro de lo que ICE describe como su mayor operación hasta la fecha, con más de 2,000 agentes enviados al estado.

La batalla legal se intensifica

Minnesota no se queda de brazos cruzados. El estado, junto con las ciudades de Minneapolis y St. Paul, presentaron una demanda contra el gobierno federal el lunes, buscando detener o limitar lo que califican como una “invasión federal” a las Ciudades Gemelas.

“Esto es, en esencia, una invasión federal de las Ciudades Gemelas en Minnesota, y debe detenerse”, afirmó el fiscal general del estado, Keith Ellison.

La demanda argumenta que el Departamento de Seguridad Nacional está violando protecciones constitucionales al enfocarse específicamente en un estado progresista que favorece a los demócratres. El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, fue contundente al describir el impacto:

“Lo que estamos viendo son miles —en plural— miles de agentes federales entrando en nuestra ciudad. Y, sí, están teniendo un impacto tremendo en la vida cotidiana”.

Mientras tanto, Brita Anderson, quien vive cerca y acudió a apoyar a amigos del vecindario, expresó su indignación al ver a agentes con equipo táctico completo:

“Sentí que la única razón por la que vendrían aquí es para acosar a la gente”, señaló Anderson.

Respuestas políticas y movilización nacional

La muerte de Renee Good —una madre de tres hijos de 37 años— ha desatado decenas de protestas y vigilias por todo Estados Unidos. Su caso simboliza la creciente tensión entre comunidades locales y las políticas migratorias federales.

El Departamento de Seguridad Nacional reporta más de 2,000 arrestos en Minnesota desde principios de diciembre y promete no retroceder. Tricia McLaughlin, portavoz del departamento, respondió a la demanda acusando a las autoridades estatales:

“El trabajo del presidente Trump es proteger al pueblo estadounidense y hacer cumplir la ley, sin importar quién sea su alcalde, gobernador o fiscal general del estado”.

Pero las críticas continúan. El gobierno federal defiende al agente que disparó contra Good argumentando defensa propia —una versión cuestionada por Frey, el gobernador Tim Walz y otros basándose en videos de la confrontación.

La reacción política se extiende más allá de Minnesota. En Massachusetts, dos legisladores demócratas anunciaron un proyecto de ley para facilitar demandas contra agentes federales acusados de violar derechos civiles —aunque tiene pocas probabilidades en un Congreso controlado por republicanos. En Wisconsin, la vicegobernadora Sara Rodríguez propuso prohibir operativos migratorios cerca de escuelas, hospitales e iglesias.

Lo que viene: Un tribunal federal deberá decidir si suspende las operaciones mientras continúan las protestas. La comunidad observa si la presión legal y social puede cambiar el curso de lo que muchos residentes ven como una presencia militarizada desproporcionada en sus barrios.

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