Internacional
Trump intensifica represalias políticas en su segundo mandato
Las acciones del gobierno desatan un intenso debate sobre los límites del poder ejecutivo y el estado de derecho en Estados Unidos.
Estrategias de poder y confrontación en el segundo mandato de Trump
Ocho meses después de la inauguración de su segundo período presidencial, la promesa del presidente Donald Trump de enfrentarse a quienes considera sus adversarios políticos ha generado un profundo debate nacional sobre los pilares de la democracia estadounidense. La libertad de expresión, la independencia de los medios de comunicación y la imparcialidad de los procesos judiciales se encuentran en el centro de una intensa controversia. Desde la suspensión del programa del comediante Jimmy Kimmel hasta la imposición de restricciones a periodistas por parte del Pentágono, y un explícito llamado público a la secretaria de Justicia, Pam Bondi, para que inicie procesos legales contra sus opositores, la administración Trump ha acelerado las acciones dirigidas a consolidar su autoridad y neutralizar las críticas.
En una publicación en redes sociales realizada durante el fin de semana y dirigida directamente a Bondi, Trump expresó su frustración por la lentitud percibida en las investigaciones sobre algunas de sus principales contrapartes políticas. “No se está haciendo nada”, afirmó el mandatario, refiriéndose a las pesquisas. En el mismo mensaje, agregó: “No podemos demorarlo más: está destruyendo nuestra reputación y credibilidad”. Tras recordar que él fue sometido a un juicio político y acusado penalmente en múltiples ocasiones, concluyó con un enérgico: “¡¡¡SE DEBE HACER JUSTICIA, YA!!!”. Esta comunicación pública directa con un alto funcionario del Departamento de Justicia ha sido interpretada por expertos legales como un hecho sin precedentes en la relación moderna entre la Casa Blanca y el sistema de justicia federal.
Presión pública y reacciones en el Capitolio
La intensificación de la retórica presidencial sobre la necesidad de iniciar acciones legales contra oponentes políticos materializa una promesa de represalias que ha sido un tema recurrente desde su regreso a la Casa Blanca. El sábado, el presidente volvió a presionar públicamente a Bondi a través de una especie de carta abierta difundida en sus redes sociales, instándola a avanzar en investigaciones específicas. Entre los casos mencionados se incluye una pesquisa por presunto fraude hipotecario contra Letitia James, la fiscal general de Nueva York, y un potencial caso de amenazas contra James Comey, exdirector del FBI. Trump afirmó haber “revisado más de 30 declaraciones y publicaciones” que criticaban a su gobierno por la falta de avances en estas investigaciones.
Esa misma noche, en declaraciones a la prensa en la Casa Blanca, el presidente enfatizó la urgencia de actuar: “Tenemos que actuar con rapidez —de una forma u otra”, declaró Trump. “Son culpables, no son culpables. Tenemos que actuar con rapidez. Si no son culpables, no hay problema. Si son culpables o si deben ser acusados, deben ser acusados. Y tenemos que hacerlo ahora”. Horas más tarde, en una nueva publicación, elogió el trabajo de Bondi, describiéndolo como “EXCELENTE”.
Estas acciones no han pasado desapercibidas en el Capitolio. El senador Rand Paul, republicano por Kentucky y ocasional crítico de Trump desde la derecha, fue consultado durante una entrevista en el programa “Meet the Press” de NBC sobre la conveniencia de que un presidente ordene a su secretaria de Justicia investigar a opositores políticos. El legislador condenó la “guerra legal en todas sus formas”. Por su parte, el senador Chris Murphy, demócrata por Connecticut, calificó la situación como “inconstitucional y profundamente inmoral”, advirtiendo que establecería un precedente preocupante para ambos partidos. “Esto se volverá en contra de conservadores y republicanos en algún momento si se convierte en la norma”, afirmó Murphy en el programa “This Week” de ABC.
Cambios estratégicos en el Departamento de Justicia
En paralelo a la presión pública, la administración Trump ha realizado movimientos estratégicos dentro del sistema judicial federal. Es una práctica habitual que cada nuevo presidente nombre a sus propios fiscales federales en las distintas jurisdicciones del país. Sin embargo, la velocidad y el perfil de los nombramientos actuales han llamado la atención. Trump ha trabajado para colocar a figuras cercanas a él en puestos clave, como el nombramiento de Jeanine Pirro, expresentadora de Fox News, en el Distrito de Columbia, y el de su exabogada, Alina Habba, en Nueva Jersey.
Este proceso continuó el sábado con el nombramiento de Lindsey Halligan, una asesora de la Casa Blanca, para dirigir la fiscalía del Distrito Este de Virginia. Este cargo es de particular relevancia, ya que esta oficina está involucrada en investigaciones relacionadas con Letitia James, una oponente de larga data de Trump. El nombramiento se produjo apenas un día después de que Erik Siebert renunciara al cargo, tras una declaración pública de Trump en la que manifestó su deseo de que fuera “fuera”. El presidente afirmó que le molestaba que Siebert hubiera contado con el apoyo de los dos senadores demócratas del estado, lo que pone de manifiesto la intención de alinear la fiscalía con la agenda de la Casa Blanca.
Chuck Schumer, líder de la mayoría demócrata en el Senado, resumió la preocupación de la oposición en el programa “State of the Union” de CNN, acusando a Trump de convertir al Departamento de Justicia “en un instrumento que persigue a sus enemigos, sean culpables o no, y la mayoría de ellos no son culpables en absoluto —y eso beneficia a sus amigos. Este es el camino hacia la dictadura. Eso es lo que hacen las dictaduras”. Mientras tanto, el Departamento de Justicia se mantuvo en silencio, sin responder a las solicitudes de comentarios realizadas el domingo.
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Internacional
La UE prioriza el gasto militar en su paquete de ayuda a Ucrania
La UE destina 60.000 millones de euros a defensa ucraniana, condicionando el apoyo a reformas democráticas y lucha anticorrupción.
La UE prioriza el gasto militar en su paquete de ayuda a Ucrania
Bruselas ha desvelado los detalles de un plan financiero masivo para sostener a Ucrania durante los próximos años. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, confirmó este miércoles que la mayor parte de un nuevo programa de préstamos por valor de 90.000 millones de euros se destinará directamente a necesidades militares y defensivas.
El desglose es claro: 60.000 millones de euros (unos 70.000 millones de dólares) irán a apoyo militar, mientras que los 30.000 millones restantes se dedicarán a ayuda presupuestaria para estabilizar la economía ucraniana. Esto no es casualidad.
“Todos queremos la paz para Ucrania, y para eso Ucrania debe estar en una posición de fuerza”, declaró Von der Leyen al explicar la lógica detrás del gasto.
La estrategia europea se basa en una premisa simple pero costosa: la paz negociada solo llega desde una posición de fortaleza. Y construir esa fortaleza requiere armamento, equipamiento y una base industrial defensiva integrada con Europa.
Un paquete condicionado por reformas y contexto financiero
Pero el dinero no llega sin condiciones. Von der Leyen fue tajante:
“Estas condiciones no son negociables para ningún apoyo financiero”.
Ucrania debe emprender reformas democráticas profundas, con especial énfasis en el estado de derecho y la lucha contra la corrupción. Este punto es especialmente delicado dado el historial del país y las recientes tensiones internas, incluida la dimisión del jefe de gabinete presidencial Andrii Yermak tras una investigación anticorrupción.
El contexto financiero es apremiante. El Fondo Monetario Internacional estima que Ucrania necesitará unos 137.000 millones de euros entre 2026 y 2027. El paquete europeo cubre gran parte, pero no todo. La UE espera que otros aliados como Reino Unido, Canadá, Japón y Noruega ayuden a cerrar esa brecha, mientras el FMI prepara su propio préstamo multimillonario para el próximo mes.
El calendario es ajustado. La Comisión quiere que los fondos empiecen a fluir en abril, pero antes necesita el visto bueno de los países miembros y del Parlamento Europeo. Una vez aprobado, el dinero militar se usará principalmente para comprar equipos dentro del área económica europea (UE y países como Noruega), aunque se dejará una puerta abierta a adquisiciones fuera si resultan más efectivas.
Hay otro mecanismo interesante: en algunos casos, parte del dinero podría canalizarse a través de un esquema de la OTAN para que aliados europeos y Canadá compren armamento estadounidense y lo donen directamente a Kiev. Es un guiño a la interoperabilidad transatlántica.
La conclusión es clara: Europa está haciendo una apuesta estratégica a largo plazo. No se trata solo de mantener a Ucrania a flote económicamente, sino de fortalecer su capacidad defensiva mientras la ancla institucionalmente al bloque mediante reformas y una integración más profunda en su base industrial militar.
El mensaje subyacente para Moscú es tan económico como político: la UE está dispuesta a sostener este esfuerzo durante años, vinculando la reconstrucción futura al pago de reparaciones por parte de Rusia una vez finalice el conflicto.
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Internacional
Trump ordena a somalíes con TPS abandonar EE.UU. en marzo
La administración Trump cancela la protección a cientos de somalíes, en una medida que intensifica su agenda de deportación y genera protestas.
¡Temporal significa temporal! (Excepto cuando no)
Ah, la poesía burocrática. “La temporalidad significa temporalidad”, declaró con la solemnidad de un oráculo la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem. Qué frase tan profunda, tan filosófica. Casi tan profunda como el compromiso de esta administración con la coherencia. Porque, claro, cuando se trata de poner “a los estadounidenses primero”, ¿qué mejor manera que darle un ultimátum a 705 personas en un país de 330 millones? Una verdadera operación de seguridad nacional.
El gobierno del presidente Donald Trump anunció que pondrá fin al Estatus de Protección Temporal (TPS) para inmigrantes de Somalia. Sí, otra joya más en la corona de su agenda de deportación masiva. Porque nada dice “América First” como desestabilizar las vidas de cientos de personas que son, atención al dato, un “pequeño subconjunto” entre casi 1.3 millones de inmigrantes con TPS. Prioridades, ¿verdad?
Los somalíes afectados deben abandonar Estados Unidos antes del 17 de marzo, cuando expiren las protecciones existentes, extendidas por última vez por el expresidente Joe Biden.
Marzo. Una fecha límite perfecta. No muy lejana para causar pánico inmediato, pero lo suficientemente próxima para que planificar tu vida o tu huida sea un deporte extremo. Y todo esto ocurre mientras Minneapolis —hogar de una gran comunidad somalí— hierve por el asesinato de una manifestante a manos de un agente del ICE. Pura casualidad, sin duda.
La “mejoría” somalí y otras ficciones legales
El Departamento de Seguridad Nacional justifica la medida con un argumento que haría sonrojar a un novelista barato: las circunstancias en Somalia “han mejorado hasta el punto” de que ya no cumple los requisitos para el TPS. Me pregunto qué métricas usan para medir esa “mejoría”. ¿Menos balas por metro cuadrado? ¿Sequías ligeramente más cortas? Porque el pequeño detalle es que Somalia sigue siendo una de las naciones más pobres del mundo, asediada por décadas de conflicto crónico y desastres naturales.
Pero no me crean a mí. Crean al propio informe del Congreso de 2025, que señala que los somalíes habían recibido más de dos docenas de extensiones debido a la perpetua “inseguridad y el conflicto armado en curso que presentan serias amenazas para la seguridad”. ¿Serias amenazas? Bah, minucias. Probablemente solo sean exageraciones de quienes no entienden que “temporal” es un concepto flexible… hasta que a alguien se le antoja que ya no lo es.
Y aquí entra el toque personal del expresidente. Trump ha dirigido una retórica particularmente creativa contra los inmigrantes somalíes. Los ha acusado de defraudar programas federales y, en diciembre, soltó esta perla:
Dijo que no quería somalíes en Estados Unidos, afirmando que “vienen del infierno” y “no contribuyen en nada”.
Vienen del infierno. Una descripción geopolítica impecable. Sin distinciones entre ciudadanos y no ciudadanos, porque ¿para qué complicarse con detalles legales cuando tienes un buen eslogan?
La obsesión personal convertida en política pública
El capricho no termina ahí. Trump ha tenido palabras especialmente cariñosas para la representante Ilhan Omar, demócrata de Minnesota que emigró de Somalia siendo niña y es, oh sorpresa, ciudadana estadounidense. El mandatario ha sugerido repetidamente su deportación (genial idea, deportar a una congresista electa) y en un arrebato otoñal la llamó “basura”. Clase y elegancia desde la Oficina Oval.
Omar, quien ha criticado abiertamente el despliegue del ICE en Minneapolis, ha calificado esta fijación como “espeluznante e malsana”. Y uno piensa: ¿será que toda esta movida contra el TPS somalí es política pública meticulosa o simplemente el rencor personal escalado a nivel federal? Nunca lo sabremos… aunque las pistas apuntan fuerte a lo segundo.
El Congreso estableció el programa TPS en 1990 para ayudar a personas huyendo de condiciones inestables y amenazantes. Somalia recibió la designación en 1991 bajo George H.W. Bush debido a una guerra civil. Se ha extendido durante décadas porque —sorpresa— las condiciones inestables y amenazantes persistían. Hasta ahora, aparentemente.
Así que ahí están: cientos de personas atrapadas entre la retórica incendiaria de un expresidente obsesionado, una secretaria que repite eslóganes como mantras y un país de origen al que, según los papeles oficiales, ya no le pasa nada suficientemente malo como para merecer compasión.
Todo muy temporal. Todo muy absurdo.
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Internacional
Protestas y demanda judicial contra redadas de ICE en Minnesota
Estudiantes y activistas enfrentan redadas migratorias en Minneapolis, mientras autoridades estatales presentan demandas para detener las operaciones federales.
Tensión en Minneapolis por despliegue masivo de agentes migratorios
Las calles de Minneapolis se llenaron de tensión y gas lacrimógeno este martes. Agentes federales lanzaron gases y rociaron irritante contra activistas que protestaban cerca del lugar donde Renee Good fue fatalmente baleada la semana pasada por un agente de inmigración. Escenas caóticas se vivieron mientras un hombre se frotaba los ojos con nieve, gritando pidiendo ayuda, y agentes en un Jeep sin identificación rociaban el irritante naranja antes de alejarse.
“¿Quién no tiene silbato?”, gritó un hombre con una bolsa de ellos.
La protesta no fue aislada. En Brooklyn Park, estudiantes abandonaron sus aulas en solidaridad con el movimiento contra las operaciones migratorias, siguiendo el ejemplo de alumnos en otras partes del país. Este despliegue ocurre mientras Minnesota se convierte en el epicentro de lo que ICE describe como su mayor operación hasta la fecha, con más de 2,000 agentes enviados al estado.
La batalla legal se intensifica
Minnesota no se queda de brazos cruzados. El estado, junto con las ciudades de Minneapolis y St. Paul, presentaron una demanda contra el gobierno federal el lunes, buscando detener o limitar lo que califican como una “invasión federal” a las Ciudades Gemelas.
“Esto es, en esencia, una invasión federal de las Ciudades Gemelas en Minnesota, y debe detenerse”, afirmó el fiscal general del estado, Keith Ellison.
La demanda argumenta que el Departamento de Seguridad Nacional está violando protecciones constitucionales al enfocarse específicamente en un estado progresista que favorece a los demócratres. El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, fue contundente al describir el impacto:
“Lo que estamos viendo son miles —en plural— miles de agentes federales entrando en nuestra ciudad. Y, sí, están teniendo un impacto tremendo en la vida cotidiana”.
Mientras tanto, Brita Anderson, quien vive cerca y acudió a apoyar a amigos del vecindario, expresó su indignación al ver a agentes con equipo táctico completo:
“Sentí que la única razón por la que vendrían aquí es para acosar a la gente”, señaló Anderson.
Respuestas políticas y movilización nacional
La muerte de Renee Good —una madre de tres hijos de 37 años— ha desatado decenas de protestas y vigilias por todo Estados Unidos. Su caso simboliza la creciente tensión entre comunidades locales y las políticas migratorias federales.
El Departamento de Seguridad Nacional reporta más de 2,000 arrestos en Minnesota desde principios de diciembre y promete no retroceder. Tricia McLaughlin, portavoz del departamento, respondió a la demanda acusando a las autoridades estatales:
“El trabajo del presidente Trump es proteger al pueblo estadounidense y hacer cumplir la ley, sin importar quién sea su alcalde, gobernador o fiscal general del estado”.
Pero las críticas continúan. El gobierno federal defiende al agente que disparó contra Good argumentando defensa propia —una versión cuestionada por Frey, el gobernador Tim Walz y otros basándose en videos de la confrontación.
La reacción política se extiende más allá de Minnesota. En Massachusetts, dos legisladores demócratas anunciaron un proyecto de ley para facilitar demandas contra agentes federales acusados de violar derechos civiles —aunque tiene pocas probabilidades en un Congreso controlado por republicanos. En Wisconsin, la vicegobernadora Sara Rodríguez propuso prohibir operativos migratorios cerca de escuelas, hospitales e iglesias.
Lo que viene: Un tribunal federal deberá decidir si suspende las operaciones mientras continúan las protestas. La comunidad observa si la presión legal y social puede cambiar el curso de lo que muchos residentes ven como una presencia militarizada desproporcionada en sus barrios.
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