El rescate épico de un feriado que nadie sabía que estaba en peligro
Porque ¿qué sería de Estados Unidos sin un hombre blanco del siglo XV que nunca pisó su territorio? Donald Trump, en su cruzada personal por salvar a los íconos nacionales (o al menos a los que le gustan), anunció solemnemente que el Columbus Day será solo eso: un día para celebrar al “descubridor” de un continente que ya estaba habitado. ¡Qué alivio! Por un momento pensamos que tendríamos que compartir el protagonismo con los pueblos indígenas, esos invitados incómodos a su propia historia.
Biden vs. Trump: la batalla de los feriados
Mientras el demócrata Joe Biden se atrevió en 2021 a mencionar que los nativos americanos existían (¡escándalo!), Trump respondió este domingo con la sutileza de un elefante en una cacharrería: “Estoy rescatando el Columbus Day de las cenizas”, declaró en Truth Social, como si el feriado federal hubiera sido víctima de un incendio provocado por wokes. Claro, porque nada dice “unidad nacional” como borrar de un plumazo el reconocimiento a quienes sobrevivieron a masacres, desplazamientos y epidemias. ¡Pero hey, al menos los italoamericanos tienen su día!
Por si alguien lo olvidaba: Colón ni siquiera llegó a lo que hoy es EE.UU., sus viajes financiados por España terminaron en el Caribe. Pero ¿qué importan los detalles geográficos cuando hay una narrativa que defender? El feriado, instaurado en 1934, nació como consuelo para una comunidad italoestadounidense traumatizada por linchamientos racistas. Ironías de la historia: ahora se usa para ignorar otra comunidad traumatizada. ¡Circle of life!
Estatuas, puertos y otras batallas culturales
El exmandatario no se limita a los decretos: también libra una guerra contra el vandalismo artístico. En 2020, su administración pagó para pescar del puerto de Baltimore una estatua de Colón que manifestantes habían lanzado al agua durante las protestas por George Floyd. Porque, seamos honestos, ¿qué mejor momento para hablar de patrimonio que cuando la policía asfixia a un hombre negro? Prioridades, señores.
Mientras tanto, la estatua neoyorquina de 23 metros en Columbus Circle sigue en pie (gracias, Bill de Blasio, por no derribarla en 2017), aunque otras no tuvieron tanta suerte. Trump las llora como si fueran familiares lejanos: “¡Los demócratas destruyen a Colón y a todos los italianos que lo aman!”. Curioso, porque la mayoría de los italianos modernos están más preocupados por la pasta al dente que por un navegante del Renacimiento.
Y así, entre proclamas grandilocuentes y revisionismo histórico light, la polémica sigue viva. Porque en el gran teatro de la política estadounidense, cada acto debe tener su villano (los indígenas pidiendo reconocimiento), su héroe (un explorador muerto hace 500 años) y, por supuesto, su narrador favorito: un expresidente que jamás pierde ocasión de encender un incendio cultural… aunque sea con un mechero de juguete.
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