El país que lo resuelve todo (menos sus propios problemas)
Ah, Ruanda, ese pequeño rincón de África que, tras sobrevivir a un genocidio en los 90, ahora parece empeñado en convertirse en el centro de acopio de migrantes no deseados del mundo. Primero fue Reino Unido, con su brillante idea de enviar solicitantes de asilo a 6,400 km de distancia (porque, claro, ¿qué mejor lugar para un refugiado que un país con el que no tiene ningún vínculo?). Ahora, Estados Unidos, bajo el siempre sutil liderazgo de Donald Trump, está en conversaciones para hacer lo mismo. ¿Por qué? Porque cuando se trata de deportaciones creativas, nunca hay suficientes opciones.
Un negocio redondo (para Ruanda)
Resulta que Ruanda, a pesar de ser uno de los países más densamente poblados de África, mágicamente tiene espacio para albergar a los migrantes que Europa y EE.UU. no quieren. ¡Qué conveniente! Y no, no es que les importe el bienestar de estas personas, sino que, según dicen, es parte de su “compromiso con soluciones migratorias”. Traducción: les pagan bien por ello. Después de todo, el fallido acuerdo con Reino Unido les dejó unos bonitos 290 millones de libras en el bolsillo, dinero que, por supuesto, no piensan devolver. ¿Para qué? Si el nuevo gobierno británico ya lo calificó como “el desperdicio más impactante de dinero de los contribuyentes”, ¿qué más da?
Ahora, EE.UU. quiere entrar en el juego. Según rumores, el plan incluiría estipendios y programas de integración laboral para los deportados. Porque nada dice “bienvenido a su nuevo hogar” como un cheque mensual y un curso acelerado de “cómo ser ruandés sin querer serlo”. Eso sí, el Departamento de Estado se niega a confirmar nada, porque admitir que están negociando para deshacerse de personas como si fueran paquetes postales no queda muy bien en la prensa.
Derechos humanos, ¿qué es eso?
Pero no nos distraigamos con los detalles. Ruanda es, según su gobierno, un oasis de estabilidad. Claro, si ignoramos las muertes bajo custodia, los presuntos asesinatos de disidentes y ese pequeño incidente en el que secuestraron a un estadounidense en Dubái y lo llevaron a Kigali (luego lo liberaron, pero solo después de que Joe Biden les gritara un poco). Pero hey, ¿quién no tiene sus problemitas de derechos humanos? Lo importante es que ahora quieren ayudar con la crisis migratoria. ¡Qué altruistas!
Y no olvidemos su encantadora política exterior, donde apoyan rebeldes en la República Democrática del Congo porque, según ellos, están “protegiendo a los tutsis”. Por supuesto, nada que ver con los minerales de la zona. Nada en absoluto. Pero eso no importa, porque si aceptan a los deportados de EE.UU., quizá Washington mire para otro lado un ratito. Negociaciones diplomáticas en su máxima expresión.
¿Funcionará esta vez?
Después del fiasco con Reino Unido, uno pensaría que Ruanda aprendería. Pero no. Ahora insisten en que pueden manejar esto. Ya lo hicieron con migrantes evacuados de Libia (más de 2,400, según la ONU), aunque se suponía que era una solución temporal. Spoiler: nada es temporal en política migratoria. Y con su nuevo hostal renovado en Kigali (capacidad: 100 personas, ¡qué lujo!), están listos para recibir a los rechazados de EE.UU. Eso sí, no sabemos si les darán tres meses para procesar documentos o los dejarán ahí indefinidamente. ¿Detalles menores, no?
Así que ahí lo tienen: Ruanda, el país que resuelve los problemas migratorios de otros mientras los suyos… bueno, esos mejor no los mencionamos. ¿Será este acuerdo un éxito? Probablemente no. ¿Hará que alguien en Washington o Kigali se sienta mejor consigo mismo? Definitivamente. Y al final, eso es lo que importa, ¿no?
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