El optimismo de Putin: ¿realidad o espejismo económico?
Ah, San Petersburgo, la ciudad de los zares, los canales y… los discursos económicos tan reconfortantes como un abrazo de oso en pleno invierno siberiano. Allí, nuestro protagonista, Vladímir Putin, decidió que el viernes era un día perfecto para soltar su cuento de hadas macroeconómico. Según él, Rusia no solo ha domado a la inflación (que ahora solo muerde un poco, con un 9.6%), sino que además ha reducido su adicción al petróleo y el gas. ¡Vaya logro! Como si dejar el vodka fuera fácil después de una fiesta en Moscú.
Pero, oh sorpresa, en el mismo foro donde Putin repartía optimismo como si fueran panfletos de propaganda, algunos miembros de su gobierno se atrevieron a susurrar algo sobre una… ¿recesión? Sí, el ministro de Economía, Maxim Reshetnikov, había soltado el jueves que el país está “al borde del abismo”. Claro, Putin, con la elegancia de un bailarín del Bolshói, respondió que eso “no debe permitirse”. Porque, claro, cuando el presidente dice “no debe”, la economía obedece, ¿verdad?
La economía rusa: ¿menos petróleo y más cañones?
Putin, en su afán por vender la imagen de una Rusia industrializada y tecnológica, aseguró que la economía ya no es esa adolescente obsesionada con el petróleo. Según él, creció un 1.5% en los primeros meses de 2025. ¡Qué bonito! Aunque uno se pregunta si ese crecimiento viene de las fábricas… o de los contratos militares. Porque, vamos a ser sinceros, nada estimula el PIB como una buena guerra (o al menos eso parece).
El foro, que solía ser el lugar donde los ejecutivos occidentales se hacían selfies con oligarcas, ahora está más vacío que un bar en Dry January. Desde que Rusia decidió que Ucrania era un “ejercicio de team building” armado, los inversores europeos y estadounidenses prefieren mantenerse lejos. Así que el evento se ha convertido en una feria para empresarios de Asia, África y Latinoamérica. ¿Alguien dijo “nuevos amigos”?
Y mientras las sanciones occidentales aprietan como un cinturón soviético, el gasto militar ha sido el salvavidas de la economía. Bonificaciones para reclutas, beneficios para familias de soldados caídos… Vamos, que la guerra ha sido un estímulo económico para las regiones más pobres. Eso sí, a largo plazo, la inflación y la falta de inversión extranjera podrían hacer que el milagro se convierta en pesadilla. Pero, ¿quién piensa en el futuro cuando hay tanques que modernizar?
Los economistas, esos aguafiestas profesionales, advierten que la economía podría estancarse si solo se invierte en armas y no en, digamos, hospitales o escuelas. Pero Putin, siempre visionario, asegura que la industria militar está generando tecnologías civiles. ¿Traducido? Que el mismo cañón que sirve para defender la patria también puede… ¿abrir latas? Innovación en estado puro.
Para cerrar con broche de oro, el presidente prometió seguir modernizando el ejército, porque nada dice “paz y prosperidad” como un arsenal de última generación. “Equiparemos a las tropas con lo mejor”, dijo. Lo que no aclaró es si eso incluye también un plan de pensiones digno para los que sobrevivan.
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