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Internacional

Petro acusa a Trump de genocidio y pierde su visa estadounidense

Ministros renuncian a sus visas en un acto de solidaridad que redefine la etiqueta de “amigos con beneficios internacionales”.

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El espectáculo diplomático que nadie pidió pero todos estamos viendo

Parece que la diplomacia internacional ha decidido cambiar el manual de protocolo por un guion de telenovela. El presidente colombiano Gustavo Petro, en un arranque de sinceridad que pocos líderes mundiales se atreven a mostrar, ha decidido que si va a tener problemas con Estados Unidos, al menos que sean problemas con estilo. El lunes, el mandatario no solo calificó a su homólogo estadounidense Donald Trump como “cómplice de un genocidio” en la Franja de Gaza, sino que además hizo el increíble llamado para que el ejército norteamericano simplemente dejara de obedecerle. Porque, ¿qué podría salir mal cuando un jefe de Estado sugiere insubordinación militar en otro país?

“Si el señor Trump sigue siendo cómplice de un genocidio, como hasta el día de hoy lo es, no merece más sino la cárcel y su ejército no lo debe obedecer”, declaró Petro durante un consejo de ministros que, curiosamente, fue televisado. Uno se pregunta si habrá un productor detrás de cámaras sugiriendo “más drama, por favor”.

Cuando la visa se convierte en moneda de cambio político

Todo este reality show diplomático comenzó cuando el Departamento de Estado estadounidense, probablemente molesto por el discurso callejero de Petro en Nueva York durante una manifestación contra las acciones de Israel en Gaza, decidió quitarle la visa al presidente colombiano. Porque nada dice “diplomacia sofisticada” como quitarle el permiso de viaje al otro como si fueran adolescentes en una pelea de patio escolar.

Pero Petro, lejos de amedrentarse, decidió subir la apuesta. Durante su estancia en Nueva York, el mandatario no solo se unió a las protestas, sino que propuso la creación de un ejército internacional para defender al pueblo palestino. En un movimiento que sin duda haría sonrojar a los guionistas de House of Cards, pidió directamente a los soldados estadounidenses: “no apuntar contra la humanidad sus fusiles. Desobedezcan la orden de Trump”. El gobierno estadounidense, con una paciencia que merece reconocimiento, simplemente calificó las acciones de Petro como “imprudentes e incendiarias”. Vamos, que se contuvieron mucho.

Lo realmente fascinante vino después: en un acto de solidaridad que redefinió el concepto de “lealtad laboral”, la canciller Rosa Villavicencio y el ministro de Hacienda, Germán Ávila, decidieron “renunciar” el lunes a sus visados estadounidenses. Porque cuando tu jefe pierde su privilegio de viajar, lo más lógico es que tú también te lo quites, ¿no? Villavicencio explicó en la red social X que era “un acto de dignidad frente a la inaceptable decisión de revocar el visado al presidente de Colombia”. Nuestra soberanía no se arrodilla. Colombia se respeta”, añadió, en lo que sin duda será una frase para los libros de texto del futuro.

La burocracia meets la rebelión diplomática

Para Wilfredo Allen, un abogado migratorio basado en Miami, no es común que alguien renuncie a su visado. Normalmente la gente espera a que caduque o que Estados Unidos la cancele. Pero, en un giro que nadie esperaba, resulta que sí es posible enviar una carta a la embajada estadounidense renunciando a ese permiso. ¿Quién lo diría? El derecho administrativo siempre tiene sorpresas.

Mientras tanto, el ministro de Minas y Energía, Edwin Palma, mostró por su lado la notificación enviada por la Embajada estadounidense sobre la cancelación de su visa diplomática u oficial y la de turista. “Gaza bien vale una visa”, aseguró. Una frase que sin duda quedará grabada en la historia de las relaciones internacionales, justo al lado de “yo soy el estado” y “que vienen los rusos”.

Pero el momento más deliciosamente irónico vino del subsecretario de Estado estadounidense, Christopher Landau, quien en la red social X dejó entrever que todo el gabinete colombiano podría haber perdido la visa con una pregunta que merece un premio: “¿Cómo se ‘renuncia’ a algo que no se tiene?”. El misterio queda flotando en el aire, junto con la dignidad y las visas revocadas.

Relaciones bilaterales en modo telenovela

El retiro del visado al presidente colombiano no hizo más que tensar unas relaciones bilaterales que ya venían pasando por momentos complicados. Después de las críticas abiertas de Petro a la política antimigratoria de Trump y la descertificación de Colombia en la lucha contra las drogas por primera vez en tres décadas (aunque con una exención para continuar la cooperación en seguridad), esto era simplemente la cereza en el pastel de la discordia.

La canciller Villavicencio, en un intento por calmar las aguas que ya tienen olas de tsunamis, dijo a la prensa que la actual tensión diplomática no significa necesariamente una ruptura en las relaciones bilaterales. “Cualquier país es soberano para otorgar la visa o para quitarla. Nosotros, pues seguiremos trabajando desde la perspectiva de la diplomacia y de las relaciones que debemos mantener”, aseguró. Traducción: “seguiremos hablando, pero con miradas asesinas”.

La funcionaria fue cuidadosa en aclarar que no hay una directriz general desde el gobierno para que sus funcionarios renuncien al visado estadounidense en protesta por la revocatoria de la de Petro. Según ella, se trata de decisiones individuales. Claro, porque cuando el presidente pierde su visa, todos los ministros independientemente deciden que también quieren perder las suyas. Pura coincidencia, sin duda.

Mientras tanto, el presidente colombiano se encontraba de visita para la Asamblea General anual de las Naciones Unidas y, según dijo, se enteró del retiro del visado cuando arribó a Bogotá en la madrugada del sábado. En ese momento, acusó al gobierno estadounidense de incumplir el derecho internacional y no respetar la inmunidad para los presidentes. Porque si hay algo que caracteriza a las relaciones internacionales en el siglo XXI es el estricto apego al protocolo diplomático, ¿verdad?

Al final, este episodio nos deja preguntándonos si la diplomacia está evolucionando hacia algo nuevo o simplemente hemos vuelto al patio de recreo geopolítico. Entre acusaciones de genocidio, llamados a la desobediencia militar y renuncias a visas en cadena, una cosa es segura: las relaciones entre Colombia y Estados Unidos nunca volverán a ser aburridas.

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Internacional

La UE prioriza el gasto militar en su paquete de ayuda a Ucrania

La UE destina 60.000 millones de euros a defensa ucraniana, condicionando el apoyo a reformas democráticas y lucha anticorrupción.

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La UE prioriza el gasto militar en su paquete de ayuda a Ucrania

Bruselas ha desvelado los detalles de un plan financiero masivo para sostener a Ucrania durante los próximos años. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, confirmó este miércoles que la mayor parte de un nuevo programa de préstamos por valor de 90.000 millones de euros se destinará directamente a necesidades militares y defensivas.

El desglose es claro: 60.000 millones de euros (unos 70.000 millones de dólares) irán a apoyo militar, mientras que los 30.000 millones restantes se dedicarán a ayuda presupuestaria para estabilizar la economía ucraniana. Esto no es casualidad.

“Todos queremos la paz para Ucrania, y para eso Ucrania debe estar en una posición de fuerza”, declaró Von der Leyen al explicar la lógica detrás del gasto.

La estrategia europea se basa en una premisa simple pero costosa: la paz negociada solo llega desde una posición de fortaleza. Y construir esa fortaleza requiere armamento, equipamiento y una base industrial defensiva integrada con Europa.

Un paquete condicionado por reformas y contexto financiero

Pero el dinero no llega sin condiciones. Von der Leyen fue tajante:

“Estas condiciones no son negociables para ningún apoyo financiero”.

Ucrania debe emprender reformas democráticas profundas, con especial énfasis en el estado de derecho y la lucha contra la corrupción. Este punto es especialmente delicado dado el historial del país y las recientes tensiones internas, incluida la dimisión del jefe de gabinete presidencial Andrii Yermak tras una investigación anticorrupción.

El contexto financiero es apremiante. El Fondo Monetario Internacional estima que Ucrania necesitará unos 137.000 millones de euros entre 2026 y 2027. El paquete europeo cubre gran parte, pero no todo. La UE espera que otros aliados como Reino Unido, Canadá, Japón y Noruega ayuden a cerrar esa brecha, mientras el FMI prepara su propio préstamo multimillonario para el próximo mes.

El calendario es ajustado. La Comisión quiere que los fondos empiecen a fluir en abril, pero antes necesita el visto bueno de los países miembros y del Parlamento Europeo. Una vez aprobado, el dinero militar se usará principalmente para comprar equipos dentro del área económica europea (UE y países como Noruega), aunque se dejará una puerta abierta a adquisiciones fuera si resultan más efectivas.

Hay otro mecanismo interesante: en algunos casos, parte del dinero podría canalizarse a través de un esquema de la OTAN para que aliados europeos y Canadá compren armamento estadounidense y lo donen directamente a Kiev. Es un guiño a la interoperabilidad transatlántica.

La conclusión es clara: Europa está haciendo una apuesta estratégica a largo plazo. No se trata solo de mantener a Ucrania a flote económicamente, sino de fortalecer su capacidad defensiva mientras la ancla institucionalmente al bloque mediante reformas y una integración más profunda en su base industrial militar.
El mensaje subyacente para Moscú es tan económico como político: la UE está dispuesta a sostener este esfuerzo durante años, vinculando la reconstrucción futura al pago de reparaciones por parte de Rusia una vez finalice el conflicto.


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Internacional

Trump ordena a somalíes con TPS abandonar EE.UU. en marzo

La administración Trump cancela la protección a cientos de somalíes, en una medida que intensifica su agenda de deportación y genera protestas.

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¡Temporal significa temporal! (Excepto cuando no)

Ah, la poesía burocrática. “La temporalidad significa temporalidad”, declaró con la solemnidad de un oráculo la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem. Qué frase tan profunda, tan filosófica. Casi tan profunda como el compromiso de esta administración con la coherencia. Porque, claro, cuando se trata de poner “a los estadounidenses primero”, ¿qué mejor manera que darle un ultimátum a 705 personas en un país de 330 millones? Una verdadera operación de seguridad nacional.

El gobierno del presidente Donald Trump anunció que pondrá fin al Estatus de Protección Temporal (TPS) para inmigrantes de Somalia. Sí, otra joya más en la corona de su agenda de deportación masiva. Porque nada dice “América First” como desestabilizar las vidas de cientos de personas que son, atención al dato, un “pequeño subconjunto” entre casi 1.3 millones de inmigrantes con TPS. Prioridades, ¿verdad?

Los somalíes afectados deben abandonar Estados Unidos antes del 17 de marzo, cuando expiren las protecciones existentes, extendidas por última vez por el expresidente Joe Biden.

Marzo. Una fecha límite perfecta. No muy lejana para causar pánico inmediato, pero lo suficientemente próxima para que planificar tu vida o tu huida sea un deporte extremo. Y todo esto ocurre mientras Minneapolis —hogar de una gran comunidad somalí— hierve por el asesinato de una manifestante a manos de un agente del ICE. Pura casualidad, sin duda.

La “mejoría” somalí y otras ficciones legales

El Departamento de Seguridad Nacional justifica la medida con un argumento que haría sonrojar a un novelista barato: las circunstancias en Somalia “han mejorado hasta el punto” de que ya no cumple los requisitos para el TPS. Me pregunto qué métricas usan para medir esa “mejoría”. ¿Menos balas por metro cuadrado? ¿Sequías ligeramente más cortas? Porque el pequeño detalle es que Somalia sigue siendo una de las naciones más pobres del mundo, asediada por décadas de conflicto crónico y desastres naturales.

Pero no me crean a mí. Crean al propio informe del Congreso de 2025, que señala que los somalíes habían recibido más de dos docenas de extensiones debido a la perpetua “inseguridad y el conflicto armado en curso que presentan serias amenazas para la seguridad”. ¿Serias amenazas? Bah, minucias. Probablemente solo sean exageraciones de quienes no entienden que “temporal” es un concepto flexible… hasta que a alguien se le antoja que ya no lo es.

Y aquí entra el toque personal del expresidente. Trump ha dirigido una retórica particularmente creativa contra los inmigrantes somalíes. Los ha acusado de defraudar programas federales y, en diciembre, soltó esta perla:

Dijo que no quería somalíes en Estados Unidos, afirmando que “vienen del infierno” y “no contribuyen en nada”.

Vienen del infierno. Una descripción geopolítica impecable. Sin distinciones entre ciudadanos y no ciudadanos, porque ¿para qué complicarse con detalles legales cuando tienes un buen eslogan?

La obsesión personal convertida en política pública

El capricho no termina ahí. Trump ha tenido palabras especialmente cariñosas para la representante Ilhan Omar, demócrata de Minnesota que emigró de Somalia siendo niña y es, oh sorpresa, ciudadana estadounidense. El mandatario ha sugerido repetidamente su deportación (genial idea, deportar a una congresista electa) y en un arrebato otoñal la llamó “basura”. Clase y elegancia desde la Oficina Oval.

Omar, quien ha criticado abiertamente el despliegue del ICE en Minneapolis, ha calificado esta fijación como “espeluznante e malsana”. Y uno piensa: ¿será que toda esta movida contra el TPS somalí es política pública meticulosa o simplemente el rencor personal escalado a nivel federal? Nunca lo sabremos… aunque las pistas apuntan fuerte a lo segundo.

El Congreso estableció el programa TPS en 1990 para ayudar a personas huyendo de condiciones inestables y amenazantes. Somalia recibió la designación en 1991 bajo George H.W. Bush debido a una guerra civil. Se ha extendido durante décadas porque —sorpresa— las condiciones inestables y amenazantes persistían. Hasta ahora, aparentemente.

Así que ahí están: cientos de personas atrapadas entre la retórica incendiaria de un expresidente obsesionado, una secretaria que repite eslóganes como mantras y un país de origen al que, según los papeles oficiales, ya no le pasa nada suficientemente malo como para merecer compasión.

Todo muy temporal. Todo muy absurdo.


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Internacional

Protestas y demanda judicial contra redadas de ICE en Minnesota

Estudiantes y activistas enfrentan redadas migratorias en Minneapolis, mientras autoridades estatales presentan demandas para detener las operaciones federales.

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Tensión en Minneapolis por despliegue masivo de agentes migratorios

Las calles de Minneapolis se llenaron de tensión y gas lacrimógeno este martes. Agentes federales lanzaron gases y rociaron irritante contra activistas que protestaban cerca del lugar donde Renee Good fue fatalmente baleada la semana pasada por un agente de inmigración. Escenas caóticas se vivieron mientras un hombre se frotaba los ojos con nieve, gritando pidiendo ayuda, y agentes en un Jeep sin identificación rociaban el irritante naranja antes de alejarse.

“¿Quién no tiene silbato?”, gritó un hombre con una bolsa de ellos.

La protesta no fue aislada. En Brooklyn Park, estudiantes abandonaron sus aulas en solidaridad con el movimiento contra las operaciones migratorias, siguiendo el ejemplo de alumnos en otras partes del país. Este despliegue ocurre mientras Minnesota se convierte en el epicentro de lo que ICE describe como su mayor operación hasta la fecha, con más de 2,000 agentes enviados al estado.

La batalla legal se intensifica

Minnesota no se queda de brazos cruzados. El estado, junto con las ciudades de Minneapolis y St. Paul, presentaron una demanda contra el gobierno federal el lunes, buscando detener o limitar lo que califican como una “invasión federal” a las Ciudades Gemelas.

“Esto es, en esencia, una invasión federal de las Ciudades Gemelas en Minnesota, y debe detenerse”, afirmó el fiscal general del estado, Keith Ellison.

La demanda argumenta que el Departamento de Seguridad Nacional está violando protecciones constitucionales al enfocarse específicamente en un estado progresista que favorece a los demócratres. El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, fue contundente al describir el impacto:

“Lo que estamos viendo son miles —en plural— miles de agentes federales entrando en nuestra ciudad. Y, sí, están teniendo un impacto tremendo en la vida cotidiana”.

Mientras tanto, Brita Anderson, quien vive cerca y acudió a apoyar a amigos del vecindario, expresó su indignación al ver a agentes con equipo táctico completo:

“Sentí que la única razón por la que vendrían aquí es para acosar a la gente”, señaló Anderson.

Respuestas políticas y movilización nacional

La muerte de Renee Good —una madre de tres hijos de 37 años— ha desatado decenas de protestas y vigilias por todo Estados Unidos. Su caso simboliza la creciente tensión entre comunidades locales y las políticas migratorias federales.

El Departamento de Seguridad Nacional reporta más de 2,000 arrestos en Minnesota desde principios de diciembre y promete no retroceder. Tricia McLaughlin, portavoz del departamento, respondió a la demanda acusando a las autoridades estatales:

“El trabajo del presidente Trump es proteger al pueblo estadounidense y hacer cumplir la ley, sin importar quién sea su alcalde, gobernador o fiscal general del estado”.

Pero las críticas continúan. El gobierno federal defiende al agente que disparó contra Good argumentando defensa propia —una versión cuestionada por Frey, el gobernador Tim Walz y otros basándose en videos de la confrontación.

La reacción política se extiende más allá de Minnesota. En Massachusetts, dos legisladores demócratas anunciaron un proyecto de ley para facilitar demandas contra agentes federales acusados de violar derechos civiles —aunque tiene pocas probabilidades en un Congreso controlado por republicanos. En Wisconsin, la vicegobernadora Sara Rodríguez propuso prohibir operativos migratorios cerca de escuelas, hospitales e iglesias.

Lo que viene: Un tribunal federal deberá decidir si suspende las operaciones mientras continúan las protestas. La comunidad observa si la presión legal y social puede cambiar el curso de lo que muchos residentes ven como una presencia militarizada desproporcionada en sus barrios.

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