El día que la salud pública griega recibió una dosis de realidad… y gas pimienta
Imaginen la escena: el primer ministro Kyriakos Mitsotakis llega al Hospital General Universitario Attikon con su mejor sonrisa para inaugurar cosas brillantes y nuevas, mientras los médicos que mantienen vivo el lugar -milagrosamente- llegan con sus batas blancas y su desesperación a cuestas. Qué bonito contraste, ¿verdad? Como llevar una botella de champán a un incendio forestal.
Resulta que la policía antidisturbios, esos seres con más equipo que un hospital de campaña, decidió que la mejor manera de proteger la visita del mandatario era lanzando gas pimienta contra el personal médico. Porque nada dice “estamos aquí para ayudar” como incapacitar temporalmente a las únicas personas que saben hacer RCP. La ironía era tan densa que se podía cortar con un bisturí esterilizado.
Las quejas del personal: o cómo pedir lo básico se convirtió en disturbio
Mientras Mitsotakis y su ministro de Salud Adonis Georgiadis paseaban por el flamante departamento de oncología -construido con fondos benéficos, porque aparentemente el estado griego tiene el mismo presupuesto para salud que un estudiante universitario para caviar- los trabajadores sanitarios intentaban explicar que 130 pacientes durmiendo en camillas no es exactamente el estándar de oro de la atención médica.
Giorgos Sideris, jefe de la Asociación de Médicos de Hospitales de Atenas y El Pireo, soltó esta perla de sabiduría burocrática: “Piensan que les vamos a agradecer porque nos deben 10.000 días de permiso. Piensan que les vamos a agradecer por mantener nuestros salarios congelados”. Vamos a ver, Giorgos, no seas ingrato… ¡les dieron un nuevo departamento de oncología! ¿Quieres queso con ese whine?
El médico, que claramente no entendía las prioridades gubernamentales, se atrevió a mencionar detalles mundanos como que necesitan 125 enfermeros adicionales “solo para operar con un nivel de seguridad”. Exigir, exigir, siempre exigiendo… ¿Acaso no saben que las inauguraciones fotogénicas son mucho más importantes que tener suficiente personal para evitar que la gente muera en los pasillos?
La gran inauguración: o cómo barnizar un edificio que se cae a pedazos
Mientras fuera del hospital se desarrollaba esta peculiar protesta del sistema de salud pública -donde los manifestantes no portaban pancartas sino estetoscopios- dentro, el primer ministro presumía de que la financiación para Attikon había aumentado de 90 a 150 millones de euros. Qué progreso, ¿no? Aunque uno se pregunta: si el dinero ha aumentado tanto, ¿por qué los médicos siguen cobrando como becarios y los pacientes duermen en los pasillos?
Mitsotakis, con esa capacidad de los políticos para decir mucho sin decir nada, declaró que los niveles de personal habían aumentado “no al nivel que nos gustaría, pero seguimos insistiendo en este gran esfuerzo por reestructurar de manera integral el Sistema Nacional de Salud”. Traducción: “Sí, sabemos que el barco se hunde, pero hemos contratado a una orquesta excelente para tocar mientras”.
La nueva sala de oncología, que atenderá a más de 20.000 pacientes anuales -un aumento del 41% desde 2019- es sin duda una mejora importante. Pero quizás, solo quizás, los pacientes con cáncer preferirían no tener que esquivar gases lacrimógenos en la entrada del hospital. Son tan quisquillosos…
El verdadero espectáculo no fue la inauguración, sino ver cómo el gobierno griego intenta vender como victoria lo que cualquier persona con dos dedos de frente reconocería como colapso del sistema sanitario. Aumentar la capacidad de tratamiento oncológico es maravilloso, pero quizás deberían empezar por lo básico: que no te atienda un médico que acaba de ser rociado con gas pimienta por protestar por sus condiciones laborales.
En definitiva, Grecia nos ofrece otra lección magistral en gestión pública</strong: inaugurar departamentos nuevos mientras ignores que el personal está al borde del motín es como ponerle cortinas nuevas a una casa que se está incendiando. Quizás, solo quizás, la próxima vez podrían escuchar a los médicos en lugar de gasificarlos. Pero eso sería demasiado sensato, ¿verdad?
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