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Internacional

La FDA aprueba una nueva píldora abortiva genérica

La agencia regulatoria estadounidense da luz verde a un segundo genérico, desatando una tormenta política previsible en un debate que parece no tener fecha de caducidad.

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La FDA, en su eterno papel de aguafiestas (o salvadora, depende de a quién le preguntes)

Parece que en la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) no recibieron el memo de que ciertos temas son, cómo decirlo, delicaditos. En un movimiento que ha dejado a más de uno con la boca abierta y a otros con ganas de cerrársela a la agencia, las autoridades federales de salud han dado su bendición a otra versión genérica de la píldora abortiva mifepristona. Una simple formalidad regulatoria, ¿verdad? ¡Qué inocentes somos! Esta rutinaria aprobación ha servido de catalizador para que los grupos antiaborto y algunos políticos alineados con el gobierno del presidente Donald Trump ensayen su mejor drama shakesperiano de indignación.

El fabricante de fármacos Evita Solutions, con la discreción de un elefante en una cacharrería, anunció en su portal de internet que la FDA había aprobado su versión de bajo costo del medicamento, autorizado para interrumpir embarazos en las primeras 10 semanas. Porque, claro, ¿qué mejor manera de pasar desapercibido que publicitando un fármaco que es la manzana de la discordia nacional?

El coro de la indignación: Acto I, Escena infinita

Y como el guion ya estaba escrito, Students for Life Action, un colectivo que se opone al aborto, no tardó ni un café en emitir un comunicado el jueves. Con la sutileza de un martillazo, calificaron la aprobación como “una mancha en la presidencia de Trump y una nueva muestra de que el estado profundo en la FDA debe desaparecer”. Porque, obviamente, la aprobación de un genérico basado en evidencia científica es la prueba definitiva de una conspiración masiva, y no, no sé yo, el cumplimiento del deber de una agencia reguladora.

Para no ser menos, el senador republicano Josh Hawley decidió sumarse al carro de los perjudicados. En un arrebato de revelación en la red social X, probablemente escrito entre lágrimas de desilusión, publicó: “He perdido la confianza en el liderazgo de la FDA”. Uno se pregunta si esa confianza estaba depositada en la ciencia o en la esperanza de que la agencia se convirtiera en una extensión de una agenda política particular. Las críticas llegan en un momento de lo más pintoresco, mientras los principales funcionarios de salud de Trump, incluyendo al mismísimo Secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., se enfrentan a una presión creciente por parte de los opositores al aborto para que reevalúen el uso de la mifepristona. Una píldora que, por cierto, fue aprobada hace un cuarto de siglo y que los científicos de la FDA han considerado en repetidas ocasiones como segura y efectiva. Pero, ¿quién necesita décadas de datos cuando se tiene una opinión bien firme?

En una jugada que bien podría titularse “Cubriéndonos las espaldas”, Kennedy y el comisionado de la FDA, el doctor Marty Makary, se comprometieron en una carta dirigida a fiscales generales republicanos el mes pasado a realizar una revisión exhaustiva de la seguridad del medicamento. Por si acaso esos 25 años de uso no fueran suficientes. Mejor revisar dos veces, o tres, o las que hagan falta hasta que el resultado sea el políticamente conveniente.

Un poquito de historia, para variar

La FDA aprobó la versión original de la mifepristona en el lejano año 2000 y, desde entonces, ha ido facilitando su acceso de forma gradual. Eso incluyó la aprobación del primer genérico en 2019, fabricado por GenBioPro. Pero el verdadero salto al vacío, el que hizo crujir las butacas del conservadurismo, llegó durante el gobierno del presidente Joe Biden. En 2021, la FDA permitió la prescripción en línea y la entrega por correo del medicamento, facilitando el acceso de una manera que a algunos les pareció tan escandalosa como práctica. Los opositores al aborto han estado librando una batalla campal contra este cambio desde entonces. Porque, al parecer, la comodidad del paciente es un concepto demasiado progresista para digerir.

Lo más irónico de esta tragicomedia es que la aprobación de medicamentos genéricos es un proceso rutinario y aburridamente normal en la FDA. Una vez que expira la patente del medicamento original, es común que se autoricen múltiples versiones. Los fabricantes de genéricos solo necesitan demostrar que su píldora contiene los mismos ingredientes y sigue la misma fórmula que la desarrollada por el fabricante original. No se requiere magia negra, ni conspiraciones, solo ciencia y papeleo.

Por lo general, la FDA aprueba este tipo de solicitudes en un plazo no mayor a 10 meses. Aquí es donde la trama se pone jugosa: los documentos en el sitio web de la agencia muestran que Evita Solutions presentó su solicitud para comercializar la mifepristona hace cuatro años. Cuatro. Largos. Años. La compañía, sumida en un mutismo que bien podría ganar un Óscar, no ha respondido a las solicitudes de comentarios. Mientras tanto, en su sitio web, Evita proclama con candor que “cree que todas las personas deberían tener acceso a un cuidado del aborto seguro, asequible, de alta calidad, efectivo y compasivo”. Una declaración de principios que, sin duda, ha encendido aún más los ánimos en el bando contrario.

Al final del día, la aprobación de un segundo genérico es poco probable que altere significativamente el acceso a la píldora, que normalmente se toma junto con otro medicamento, el misoprostol. Este dúo dinámico representa aproximadamente dos tercios de todos los abortos en Estados Unidos. Para los curiosos, la mifepristona se encarga de dilatar el cuello uterino y bloquear la hormona progesterona, mientras que el misoprostol provoca las contracciones uterinas. Una sinergia farmacológica que, por lo visto, es tan eficaz como políticamente inflamable.

En resumen, lo que tenemos aquí es otro capítulo en la interminable saga del debate sobre el aborto en Estados Unidos, donde un trámite administrativo se convierte en un campo de batalla ideológico. Porque, en este país, hasta una pastilla puede llevar armadura.

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La UE prioriza el gasto militar en su paquete de ayuda a Ucrania

La UE destina 60.000 millones de euros a defensa ucraniana, condicionando el apoyo a reformas democráticas y lucha anticorrupción.

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La UE prioriza el gasto militar en su paquete de ayuda a Ucrania

Bruselas ha desvelado los detalles de un plan financiero masivo para sostener a Ucrania durante los próximos años. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, confirmó este miércoles que la mayor parte de un nuevo programa de préstamos por valor de 90.000 millones de euros se destinará directamente a necesidades militares y defensivas.

El desglose es claro: 60.000 millones de euros (unos 70.000 millones de dólares) irán a apoyo militar, mientras que los 30.000 millones restantes se dedicarán a ayuda presupuestaria para estabilizar la economía ucraniana. Esto no es casualidad.

“Todos queremos la paz para Ucrania, y para eso Ucrania debe estar en una posición de fuerza”, declaró Von der Leyen al explicar la lógica detrás del gasto.

La estrategia europea se basa en una premisa simple pero costosa: la paz negociada solo llega desde una posición de fortaleza. Y construir esa fortaleza requiere armamento, equipamiento y una base industrial defensiva integrada con Europa.

Un paquete condicionado por reformas y contexto financiero

Pero el dinero no llega sin condiciones. Von der Leyen fue tajante:

“Estas condiciones no son negociables para ningún apoyo financiero”.

Ucrania debe emprender reformas democráticas profundas, con especial énfasis en el estado de derecho y la lucha contra la corrupción. Este punto es especialmente delicado dado el historial del país y las recientes tensiones internas, incluida la dimisión del jefe de gabinete presidencial Andrii Yermak tras una investigación anticorrupción.

El contexto financiero es apremiante. El Fondo Monetario Internacional estima que Ucrania necesitará unos 137.000 millones de euros entre 2026 y 2027. El paquete europeo cubre gran parte, pero no todo. La UE espera que otros aliados como Reino Unido, Canadá, Japón y Noruega ayuden a cerrar esa brecha, mientras el FMI prepara su propio préstamo multimillonario para el próximo mes.

El calendario es ajustado. La Comisión quiere que los fondos empiecen a fluir en abril, pero antes necesita el visto bueno de los países miembros y del Parlamento Europeo. Una vez aprobado, el dinero militar se usará principalmente para comprar equipos dentro del área económica europea (UE y países como Noruega), aunque se dejará una puerta abierta a adquisiciones fuera si resultan más efectivas.

Hay otro mecanismo interesante: en algunos casos, parte del dinero podría canalizarse a través de un esquema de la OTAN para que aliados europeos y Canadá compren armamento estadounidense y lo donen directamente a Kiev. Es un guiño a la interoperabilidad transatlántica.

La conclusión es clara: Europa está haciendo una apuesta estratégica a largo plazo. No se trata solo de mantener a Ucrania a flote económicamente, sino de fortalecer su capacidad defensiva mientras la ancla institucionalmente al bloque mediante reformas y una integración más profunda en su base industrial militar.
El mensaje subyacente para Moscú es tan económico como político: la UE está dispuesta a sostener este esfuerzo durante años, vinculando la reconstrucción futura al pago de reparaciones por parte de Rusia una vez finalice el conflicto.


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Trump ordena a somalíes con TPS abandonar EE.UU. en marzo

La administración Trump cancela la protección a cientos de somalíes, en una medida que intensifica su agenda de deportación y genera protestas.

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¡Temporal significa temporal! (Excepto cuando no)

Ah, la poesía burocrática. “La temporalidad significa temporalidad”, declaró con la solemnidad de un oráculo la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem. Qué frase tan profunda, tan filosófica. Casi tan profunda como el compromiso de esta administración con la coherencia. Porque, claro, cuando se trata de poner “a los estadounidenses primero”, ¿qué mejor manera que darle un ultimátum a 705 personas en un país de 330 millones? Una verdadera operación de seguridad nacional.

El gobierno del presidente Donald Trump anunció que pondrá fin al Estatus de Protección Temporal (TPS) para inmigrantes de Somalia. Sí, otra joya más en la corona de su agenda de deportación masiva. Porque nada dice “América First” como desestabilizar las vidas de cientos de personas que son, atención al dato, un “pequeño subconjunto” entre casi 1.3 millones de inmigrantes con TPS. Prioridades, ¿verdad?

Los somalíes afectados deben abandonar Estados Unidos antes del 17 de marzo, cuando expiren las protecciones existentes, extendidas por última vez por el expresidente Joe Biden.

Marzo. Una fecha límite perfecta. No muy lejana para causar pánico inmediato, pero lo suficientemente próxima para que planificar tu vida o tu huida sea un deporte extremo. Y todo esto ocurre mientras Minneapolis —hogar de una gran comunidad somalí— hierve por el asesinato de una manifestante a manos de un agente del ICE. Pura casualidad, sin duda.

La “mejoría” somalí y otras ficciones legales

El Departamento de Seguridad Nacional justifica la medida con un argumento que haría sonrojar a un novelista barato: las circunstancias en Somalia “han mejorado hasta el punto” de que ya no cumple los requisitos para el TPS. Me pregunto qué métricas usan para medir esa “mejoría”. ¿Menos balas por metro cuadrado? ¿Sequías ligeramente más cortas? Porque el pequeño detalle es que Somalia sigue siendo una de las naciones más pobres del mundo, asediada por décadas de conflicto crónico y desastres naturales.

Pero no me crean a mí. Crean al propio informe del Congreso de 2025, que señala que los somalíes habían recibido más de dos docenas de extensiones debido a la perpetua “inseguridad y el conflicto armado en curso que presentan serias amenazas para la seguridad”. ¿Serias amenazas? Bah, minucias. Probablemente solo sean exageraciones de quienes no entienden que “temporal” es un concepto flexible… hasta que a alguien se le antoja que ya no lo es.

Y aquí entra el toque personal del expresidente. Trump ha dirigido una retórica particularmente creativa contra los inmigrantes somalíes. Los ha acusado de defraudar programas federales y, en diciembre, soltó esta perla:

Dijo que no quería somalíes en Estados Unidos, afirmando que “vienen del infierno” y “no contribuyen en nada”.

Vienen del infierno. Una descripción geopolítica impecable. Sin distinciones entre ciudadanos y no ciudadanos, porque ¿para qué complicarse con detalles legales cuando tienes un buen eslogan?

La obsesión personal convertida en política pública

El capricho no termina ahí. Trump ha tenido palabras especialmente cariñosas para la representante Ilhan Omar, demócrata de Minnesota que emigró de Somalia siendo niña y es, oh sorpresa, ciudadana estadounidense. El mandatario ha sugerido repetidamente su deportación (genial idea, deportar a una congresista electa) y en un arrebato otoñal la llamó “basura”. Clase y elegancia desde la Oficina Oval.

Omar, quien ha criticado abiertamente el despliegue del ICE en Minneapolis, ha calificado esta fijación como “espeluznante e malsana”. Y uno piensa: ¿será que toda esta movida contra el TPS somalí es política pública meticulosa o simplemente el rencor personal escalado a nivel federal? Nunca lo sabremos… aunque las pistas apuntan fuerte a lo segundo.

El Congreso estableció el programa TPS en 1990 para ayudar a personas huyendo de condiciones inestables y amenazantes. Somalia recibió la designación en 1991 bajo George H.W. Bush debido a una guerra civil. Se ha extendido durante décadas porque —sorpresa— las condiciones inestables y amenazantes persistían. Hasta ahora, aparentemente.

Así que ahí están: cientos de personas atrapadas entre la retórica incendiaria de un expresidente obsesionado, una secretaria que repite eslóganes como mantras y un país de origen al que, según los papeles oficiales, ya no le pasa nada suficientemente malo como para merecer compasión.

Todo muy temporal. Todo muy absurdo.


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Protestas y demanda judicial contra redadas de ICE en Minnesota

Estudiantes y activistas enfrentan redadas migratorias en Minneapolis, mientras autoridades estatales presentan demandas para detener las operaciones federales.

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Tensión en Minneapolis por despliegue masivo de agentes migratorios

Las calles de Minneapolis se llenaron de tensión y gas lacrimógeno este martes. Agentes federales lanzaron gases y rociaron irritante contra activistas que protestaban cerca del lugar donde Renee Good fue fatalmente baleada la semana pasada por un agente de inmigración. Escenas caóticas se vivieron mientras un hombre se frotaba los ojos con nieve, gritando pidiendo ayuda, y agentes en un Jeep sin identificación rociaban el irritante naranja antes de alejarse.

“¿Quién no tiene silbato?”, gritó un hombre con una bolsa de ellos.

La protesta no fue aislada. En Brooklyn Park, estudiantes abandonaron sus aulas en solidaridad con el movimiento contra las operaciones migratorias, siguiendo el ejemplo de alumnos en otras partes del país. Este despliegue ocurre mientras Minnesota se convierte en el epicentro de lo que ICE describe como su mayor operación hasta la fecha, con más de 2,000 agentes enviados al estado.

La batalla legal se intensifica

Minnesota no se queda de brazos cruzados. El estado, junto con las ciudades de Minneapolis y St. Paul, presentaron una demanda contra el gobierno federal el lunes, buscando detener o limitar lo que califican como una “invasión federal” a las Ciudades Gemelas.

“Esto es, en esencia, una invasión federal de las Ciudades Gemelas en Minnesota, y debe detenerse”, afirmó el fiscal general del estado, Keith Ellison.

La demanda argumenta que el Departamento de Seguridad Nacional está violando protecciones constitucionales al enfocarse específicamente en un estado progresista que favorece a los demócratres. El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, fue contundente al describir el impacto:

“Lo que estamos viendo son miles —en plural— miles de agentes federales entrando en nuestra ciudad. Y, sí, están teniendo un impacto tremendo en la vida cotidiana”.

Mientras tanto, Brita Anderson, quien vive cerca y acudió a apoyar a amigos del vecindario, expresó su indignación al ver a agentes con equipo táctico completo:

“Sentí que la única razón por la que vendrían aquí es para acosar a la gente”, señaló Anderson.

Respuestas políticas y movilización nacional

La muerte de Renee Good —una madre de tres hijos de 37 años— ha desatado decenas de protestas y vigilias por todo Estados Unidos. Su caso simboliza la creciente tensión entre comunidades locales y las políticas migratorias federales.

El Departamento de Seguridad Nacional reporta más de 2,000 arrestos en Minnesota desde principios de diciembre y promete no retroceder. Tricia McLaughlin, portavoz del departamento, respondió a la demanda acusando a las autoridades estatales:

“El trabajo del presidente Trump es proteger al pueblo estadounidense y hacer cumplir la ley, sin importar quién sea su alcalde, gobernador o fiscal general del estado”.

Pero las críticas continúan. El gobierno federal defiende al agente que disparó contra Good argumentando defensa propia —una versión cuestionada por Frey, el gobernador Tim Walz y otros basándose en videos de la confrontación.

La reacción política se extiende más allá de Minnesota. En Massachusetts, dos legisladores demócratas anunciaron un proyecto de ley para facilitar demandas contra agentes federales acusados de violar derechos civiles —aunque tiene pocas probabilidades en un Congreso controlado por republicanos. En Wisconsin, la vicegobernadora Sara Rodríguez propuso prohibir operativos migratorios cerca de escuelas, hospitales e iglesias.

Lo que viene: Un tribunal federal deberá decidir si suspende las operaciones mientras continúan las protestas. La comunidad observa si la presión legal y social puede cambiar el curso de lo que muchos residentes ven como una presencia militarizada desproporcionada en sus barrios.

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