Internacional
Estados Unidos boicotea cumbre del G20 que presidirá el próximo año
La ausencia del próximo anfitrión marcó el cierre de la cumbre, donde 19 naciones acordaron una declaración histórica a pesar del rechazo estadounidense.
El espectáculo de la silla vacía (y del mazo que nadie quiso recibir)
Parece que a la diplomacia internacional se le ha colado un episodio de Succession, pero con peor guion y un presupuesto mucho mayor. La cumbre del G20 en Sudáfrica llegó a su fin, y oh, sorpresa, el invitado de honor —o más bien, el próximo anfitrión— brilló por su ausencia. Sí, Estados Unidos, la nación que supuestamente liderará el bloque el próximo año, decidió que tenía cosas mejores que hacer que asistir a la reunión de las economías más poderosas del planeta. ¿La excusa oficial? Que Sudáfrica, el país anfitrión, es un lugar terriblemente peligroso… pero solo para una parte muy específica y minoritaria de su población, según el singular criterio geopolítico de Donald Trump. Porque nada dice “política exterior seria” como basar tus boicots en afirmaciones que parecen sacadas de un foro de internet a las 3 de la mañana.
El momento culmen de este drama diplomático fue, sin duda, la ceremonia de clausura. El presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, golpeó un mazo de madera con la solemnidad de un juez en una tradición del G20. Un mazo que, en teoría, debía ser entregado al próximo líder anfitrión. Pero el asiento de EE.UU. estaba más vacío que las promesas de un político en campaña. La Casa Blanca, en un arranque de magnanimidad de último minuto, sugirió que quizás un funcionario de su embajada —algún becario con suerte, imagino— podría recoger el simbólico martillo. Sudáfrica, con una dignidad que merece una ovación, respondió con un “ni se les ocurra”. Así que el mazo se quedó sin dueño, como un pastel en una fiesta a la que nadie fue.
La declaración que nadie esperaba (especialmente EE.UU.)
Mientras el elefante —o más bien, el águila— no estaba en la habitación, los otros 19 miembros del Grupo de los 20 decidieron que el espectáculo debía continuar. Y vaya si lo hicieron. En un movimiento que rompió con toda tradición, emitieron una declaración de líderes el primer día, casi como si quisieran asegurarse de que, si EE.UU. cambiaba de opinión, ya fuera demasiado tarde para estropearla. La agenda, centrada en el cambio climático y la desigualdad global de riqueza, era básicamente la lista de lectura que el gobierno de Trump se negaba a abrir. China, Rusia, Francia, Alemania y otros respaldaron el texto, que pedía ayuda financiera para los países pobres frente a los desastres climáticos. Vamos, todo aquello que parece importar cuando no estás obsesionado con quién está persiguiendo a quién en un país a miles de kilómetros de distancia.
Argentina, fiel a su nuevo aliado ideológico Trump, también se opuso a la declaración. Su presidente, Javier Milei, tampoco se molestó en aparecer, probablemente demasiado ocupado liberando mercados en su imaginación. Pero el resto de naciones, en un raro momento de acuerdo, respaldaron un documento que ponía las prioridades de África y el Sur Global en el centro. Ramaphosa, con la satisfacción de quien ha logrado organizar una cena familiar a la que su primo más problemático no ha venido, declaró: “Sudáfrica ha utilizado esta presidencia para colocar las prioridades de África y el Sur Global firmemente en el corazón de la agenda del G20”. Luego, en un momento de micrófono abierto que no debía ser transmitido, se le escuchó susurrar: “No fue fácil”. No, Cyril, no lo imagino.
¿Y esto sirve para algo? La pregunta del millón
Sudáfrica defendió su declaración como una victoria para la cooperación internacional, un bonito gesto frente a la política de “Estados Unidos primero”. Pero seamos realistas: las declaraciones del G20 son como los propósitos de Año Nuevo; todos están de acuerdo en que son maravillosos, pero nadie está realmente obligado a cumplirlos. No son vinculantes. Y aunque el texto incluía muchas de las prioridades sudafricanas, algunas propuestas concretas, como un nuevo panel internacional sobre desigualdad de riqueza</strong, brillaron por su ausencia. Vamos, que se habló mucho de la fiebre, pero el antibiótico no llegó a la receta.
El G20 se formó en 1999 para responder a crisis financieras, pero hoy algunos se preguntan si sirve para algo más que para fotos de grupo incómodas. La declaración de 122 puntos apenas mencionó Ucrania, a pesar de que mandatarios de todas las naciones europeas y Rusia se sentaron en la misma sala. El presidente francés, Emmanuel Macron, lo resumió con elegancia gala: el bloque estaba “luchando por tener un estándar común en las crisis geopolíticas”. Vamos, que es como intentar poner de acuerdo a gatos en una piscina.
Aun así, para los países más pobres, la cumbre tuvo un valor simbólico innegable. “Esta es la primera reunión de líderes mundiales en la historia donde la emergencia de la desigualdad se puso en el centro de la agenda”, señaló Max Lawson de Oxfam. El presidente de Namibia, Netumbo Nandi-Ndaitwah, añadió que la importancia de abordar las prioridades de desarrollo desde una perspectiva africana “no puede ser subestimada”. Claro, porque cuando el dueño de la casa más grande del barrio no viene a la reunión de vecinos, al menos los demás pueden decidir dónde poner los contenedores de reciclaje sin su “supervisión”.
Mientras tanto, Trump ya ha anunciado que EE.UU. organizará la cumbre del próximo año en su club de golf de Doral, Florida. Porque nada fomenta la diplomacia global como discutir el futuro del mundo entre hoyos, con un refresco con sombrillita de por medio. ¿Apostamos a que el mazo de madera se convertirá en un palo de golf?
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Internacional
Inundaciones en Tailandia dejan 145 muertos y devastación
Las aguas retroceden y dejan al descubierto la verdadera magnitud de la catástrofe en el sur del país.
El agua baja y la cruda realidad emerge
Parece que la naturaleza quiso hacer su propia y devastadora versión de “Waterworld” en el sur de Tailandia, y spoiler alert: el final es trágico. Las autoridades confirmaron este viernes que el balance mortal de las inundaciones ha escalado hasta al menos 145 personas. Y lo más cruel es que la verdadera dimensión del desastre se está revelando justo ahora, mientras las aguas, con una calma sospechosa, empiezan a retirarse. Es como si el mar hubiera decidido devolver lo que se llevó, pero solo los escombros y un panorama desolador.
Imaginen la escena: más de 1.2 millones de hogares y 3.6 millones de personas (sí, MILLONES, una cifra que cuesta incluso visualizar) han sido arrasados por este diluvio moderno que azotó 12 provincias del sur. El Departamento de Prevención y Mitigación de Desastres básicamente tiene las manos más llenas que nosotros en un día de rebajas online.
La búsqueda de supervivientes se intensifica
En una conferencia de prensa en Bangkok, el portavoz gubernamental, Siripong Angkasakulkiat, soltó el dato que nadie quería escuchar: las inundaciones se han cobrado 145 vidas en ocho provincias. Pero el golpe más duro lo recibió la provincia de Songkhla, que por sí sola acumula al menos 110 de estas muertes. La única “buena” noticia en este panorama desolador es que, con el descenso de las aguas, los equipos de búsqueda y rescate han podido acceder a zonas que antes eran un acuario de pesadilla, lo que, en un giro macabro, ha hecho que la cifra de fallecidos aumente. No es exactamente el tipo de “éxito” que uno celebra.
Fue justo cuando el nivel del agua empezó a bajar en Songkhla cuando el número de víctimas mortales se disparó. Las noticias muestran a los equipos de rescate adentrándose por fin en áreas residenciales que habían estado literalmente sumergidas, recuperando más cuerpos, especialmente en Hat Yai, la ciudad más importante del sur. Es el típico “lo peor está por venir”, pero en versión catástrofe real.
El paisaje post-apocalíptico que queda tras la riada
Según el informe matutino del departamento de desastres, los niveles de agua han descendido en la mayoría de las zonas, pero en algunos sitios la fiesta (o más bien, la pesadilla) acuática continúa. El Departamento Meteorológico anunció que las lluvias han amainado, pero, por si faltaba algo, soltó la coletilla de que hay posibilidad de tormentas eléctricas en algunas áreas. Porque un poco de drama extra nunca viene mal, ¿verdad?
El caos ha sido de nivel “reinicio de civilización”. Las inundaciones no solo han dejado a miles de personas varadas y las calles intransitables, sino que se han tragado edificios bajos y vehículos como si fueran aperitivos. Los vídeos y fotos que circulan este viernes son directamente de una película de catástrofes: carreteras destrozadas, postes eléctricos abatidos, electrodomésticos y escombros formando montañas surrealistas en las aceras. Y los coches… los pobres coches aparecen volcados o apilados unos sobre otros, como si una mano gigante hubiera jugado a los coches de choque con una furia bíblica, arrastrados por unas corrientes poderosas que no perdonaron nada a su paso.
**Este desastre nos recuerda la fuerza abrumadora de la naturaleza. Si este reportaje te ha impactado, compártelo en tus redes sociales para ayudar a mantener el foco en la crisis y la necesitada ayuda humanitaria. Explora más en nuestra web para estar al día sobre la evolución de esta y otras emergencias globales.**
Internacional
Operación israelí en Siria deja 13 muertos en enfrentamientos
Una operación militar desata la violencia más letal en meses, con civiles atrapados en el fuego cruzado y denuncias de una masacre.
Análisis de la incursión militar en el sur de Siria
Una operación de las fuerzas israelíes en la localidad de Beit Jin, situada en el sur de Siria, derivó en un enfrentamiento letal durante la madrugada del viernes, con un saldo de al menos trece personas fallecidas, según informaron autoridades sirias y testimonios de residentes locales. Este episodio representa el incidente más mortífero atribuido a Israel desde que sus tropas establecieran control sobre una franja de este territorio hace aproximadamente un año. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Siria catalogó el suceso como una “masacre horrible“, enfatizando que entre las víctimas se encontraban mujeres y niños.
La agencia de noticias estatal siria, SANA, detalló que el operativo comenzó con la irrupción de efectivos israelíes en la aldea, con el objetivo declarado de detener a varios hombres de la comunidad. La situación escaló rápidamente cuando los soldados se enfrentaron a la resistencia de los habitantes, respondiendo con un fuego intenso que provocó la huida de decenas de familias y generó una grave crisis humanitaria en la zona.
Versiones en conflicto y desarrollo de los hechos
Desde el bando israelí, se emitió un comunicado oficial el mismo viernes, justificando la acción como una operación de contrainsurgencia dirigida a detener a sospechosos afiliados al grupo militante Jamaa Islamiya. Las autoridades israelíes alegaron que estos individuos planeaban ejecutar ataques inminentes utilizando artefactos explosivos improvisados y cohetes contra territorio israelí. Según su versión, durante el desarrollo de la redada, varios milicianos abrieron fuego contra los soldados, hiriendo a seis de ellos, lo que provocó una respuesta militar que incluyó apoyo aéreo. La operación fue declarada concluida, con todos los sospechosos detenidos y un número no especificado de milicianos abatidos.
Sin embargo, los testimonios locales recogidos por The Associated Press presentan una narrativa sustancialmente diferente. Un funcionario de la aldea, Walid Okasha, afirmó que los fallecidos eran civiles, no combatientes. Entre las víctimas identificadas se encontrarían un hombre, su esposa, sus dos hijos y su hermano, así como otro hombre que había contraído matrimonio apenas el día anterior. Firas Daher, un residente de Beit Jin, describió una escena de extrema violencia, relatando que las tropas irrumpieron alrededor de las 3:00 a.m. y, tras encontrar una “resistencia leve con armas ligeras“, respondieron de manera desproporcionada utilizando drones, helicópteros y fuego de ametralladoras pesadas. “Cada vez que alguien se movía dentro de la aldea o cualquier auto se movía, era atacado. Cuando intentamos llevar a las personas heridas al hospital, atacaban el vehículo que los transportaba“, declaró Daher, ilustrando la precaria situación de los civiles atrapados en el conflicto.
Contexto geopolítico y antecedentes del conflicto
Este violento episodio se enmarca en un escenario regional complejo y en constante evolución. Tras la caída del expresidente Bashar al-Assad en diciembre de 2024, las fuerzas israelíes ocuparon una zona en el sur de Siria que anteriormente funcionaba como una zona de amortiguamiento patrullada por cascos azules de la ONU, bajo los términos del Acuerdo de Separación de Fuerzas de 1974. Desde entonces, el ejército israelí ha llevado a cabo operaciones regulares en aldeas y pueblos dentro y fuera de esta zona, incluyendo redadas para capturar a individuos sospechosos de actividades militantes. Paralelamente, Israel ha ejecutado cientos de incursiones aéreas contra blancos militares sirios y ha abogado por el establecimiento de una zona desmilitarizada al sur de Damasco, argumentando motivos de seguridad nacional.
La respuesta de las autoridades sirias ha sido de una condena unánime, calificando estas incursiones como una violación flagrante de la soberanía nacional. El gobierno sirio hizo un llamado a la comunidad internacional para que adopte “medidas urgentes” que pongan fin a las operaciones israelíes. Cabe destacar que las incursiones israelíes no son un hecho aislado y han encontrado resistencia armada en varias ocasiones. En abril, una operación similar en la ciudad de Nawa desencadenó ataques aéreos israelíes que resultaron en nueve muertes. Un mes antes, enfrentamientos análogos durante una redada en la aldea de Koayiah se saldaron con seis civiles fallecidos. Incluso Beit Jin había sido escenario de una redada previa en junio, donde fuerzas israelíes capturaron a individuos que identificaron como miembros de Hamás —una afirmación que los residentes rechazan— y mataron a un hombre que, según su familia, padecía esquizofrenia.
La estrategia israelí se fundamenta en una doctrina de seguridad preventiva. Israel sostiene que la ocupación de la zona desmilitarizada de 400 kilómetros cuadrados es una medida temporal necesaria para impedir que milicianos se fortalezcan en el área tras el derrocamiento de Assad por insurgentes islamistas. No obstante, los críticos de esta política acusan a Israel de aprovechar la inestabilidad interna de Siria para efectuar una nueva apropiación de tierras, un señalamiento que gana fuerza al considerar que Israel mantiene el control sobre los Altos del Golán, territorio capturado a Siria en la Guerra de 1967 y posteriormente anexado, un movimiento que la mayor parte de la comunidad internacional no reconoce.
La tensión regional se ve exacerbada por la desconfianza mutua entre Israel y el nuevo gobierno sirio, encabezado por el exlíder insurgente Ahmed al-Sharaa. A pesar de no mantener relaciones diplomáticas, ambos países han estado involucrados en negociaciones para alcanzar un potencial acuerdo de seguridad que permita una desescalada. Este último incidente en Beit Jin ocurre, significativamente, en un momento de recrudecimiento de la violencia en la región. Precedido por una serie de ataques aéreos israelíes en el sur del Líbano, donde, según un reporte de la ONU, las acciones israelíes han causado al menos 127
Internacional
Perú despliega militares en frontera con Chile ante crisis migratoria
La frontera se convierte en un polvorín mientras miles de migrantes quedan atrapados en un limbo, desatando una crisis sin precedentes.
Un Llamado a las Armas en la Frontera
En un giro que ha sacudido los cimientos de la diplomacia sudamericana, el presidente interino de Perú, José Jerí, ha lanzado un decreto que resonará en los anales de la historia. Con la convocatoria de un Consejo de Ministros extraordinario, no solo se declarará un estado de emergencia, sino que se desplegarán las Fuerzas Armadas en los confines territoriales, una jugada maestra en este tablero de ajedrez geopolítico teñido por una crisis de inseguridad sin parangón y una marea humana que busca desesperadamente un destino.
Desde las profundidades digitales de la red social X, el mandatario peruano lanzó un mensaje que fue un verdadero rugido de soberanía: “Nuestras fronteras se respetan“. Esta declaración, cargada de una determinación férrea, marca el inicio de una ofensiva sin precedentes para redoblar la vigilancia y contener la violencia desbordada que, según sus palabras, nace del abandono en los pasos fronterizos. La promesa de intensificar los controles de identidad por parte de la policía y los agentes de migraciones es solo el preludio de una tormenta que se avecina.
El Eco de la Tensión en el País Vecino
Mientras Perú afila sus espadas, al sur, la nación de Chile observa con el corazón en un puño. El ministro de Seguridad Pública, Luis Cordero, desde la majestuosidad de Santiago, ha pintado un cuadro desgarrador: una concentración de personas migrantes varadas, atrapadas en un limbo burocrático mientras intentan abandonar el país. Las cancillerías de ambas naciones se encuentran en un diálogo diplomático frenético, una carrera contra el reloj para evitar que la historia se repita y se desate una crisis humanitaria que recuerde a la tragedia de mayo de 2023.
La zona fronteriza, particularmente el complejo de Chacalluta, se ha transformado en un escenario de desesperación. Desde la noche del jueves, las calles han sido testigos de un drama humano donde cientos, sin los papeles necesarios, ven sus sueños hechos añicos. La tensión estalló en una protesta que llevó a la intervención de los temibles Carabineros de Chile, con control de orden público y la sombra de un desalojo inminente colgando sobre los manifestantes. Cordero ha jurado que sus equipos, una alianza de Policía de Investigaciones, Aduanas y control fronterizo, están listos para cualquier contingencia, preparados para defender la línea que divide a dos naciones hermanas.
La Sombra de las Elecciones y una Profecía de Expulsión
Este conflicto fronterizo se intensifica bajo la lúgubre sombra de la incertidumbre política en Chile. El país se prepara para la segunda vuelta de sus elecciones presidenciales, donde el ultraderechista José Antonio Kast, líder del Partido Republicano, se alza como un titán favorito. Con la promesa de una política de mano dura que resonó como un trueno, Kast ha jurado desatar una purga contra la inmigración irregular, anunciando la expulsión de todos los indocumentados.
En un vídeo que ha circulado como un presagio siniestro, el candidato lanzó una advertencia escalofriante: “A los inmigrantes irregulares en Chile les digo que quedan 103 días para que ustedes salgan voluntariamente de nuestra patria“. Este mensaje, un desafío directo al saliente presidente Gabriel Boric, ha añadido una capa de volatilidad extrema a una situación ya de por sí explosiva, convirtiendo el flujo migratorio en el eje central de una carrera electoral que definirá el destino de la región.
Las estadísticas del Censo 2024 son un testimonio mudo de esta transformación monumental: Chile, otrora un país con una población migrante del 0.8%, ahora ve cómo este grupo representa un abrumador 8.8%, con los venezolanos constituyendo un 41.6% de esta masa humana. Esta metamorfosis demográfica ha alimentado la narrativa de que la llegada masiva de extranjeros es el combustible que aviva las llamas de la delincuencia, una percepción que ahora dicta la política y tensa las fronteras hasta el punto de ruptura. En este drama de proporciones épicas, el propósito central de evitar el sufrimiento humano choca contra el muro implacable de la soberanía y el control, en una batalla donde no hay ganadores, solo el eco de la desesperación en los pasos fronterizos.
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