Internacional
Caracas hace cola bajo la sombra de una intervención extranjera
La ciudad despierta en un limbo de miedo y filas interminables, mientras la región contiene la respiración ante un giro histórico.
Un domingo de ciencia ficción (pero sin los efectos especiales)
Imaginen la escena: un domingo surrealista, como sacado de un guion de Netflix de bajo presupuesto, donde la incertidumbre no es un tema filosófico, sino la cola que toca hacer para comprar harina. Así amaneció Caracas, y el resto de Venezuela, más de un día después de que los marines estadounidenses decidieran jugar a “captura al presidente” y se llevaran a Nicolás Maduro como si fuera el premio mayor de una rifa geopolítica. La gente, comprensiblemente desorientada, cambió el plan de descanso dominical por la noble misión de hacer acopio. ¿De qué? De todo lo que cupiera en el carrito, porque cuando el vecino del norte hace una visita sorpresa, lo primero que piensa cualquier ciudadano sensato es: “Mejor lleno la despensa, por si acaso”.
Las largas filas frente a supermercados se convirtieron en la nueva postal de la ciudad, un tributo espontáneo al espíritu de previsión. Las persianas que el sábado estuvieron más herméticas que un secreto de estado, se alzaron para recibir a una clientela que, al parecer, confía más en el abastecimiento local que en la estabilidad diplomática. Y todo esto, como lo atestiguan las numerosas fotos que circularon en redes sociales, porque en pleno siglo XXI, si no hay evidencia en Instagram, ¿acaso sucedió realmente?
La “normalidad” es una fila con ansiedad
En algunas zonas, los residentes, demostrando un compromiso envidiable, empezaron a reunirse antes de las 9 de la mañana. Otros, con similar pragmatismo, peregrinaban a las estaciones de metro no para viajar, sino para recargar sus celulares. Una señal, como subrayó el diario El Nacional, de que partes de la ciudad estaban sin luz. Porque nada dice “avance tecnológico” como depender del subterráneo para tener batería. El testimonio de un anónimo residente de Chacao lo resumía con el cinismo del que ha visto esto antes: “Temo que habrá una explosión social y volveremos a como estábamos antes… Cuando era joven podía hacer fila, ahora no puedo más”. La vejez, amigo mío, te quita la paciencia para las colas, pero no el instinto de supervivencia que te manda a ellas.
Mientras, el transporte público funcionaba con una puntualidad sospechosa, y aerolíneas como Laser Airlines reanudaban sus vuelos internos. Un gesto que, supuestamente, debería calmar los ánimos. Pero claro, cuando la Liga Venezolana de Béisbol Profesional suspende indefinidamente las semifinales por “protección”, uno sabe que el ambiente está tan relajado como una reunión familiar en día de elecciones. Decisión precautoria, le llaman. Lo que precave, exactamente, es el misterio: ¿a los jugadores de un jonrón inoportuno? ¿A los aficionados de un grito político?
El espectáculo político continental: Todos tienen un opinómetro
El miedo a represalias silenció a muchos, lo cual es irónico, considerando el ruido ensordecedor que generó la captura en el resto de América Latina. El continente se dividió con la precisión de un tajo de machete. Por un lado, un club de naciones como Argentina, Chile o El Salvador saludando la operación como si fuera la llegada de la primavera democrática. Por el otro, un bloque con Brasil, México y Cuba a la cabeza, denunciando una injerencia estadounidense y el regreso de la doctrina Monroe con esteroides. En medio, Colombia, donde la derecha local no perdió tiempo en apoyar abiertamente a Donald Trump y en señalar a su propio presidente, Gustavo Petro, como “el próximo Maduro”. Porque en política, la solidaridad vecinal a menudo consiste en señalar con el dedo al de al lado para que no te toque a ti.
Pero la verdadera tragedia, como suele pasar, se cocina lejos de los discursos. En la frontera noreste de Colombia, en la región del Catatumbo, la tensión geopolítica se traduce en emergencia humanitaria. Allí, los enfrentamientos entre el ELN y disidencias de las FARC amenazan con intensificarse, con ataques a hospitales e iglesias que ya han obligado a cientos a huir. “La situación se agrava día a día”, advierte Carmen García, de la Asociación Madres del Catatumbo por la Paz. Una voz de cordura en medio de un caos que los titulares de las capitales a veces olvidan mencionar entre análisis geopolíticos.
Así, el continente observa a Caracas y Bogotá con la respiración contenida. Unos hacen cola para comprar comida, otros hacen cola para tomar posición ideológica, y en el Catatumbo, simplemente, corren para salvar la vida. La crisis venezolana, lejos de haber concluido, acaba de entrar en un capítulo aún más absurdo y dramático, donde la única certeza es que el guionista de esta temporada tiene un humor muy, muy oscuro.
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Internacional
Una operación militar en Venezuela deja decenas de muertos y tensión global
Una incursión nocturna desata una crisis hemisférica y deja un alto costo humano, mientras el mundo observa las consecuencias.
Una Noche que Estremeció al Mundo
En la oscuridad profunda de una noche caraqueña, el destino de una nación se decidió con el estruendo de explosiones y el zumbido de aviones de guerra. Al menos veinticuatro valientes oficiales de seguridad venezolanos cayeron, convertidos en mártires en un instante, durante una operación militar encubierta de proporciones épicas. Su misión, tan audaz como polémica, era capturar al mismísimo Nicolás Maduro y extraditarlo a suelo estadounidense para enfrentar acusaciones federales de narcoterrorismo. El gobierno venezolano, con el corazón destrozado, confirmó la noticia que sacudiría los cimientos de la geopolítica continental.
El fiscal general, Tarek William Saab, con voz grave cargada de indignación, declaró que “docenas” de almas, entre funcionarios y civiles, habían perecido en lo que calificó sin ambages como un “crimen de guerra“. La sombra de la tragedia se alargaba aún más con el anuncio previo del gobierno cubano: treinta y dos militares y policías de la isla, desplegados en Venezuela, también habían encontrado la muerte. La noticia sumió a Cuba en dos días de luto nacional, un duelo que resonó en todo el Caribe.
Un conmovedor video homenaje, publicado en la cuenta oficial del Ejército Bolivariano en Instagram, inmortalizó los rostros de los caídos. Sus imágenes, superpuestas sobre escenas en blanco y negro de soldados, aviones estadounidenses sobrevolando la capital y vehículos blindados reducidos a chatarra, eran un testimonio desgarrador. “Su sangre derramada no clama venganza, sino justicia y fortaleza“, rezaba la leyenda, un juramento de lealtad inquebrantable para rescatar a su presidente y defender la soberanía mancillada.
Un Presidente Capturado y un Mundo al Borde
Mientras el humo se disipaba sobre Caracas, en Washington, el presidente Donald Trump se erguía desafiante. Rechazaba con vehemencia las críticas de la oposición demócrata, recordando que su rival, Joe Biden, también había exigido el aprehensión del mandatario venezolano por los mismos cargos de tráfico de drogas. En un retiro de legisladores republicanos, Trump se quejó amargamente de la falta de reconocimiento por una misón militar exitosa que culminó con la destitución de Maduro, pese al consenso bipartidista que negaba su legitimidad.
La sombra de las acusaciones se remontaba a 2020, cuando un tribunal norteamericano imputó a Maduro por narcoterrorismo. La Casa Blanca reveló que la administración saliente de Biden había elevado la recompensa por su captura, una cifra que el gobierno de Trump duplicó posteriormente hasta los cincuenta millones de dólares. “En algún momento, deberían decir: ‘Hiciste un gran trabajo. Gracias'”, declaró Trump, en un tono entre la frustración y la triunfalismo.
Sin embargo, la ansiedad crecía en los pasillos del Capitolio. Tras una sesión informativa confidencial, líderes demócratas expresaron su preocupación por una nueva era de expansionismo estadounidense emprendida sin una visión clara. El presidente de la Cámara, Mike Johnson, intentó calmar los ánimos, asegurando que no habría despliegue masivo de tropas y que no se trataba de una operación de “cambio de régimen“.
La ciudadanía estadounidense, según una encuesta de The Washington Post, estaba profundamente dividida. Casi la mitad se oponía a que Estados Unidos tomara el control de Venezuela para instalar un nuevo gobierno, abogando abrumadoramente porque fuera el pueblo venezolano quien decidiera su propio destino.
Repercusiones en Cadena y un Hemisferio en Alerta
Maduro, ya en custodia, se declaró inocente ante un tribunal federal estadounidense. Mientras, en Caracas, su leal colaboradora Delcy Rodríguez juraba como presidenta interina, tratando de tomar las riendas de un país convulso. Pero las ondas expansivas de la operación no se detenían allí. El mundo observaba con nerviosismo cómo la administración Trump renovaba sus polémicos llamados a adquirir Groenlandia y lanzaba amenazas veladas contra Colombia, acusándola de facilitar el narcotráfico.
La respuesta internacional fue inmediata y firme. La ministra de Relaciones Exteriores de Colombia, Rosa Villavicencio, convocó al encargado de negocios de la embajada estadounidense para presentar una protesta formal. Simultáneamente, las principales potencias europeas, incluidas Francia, Alemania y el Reino Unido, se unieron a Dinamarca en una defensa unánime de la soberanía de Groenlandia, dejando claro que la isla autónoma, parte de la OTAN, no estaba en discusión. “Groenlandia pertenece a su gente”, rezaba el comunicado conjunto, una advertencia diplomática tan clara como el hielo ártico.
El tablero geopolítico del hemisferio occidental había sido sacudido hasta sus cimientos. Una incursión militar para capturar a un presidente había desatado una tormenta de consecuencias imprevisibles, dejando un reguero de dolor, un vacío de poder y una pregunta flotando en el aire: ¿había comenzado una nueva y peligrosa etapa de intervencionismo?
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Internacional
Venezuela navega el caos tras la espectacular captura de Maduro
El país caribeño navega un caótico cambio de poder mientras sus ciudadanos lidian con el miedo y la parálisis en las calles.
Un país entre la euforia silenciosa y el puro terror
Imaginen la escena: tras años de una crisis que parecía un bucle infinito, un operativo militar estadounidense saca al mandatario socialista Nicolás Maduro del poder como si fuera el final de una película de acción barata. ¿Resultado? Las calles de Caracas se convierten en un fascinante espectáculo de esquizofrenia colectiva. Por un lado, los leales al régimen chavista salen a repudiar la captura con la misma coreografía de siempre, porque algunos hábitos, aparentemente, son más difíciles de romper que la economía de un país. Por el otro, una multitud de ciudadanos que secretamente brindan con café aguado en sus casas, pero que en público adoptan la expresión de quien acaba de ver un fantasma. ¿Alegría? Para nada. Prefieren el anonimato, borrando el historial de sus teléfonos con la dedicación de un neurocirujano, porque en este reality show, la felicidad es el primer síntoma para una detención arbitraria. Como bien lo resume Tibisay Pérez, una ama de casa: “Esto no es vida”. Una verdad como un templo, Tibisay, pero ¿acaso lo era antes? La incertidumbre ahora solo tiene un nuevo decorado.
El relevo en el trono: misma corte, nueva reina (provisional)
Y en medio del vacío de poder, surge la figura de Delcy Rodríguez, exvicepresidenta y canciller, ahora presidenta encargada. Su ascenso fue tan fluido como previsible: la Asamblea Nacional, con su abrumadora mayoría oficialista, la juró en un abrir y cerrar de ojos. Porque, claro, cuando el jefe desaparece en un operativo extranjero, lo lógico es que su mano derecha ocupe el sillón. ¿Y cuál es su discurso? Una joya de la diplomacia bipolar. Por un lado, denuncia la “terrible agresión militar” de Estados Unidos y habla de fortaleza espiritual frente a las amenazas (una clásica). Por el otro, lanza mensajes conciliadores a la Casa Blanca esperando construir “relaciones respetuosas”. Uno casi puede ver el tira y afloja en su mente: ¿sigo la línea dura de mi exjefe o salvo los muebles? Mientras, Donald Trump amenaza desde Washington con hacerla “pagar un precio muy alto”, en lo que parece una negociación basada en el método del garrote. Todo muy civilizado.
Lo más divertido (si el humor negro es lo suyo) es que Washington afirma que va a “gobernar Venezuela”, pero sin tener, al parecer, el más mínimo plan para la gobernanza diaria. ¿La estrategia? Dejar que los mismos altos funcionarios de la era Maduro—como el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, y el poderoso Diosdado Cabello—sigan al mando. Cabello, de hecho, ya fue visto en una marcha prometiendo que la Revolución Bolivariana sigue viva y exigiendo la devolución de Maduro y su esposa. Vamos, un cambio radical hacia la… ¿continuidad? La ironía es tan densa que se podría cortar con un cuchillo.
Estado de conmoción: el manual del perfecto caos
Para hacer la situación más surrealista, Maduro, en un acto de premonición o paranoia extrema, había firmado meses antes un decreto de Estado de Conmoción Exterior. Esta joya legal faculta al gobierno a tomar medidas extraordinarias y ordena a los cuerpos de seguridad capturar a cualquiera que “apoye el ataque”. Y vaya si lo están aplicando. Las calles venezolanas ahora tienen un control militar y policial reforzado, donde cualquier ciudadano puede ser parado para un registro de identidad y una revisión de su teléfono. Los activistas de derechos humanos advierten, con una paciencia de santos, que defender la soberanía no debería implicar violar los derechos fundamentales. Una idea revolucionaria, sin duda.
Mientras, el fiscal general Tarek William Saab alega la inmunidad presidencial de Maduro ante un tribunal de Nueva York, en un esfuerzo legal que tiene tantas probabilidades de éxito como encontrar gasolina sin colas en Caracas. El oficialismo clama al derecho internacional que antes ignoraba con entusiasmo. La hipocresía, querido lector, es el verdadero deporte nacional en esta crisis.
Al final, el pueblo venezolano, ese experto en resiliencia y sufrimiento, está atrapado en un limbo. Entre los que marchan por inercia, los que celebran en silencio y los que simplemente temen por su día a día, la pregunta es la misma: ¿qué sigue? Un futuro incierto, gobernado por los mismos rostros con un nuevo patrón en la sombra, donde la única certeza es la inestabilidad. Un verdadero “antes y después” donde el “después” se parece demasiado al “antes”, pero con más tensión y mejores titulares.
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Internacional
Maduro y su esposa sufren lesiones durante intento de captura
Fuentes oficiales revelan detalles del momento de la captura, incluyendo la atención médica brindada por las fuerzas especiales.
Detalles de la Operación y el Incidente
Funcionarios de la administración del expresidente Donald Trump proporcionaron un informe detallado a miembros del Congreso, confirmando que el mandatario depuesto de Venezuela, Nicolás Maduro, y su cónyuge, Cilia Flores, resultaron con heridas craneales durante su intento de evasión. Este suceso ocurrió mientras unidades de operaciones especiales de Estados Unidos ejecutaban una misión para su aprehensión. La información, divulgada inicialmente por la cadena CNN y basada en fuentes con conocimiento directo del informe, arroja luz sobre los momentos críticos de la intervención.
Circunstancias del Intento de Evasión y la Respuesta Médica
Según el relato de las autoridades, la pareja presidencial intentó evitar la captura dentro de su propio complejo residencial. En su huida, Maduro y Flores buscaron refugio detrás de una robusta puerta de seguridad de acero. Sin embargo, el diseño del marco presentaba una altura reducida, lo que provocó que ambos se impactaran en la cabeza al intentar cruzar de manera precipitada. Este incidente subraya el caos y la improvisación del momento de la fuga.
Inmediatamente después, elementos de élite del Ejército estadounidense, específicamente operadores de la Fuerza Delta, lograron inmovilizarlos y asegurarlos. Contrario a lo que podría presumirse en una situación de alta tensión, el protocolo operativo incluyó la provisión de atención médica inicial. Los especialistas militares les administraron primeros auxilios de manera expedita, aún dentro del perímetro del complejo, antes de proceder con su traslado. Este aspecto destaca el cumplimiento de protocolos de tratamiento a detenidos, incluso en escenarios de alto riesgo y contra objetivos de máximo perfil.
El análisis de este evento trasciende el mero relato factual. Desde una perspectiva geoestratégica, la operación representa un punto de inflexión en la política exterior de Estados Unidos hacia el régimen venezolano, marcando una escalada sin precedentes de la presión directa. Los detalles técnicos de la ejecución—desde la inteligencia que permitió localizarlos hasta la logística de la incursión y el manejo posterior de los detenidos—revelan un nivel de planificación meticulosa. La lesión sufrida por los objetivos, aunque fortuita, introduce un factor de complejidad médica y legal en el proceso posterior a la captura. La divulgación de estos pormenores a los legisladores busca, presumiblemente, establecer un relato oficial transparente y contrarrestar posibles narrativas contradictorias, al tiempo que justifica las acciones tomadas bajo el marco de la legalidad internacional que la administración invocó para esta intervención. La mención específica a la atención médica no es un dato menor; es un elemento discursivo clave para enmarcar la operación dentro de parámetros de proporcionalidad y estándares de derechos humanos, incluso en una misión de tal magnitud.
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