Internacional
Canadá iguala exenciones arancelarias de Estados Unidos en el T-MEC
Una decisión crucial redefine el tablero comercial norteamericano, desatando reacciones encontradas y un futuro incierto para las economías.
Un giro dramático en el destino comercial de Norteamérica
En un movimiento que estremeció los cimientos de la economía continental, Canadá ha decidido desmantelar sus aranceles de represalia, igualando las exenciones concedidas por Estados Unidos para los productos amparados bajo el monumental acuerdo comercial que une a las tres naciones: el T-MEC. El primer ministro Mark Carney, con la solemnidad de quien anuncia un armisticio, reveló este viernes una decisión que promete redefinir el futuro de millones de intercambios comerciales.
Carney, con la voz cargada de una convicción férrea, proclamó que la nación canadiense incorporará la misma excepción que su vecino del sur ya aplicaba a los productos canadienses bajo el tratado de libre comercio de 2020. Este escudo protector defiende a la inmensa mayoría de las mercancías de la amenaza de los aranceles punitivos, en una jugada que muchos califican de audaz y otros de rendición.
“Canadá posee, en este preciso instante, el mejor acuerdo comercial con Estados Unidos. Y aunque su naturaleza es distinta a lo que conocíamos, su esencia sigue siendo superior a la de cualquier otra nación”, declaró Carney, tejiendo una narrativa de ventaja única en un panorama global cada vez más turbulento y proteccionista.
La llamada que lo cambió todo
El jueves, los hilos del destino se tensaron en una llamada telefónica que resonó entre Ottawa y Washington. Del otro lado de la línea, la voz del presidente estadounidense Donald Trump selló un entendimiento que parecía imposible. Horas después, Carney se encerró con su gabinete en una reunión de consecuencias históricas, previa al anuncio que haría temblar los mercados.
“Mantuvimos una conversación extraordinariamente positiva”, reveló Trump desde la sacrosanta Oficina Oval, con un tono inusitadamente conciliador. “Estamos construyendo algo grande. Deseamos ser extremadamente generosos con Canadá. Siento una profunda admiración por Carney. Estoy convencido de que es un hombre de excelente carácter”.
Sin embargo, en un giro clásico de su retórica, el mandatario no pudo evitar lanzar una daga al pasado: “Libro una batalla incansable por Estados Unidos, pues tanto Canadá como México se han apropiado de una porción colosal de nuestro negocio a lo largo de décadas”.
Carney, por su parte, desveló que Trump le insinuó que levantar estos aranceles no era un final, sino el primer paso para reiniciar unas negociaciones comerciales que prometen ser épicas. Con la revisión programada del T-MEC para 2026 en el horizonte, el primer ministro pintó el tratado como un baluarte irrepetible para Canadá en una era donde Estados Unidos cobra un peaje cada vez más alto por el acceso a su gigantesco mercado.
El compromiso estadounidense con el núcleo del T-MEC es tan sólido que garantiza que más del 85% del intercambio entre Canadá y Estados Unidos fluya libre de la sombra de los aranceles. Carney destacó, con precisión de estratega, que la tasa arancelaria promedio que aplica Estados Unidos a los productos canadienses se sitúa en un 5.6%, la cifra más baja entre todos sus socios comerciales, un dato que muchos consideran un rayo de esperanza.
Este nuevo escenario abre la puerta para que las empresas canadienses y mexicanas reclamen un trato preferencial bajo el paraguas del T-MEC, activando un mecanismo de defensa comercial sin precedentes.
La sombra de la guerra comercial y un futuro incierto
En este drama geoeconómico, Canadá y China emergen como los únicos protagonistas que osaron enfrentarse a Trump en su cruzada comercial global. La nación canadiense, en un acto de defiance, impuso en marzo aranceles del 25% sobre una interminable lista de productos estadounidenses: naranjas que perdieron su dulzura, alcohol que dejó de fluir, ropa, calzado, motocicletas y cosméticos se convirtieron en moneda de cambio en un tablero de ajedrez geopolítico.
El ex primer ministro Justin Trudeau inició esta batalla con sus aranceles de represalia, una respuesta directa a la ofensiva de Estados Unidos. No obstante, en un acto de última hora que dejó a todos boquiabiertos, la administración Trump eximió de repente los productos cubiertos por el tratado de libre comercio, desactivando la bomba de tiempo momentáneamente.
Hoy, la mayoría de las importaciones de Canadá y México aún encuentran refugio en el T-MEC. Pero la amenaza persiste. Howard Lutnick, secretario de Comercio de Estados Unidos, lanzó una advertencia que heló la sangre de muchos: “Creo, con toda certeza, que el presidente va a renegociar el T-MEC”. Una sentencia que pende como una espada de Damocles sobre la economía continental.
Preservar este tratado de libre comercio no es una opción; es una cuestión de supervivencia económica para Canadá y México. Más del 75% de las exportaciones canadienses tienen un solo destino: Estados Unidos. Para México, la dependencia es aún más crítica, con más del 80% de sus envíos cruzando hacia el norte. La ruptura sería una catástrofe de proporciones incalculables.
Sin embargo, la paz es frágil. Trump ha desplegado aranceles específicos, los temibles aranceles 232, que atraviesan el escudo del T-MEC y golpean sectores vitales como el acero y el aluminio con impuestos del 50%, una saña que está teniendo un impacto devastador en la economía canadiense.
“Canadá y Estados Unidos han restaurado el libre comercio para la abrumadora mayoría de nuestros productos“, afirmó Carney, tratando de calmar las aguas. “Pero Canadá mantendrá, con firmeza inquebrantable, nuestros aranceles sobre el acero, el aluminio y los automóviles mientras libramos una batalla intensa para resolver estos conflictos”.
En un movimiento previo que anticipó este desenlace, Carney rescindió el plan de gravar a las poderosas empresas tecnológicas estadounidenses luego de que Trump, en un arranque de furia, anunciara la suspensión de las conversaciones comerciales, tachando el plan canadiense de “ataque directo y flagrante a nuestro país”.
El primer ministro negó con vehemencia cualquier acusación de que Canadá se está sometiendo a Trump, arguyendo que simplemente están igualando la jugada de su contraparte. “El presidente y yo sostuvimos una conversación extensa y profunda”, confesó Carney. “Se avecina una revisión del acuerdo de libre comercio en primavera. Y nosotros, desde ya, hemos comenzado nuestros preparativos para la que será la negociación de nuestras vidas”.
Pero no todos ven esta estrategia con buenos ojos. Lana Payne, presidenta de Unifor, el sindicato más grande del sector privado canadiense, tachó el anuncio de Carney de retirada humillante. Para ella, la nación no debería retroceder ni un milímetro hasta que Estados Unidos elimine hasta el último de sus aranceles punitivos.
“Los ataques despiadados de Trump a nuestros sectores automotriz, del acero, aluminio y forestal están destrozando la vida de los trabajadores canadienses aquí y ahora”, clamó en las redes sociales, convirtiendo su indignación en un grito de guerra digital. “Retirar nuestros contraaranceles no es una rama de olivo; es una rendición que sólo invita a más agresión desde Estados Unidos”.
El telón ha caído sobre este acto, pero la obra está lejos de terminar. El futuro económico de Norteamérica pende de un hilo, tejido con acuerdos, amenazas y la promesa de una negociación que definirá el destino de generaciones.
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Internacional
La UE prioriza el gasto militar en su paquete de ayuda a Ucrania
La UE destina 60.000 millones de euros a defensa ucraniana, condicionando el apoyo a reformas democráticas y lucha anticorrupción.
La UE prioriza el gasto militar en su paquete de ayuda a Ucrania
Bruselas ha desvelado los detalles de un plan financiero masivo para sostener a Ucrania durante los próximos años. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, confirmó este miércoles que la mayor parte de un nuevo programa de préstamos por valor de 90.000 millones de euros se destinará directamente a necesidades militares y defensivas.
El desglose es claro: 60.000 millones de euros (unos 70.000 millones de dólares) irán a apoyo militar, mientras que los 30.000 millones restantes se dedicarán a ayuda presupuestaria para estabilizar la economía ucraniana. Esto no es casualidad.
“Todos queremos la paz para Ucrania, y para eso Ucrania debe estar en una posición de fuerza”, declaró Von der Leyen al explicar la lógica detrás del gasto.
La estrategia europea se basa en una premisa simple pero costosa: la paz negociada solo llega desde una posición de fortaleza. Y construir esa fortaleza requiere armamento, equipamiento y una base industrial defensiva integrada con Europa.
Un paquete condicionado por reformas y contexto financiero
Pero el dinero no llega sin condiciones. Von der Leyen fue tajante:
“Estas condiciones no son negociables para ningún apoyo financiero”.
Ucrania debe emprender reformas democráticas profundas, con especial énfasis en el estado de derecho y la lucha contra la corrupción. Este punto es especialmente delicado dado el historial del país y las recientes tensiones internas, incluida la dimisión del jefe de gabinete presidencial Andrii Yermak tras una investigación anticorrupción.
El contexto financiero es apremiante. El Fondo Monetario Internacional estima que Ucrania necesitará unos 137.000 millones de euros entre 2026 y 2027. El paquete europeo cubre gran parte, pero no todo. La UE espera que otros aliados como Reino Unido, Canadá, Japón y Noruega ayuden a cerrar esa brecha, mientras el FMI prepara su propio préstamo multimillonario para el próximo mes.
El calendario es ajustado. La Comisión quiere que los fondos empiecen a fluir en abril, pero antes necesita el visto bueno de los países miembros y del Parlamento Europeo. Una vez aprobado, el dinero militar se usará principalmente para comprar equipos dentro del área económica europea (UE y países como Noruega), aunque se dejará una puerta abierta a adquisiciones fuera si resultan más efectivas.
Hay otro mecanismo interesante: en algunos casos, parte del dinero podría canalizarse a través de un esquema de la OTAN para que aliados europeos y Canadá compren armamento estadounidense y lo donen directamente a Kiev. Es un guiño a la interoperabilidad transatlántica.
La conclusión es clara: Europa está haciendo una apuesta estratégica a largo plazo. No se trata solo de mantener a Ucrania a flote económicamente, sino de fortalecer su capacidad defensiva mientras la ancla institucionalmente al bloque mediante reformas y una integración más profunda en su base industrial militar.
El mensaje subyacente para Moscú es tan económico como político: la UE está dispuesta a sostener este esfuerzo durante años, vinculando la reconstrucción futura al pago de reparaciones por parte de Rusia una vez finalice el conflicto.
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Internacional
Trump ordena a somalíes con TPS abandonar EE.UU. en marzo
La administración Trump cancela la protección a cientos de somalíes, en una medida que intensifica su agenda de deportación y genera protestas.
¡Temporal significa temporal! (Excepto cuando no)
Ah, la poesía burocrática. “La temporalidad significa temporalidad”, declaró con la solemnidad de un oráculo la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem. Qué frase tan profunda, tan filosófica. Casi tan profunda como el compromiso de esta administración con la coherencia. Porque, claro, cuando se trata de poner “a los estadounidenses primero”, ¿qué mejor manera que darle un ultimátum a 705 personas en un país de 330 millones? Una verdadera operación de seguridad nacional.
El gobierno del presidente Donald Trump anunció que pondrá fin al Estatus de Protección Temporal (TPS) para inmigrantes de Somalia. Sí, otra joya más en la corona de su agenda de deportación masiva. Porque nada dice “América First” como desestabilizar las vidas de cientos de personas que son, atención al dato, un “pequeño subconjunto” entre casi 1.3 millones de inmigrantes con TPS. Prioridades, ¿verdad?
Los somalíes afectados deben abandonar Estados Unidos antes del 17 de marzo, cuando expiren las protecciones existentes, extendidas por última vez por el expresidente Joe Biden.
Marzo. Una fecha límite perfecta. No muy lejana para causar pánico inmediato, pero lo suficientemente próxima para que planificar tu vida o tu huida sea un deporte extremo. Y todo esto ocurre mientras Minneapolis —hogar de una gran comunidad somalí— hierve por el asesinato de una manifestante a manos de un agente del ICE. Pura casualidad, sin duda.
La “mejoría” somalí y otras ficciones legales
El Departamento de Seguridad Nacional justifica la medida con un argumento que haría sonrojar a un novelista barato: las circunstancias en Somalia “han mejorado hasta el punto” de que ya no cumple los requisitos para el TPS. Me pregunto qué métricas usan para medir esa “mejoría”. ¿Menos balas por metro cuadrado? ¿Sequías ligeramente más cortas? Porque el pequeño detalle es que Somalia sigue siendo una de las naciones más pobres del mundo, asediada por décadas de conflicto crónico y desastres naturales.
Pero no me crean a mí. Crean al propio informe del Congreso de 2025, que señala que los somalíes habían recibido más de dos docenas de extensiones debido a la perpetua “inseguridad y el conflicto armado en curso que presentan serias amenazas para la seguridad”. ¿Serias amenazas? Bah, minucias. Probablemente solo sean exageraciones de quienes no entienden que “temporal” es un concepto flexible… hasta que a alguien se le antoja que ya no lo es.
Y aquí entra el toque personal del expresidente. Trump ha dirigido una retórica particularmente creativa contra los inmigrantes somalíes. Los ha acusado de defraudar programas federales y, en diciembre, soltó esta perla:
Dijo que no quería somalíes en Estados Unidos, afirmando que “vienen del infierno” y “no contribuyen en nada”.
Vienen del infierno. Una descripción geopolítica impecable. Sin distinciones entre ciudadanos y no ciudadanos, porque ¿para qué complicarse con detalles legales cuando tienes un buen eslogan?
La obsesión personal convertida en política pública
El capricho no termina ahí. Trump ha tenido palabras especialmente cariñosas para la representante Ilhan Omar, demócrata de Minnesota que emigró de Somalia siendo niña y es, oh sorpresa, ciudadana estadounidense. El mandatario ha sugerido repetidamente su deportación (genial idea, deportar a una congresista electa) y en un arrebato otoñal la llamó “basura”. Clase y elegancia desde la Oficina Oval.
Omar, quien ha criticado abiertamente el despliegue del ICE en Minneapolis, ha calificado esta fijación como “espeluznante e malsana”. Y uno piensa: ¿será que toda esta movida contra el TPS somalí es política pública meticulosa o simplemente el rencor personal escalado a nivel federal? Nunca lo sabremos… aunque las pistas apuntan fuerte a lo segundo.
El Congreso estableció el programa TPS en 1990 para ayudar a personas huyendo de condiciones inestables y amenazantes. Somalia recibió la designación en 1991 bajo George H.W. Bush debido a una guerra civil. Se ha extendido durante décadas porque —sorpresa— las condiciones inestables y amenazantes persistían. Hasta ahora, aparentemente.
Así que ahí están: cientos de personas atrapadas entre la retórica incendiaria de un expresidente obsesionado, una secretaria que repite eslóganes como mantras y un país de origen al que, según los papeles oficiales, ya no le pasa nada suficientemente malo como para merecer compasión.
Todo muy temporal. Todo muy absurdo.
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Internacional
Protestas y demanda judicial contra redadas de ICE en Minnesota
Estudiantes y activistas enfrentan redadas migratorias en Minneapolis, mientras autoridades estatales presentan demandas para detener las operaciones federales.
Tensión en Minneapolis por despliegue masivo de agentes migratorios
Las calles de Minneapolis se llenaron de tensión y gas lacrimógeno este martes. Agentes federales lanzaron gases y rociaron irritante contra activistas que protestaban cerca del lugar donde Renee Good fue fatalmente baleada la semana pasada por un agente de inmigración. Escenas caóticas se vivieron mientras un hombre se frotaba los ojos con nieve, gritando pidiendo ayuda, y agentes en un Jeep sin identificación rociaban el irritante naranja antes de alejarse.
“¿Quién no tiene silbato?”, gritó un hombre con una bolsa de ellos.
La protesta no fue aislada. En Brooklyn Park, estudiantes abandonaron sus aulas en solidaridad con el movimiento contra las operaciones migratorias, siguiendo el ejemplo de alumnos en otras partes del país. Este despliegue ocurre mientras Minnesota se convierte en el epicentro de lo que ICE describe como su mayor operación hasta la fecha, con más de 2,000 agentes enviados al estado.
La batalla legal se intensifica
Minnesota no se queda de brazos cruzados. El estado, junto con las ciudades de Minneapolis y St. Paul, presentaron una demanda contra el gobierno federal el lunes, buscando detener o limitar lo que califican como una “invasión federal” a las Ciudades Gemelas.
“Esto es, en esencia, una invasión federal de las Ciudades Gemelas en Minnesota, y debe detenerse”, afirmó el fiscal general del estado, Keith Ellison.
La demanda argumenta que el Departamento de Seguridad Nacional está violando protecciones constitucionales al enfocarse específicamente en un estado progresista que favorece a los demócratres. El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, fue contundente al describir el impacto:
“Lo que estamos viendo son miles —en plural— miles de agentes federales entrando en nuestra ciudad. Y, sí, están teniendo un impacto tremendo en la vida cotidiana”.
Mientras tanto, Brita Anderson, quien vive cerca y acudió a apoyar a amigos del vecindario, expresó su indignación al ver a agentes con equipo táctico completo:
“Sentí que la única razón por la que vendrían aquí es para acosar a la gente”, señaló Anderson.
Respuestas políticas y movilización nacional
La muerte de Renee Good —una madre de tres hijos de 37 años— ha desatado decenas de protestas y vigilias por todo Estados Unidos. Su caso simboliza la creciente tensión entre comunidades locales y las políticas migratorias federales.
El Departamento de Seguridad Nacional reporta más de 2,000 arrestos en Minnesota desde principios de diciembre y promete no retroceder. Tricia McLaughlin, portavoz del departamento, respondió a la demanda acusando a las autoridades estatales:
“El trabajo del presidente Trump es proteger al pueblo estadounidense y hacer cumplir la ley, sin importar quién sea su alcalde, gobernador o fiscal general del estado”.
Pero las críticas continúan. El gobierno federal defiende al agente que disparó contra Good argumentando defensa propia —una versión cuestionada por Frey, el gobernador Tim Walz y otros basándose en videos de la confrontación.
La reacción política se extiende más allá de Minnesota. En Massachusetts, dos legisladores demócratas anunciaron un proyecto de ley para facilitar demandas contra agentes federales acusados de violar derechos civiles —aunque tiene pocas probabilidades en un Congreso controlado por republicanos. En Wisconsin, la vicegobernadora Sara Rodríguez propuso prohibir operativos migratorios cerca de escuelas, hospitales e iglesias.
Lo que viene: Un tribunal federal deberá decidir si suspende las operaciones mientras continúan las protestas. La comunidad observa si la presión legal y social puede cambiar el curso de lo que muchos residentes ven como una presencia militarizada desproporcionada en sus barrios.
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