Adiós al “Príncipe de la Oscuridad”: Ozzy se va, pero el caos sigue
Parece que hasta el corazón más indestructible tiene fecha de caducidad. Ozzy Osbourne, el mismo que mordió cabezas de murciélagos y sobrevivió a décadas de excesos (incluyendo una gira patrocinada por el demonio, según sus fans), finalmente sucumbió a un paro cardíaco. Sí, lo que no lograron las drogas, el alcohol o ese murciélago maldecido, lo consiguió un infarto a los 76 años. Ironías de la vida, ¿no?
El certificado de defunción: cuando la realidad supera al mito
Según el documento obtenido por The New York Times (porque, claro, hasta la muerte de Ozzy es material de portada), el líder de Black Sabbath no solo tenía el corazón hecho trizas por la enfermedad arterial coronaria, sino que también lidiaba con el Parkinson y su disfunción autonómica. Vamos, que su cuerpo era como una de esas guitarras destrozadas en sus conciertos: gloriosamente averiado.
Pero tranquilos, porque su familia aclaró que el “Príncipe de la Oscuridad” partió “rodeado de amor” el 22 de julio. Aunque, siendo honestos, nos lo imaginamos más bien rodeado de velas negras y un coro de cuervos cantando Iron Man.
Y hablando de mitos, su hija Kelly Osbourne tuvo que salir al quite para desmentir los rumores más absurdos generados por inteligencia artificial (porque hasta la IA quiere su trozo del pastel macabro). ¿Un pacto suicida entre Sharon y Ozzy? Por favor, eso suena más a guion descartado de The Osbournes que a realidad.
El legado de un caos bien afinado
Ozzy no era un músico, era un fenómeno cultural. Desde sus días en Black Sabbath (donde inventó el heavy metal casi por accidente) hasta su reality show que nos hizo preguntarnos “¿cómo sigue vivo?”, el hombre era una mezcla de Frankenstein y estrella de rock. Y aunque su voz ya no era la de los 70, su capacidad para escandalizar seguía intacta. ¿Ejemplo? En 2022, poco antes de retirarse de los escenarios, declaró: “Si me muero en el escenario, devolvedme el dinero”. Típico de él.
Ahora, mientras los fans inundan las redes con memes de Ozzy headbanging en el cielo (o en el infierno, según prefieran), una cosa es clara: el heavy metal perdió a su alma rebelde, pero su música seguirá sonando cada vez que alguien necesite prenderle fuego a la monotonía.
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